Martes 17 de Setiembre, 2019

Ni el agua los corrió

22 de abril, 2019

Delia E. Villalobos Álvarez

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La fe mueve montañas y esto fue evidente el vienes santo cuando el sol se ocultó y la noche tendió su manto para acompañar la procesión del Santo Entierro, por las principales calles de la ciudad de la flores, la bella Heredia.

Lea: ¡Los invito a bailar!

La gente cada vez en mayor número, se ubicaba en las aceras que servían de asiento y de anfiteatro para tener la mejor localidad para testificar cuanto ocurriera tras el paso del sepulcro de Jesús.

El cielo tomaba un color más oscuro y de repente, la lluvia que apenas se sentía comenzó a caer y las calles se llenaron de sombrillas, pero nadie se movió.

Todos tenían el claro próposito de estar ahí, en el sitio que desde muy temprano encontraron y donde decidieron esperar.

Los minutos pasaron y se asomaron algunas luces, se escucharon fragores de matracas, música alusiva al acontecimiento e imágenes que se avizoraban mucho más atrás.

La gente trataba de ubicarse mejor, pues las sombrillas y paraguas abrían más espacios, de repente,  los goterones anunciaban que la lluvia recrudecía, al punto que los abrigos y las sombrillas no cubrían lo sufiente, pero nadie se movió, todos estaban dispuestos a esperar que ese ser misericordioso que dio la vida por todos pasara para commovernos hasta el alma.

Empezó el paso de los personajes que caracterizan esta nostalgia católica: las palabras, las marías, las mujeres bíblicas, los apostoles, los hombres que conducen el Santo Sepulcro y las imágenes que nadie reemplaza: la Virgen de los Dolores, San Juan su inseparable acompañante y Jesús yacente en el Sepulcro.

La lluvia persistió y hasta arreció, pero la procesión cumplió su recorrido y demostró que la fe mueve montañas, que todavía muchos están interesados en el camino de la espiritualidad para llenarse de esperanza ante tantos retos que la vida moderna pone al paso que intentan dar, para tener un norte, para sentir que ocupan un lugar en el universo, para profesar que la vida tiene significado, para experimentar la protección de Dios.

El Papa Francisco nos invitó  a “volver a un amor vivo con el Señor, de lo contrario se tiene una fe de museo, no la fe de pascua. Pero Jesús no es un personaje del pasado, es una persona que vive hoy; no se le conoce en los libros de historia, se le encuentra en la vida”.

Son muchos los cambios, las amenazas, las dificultades, las tentaciones a seguir las huellas de pérfidos dioses como la deshumanización, el dinero, la moda, la negligencia hacia las personas con discapacidad, los niños, las personas adultas mayores, el atropello a los derechos, el olvido de acompañar a tantos que se consumen en la angustia, la pobreza, la soledad, el sufrimiento.

Pero como planteó el Papa Francisco “pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión. Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijamonos a a la Pascua de Jesús; hagamonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas, que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes materiales y espirituales. Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación”.

La fe mueve montañas y podemos cambiar, para vivir más y vivir mejor.

 

 

 

 


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