Sábado 24 de Agosto, 2019

Bisquerra tiene razón

29 de abril, 2019

Delia E. Villalobos Álvarez

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No me canso de leer lo que escriben Bisquerra, Ballestero, Punset y tantos autores que no cesan de llamar la atención, sobre el papel trascendente que tienen las competencias emocionales en la salud, el bienestar y la calidad de vida de las personas y, más aún, para que las personas adultas mayores vivan plenamente el envejecimiento activo.

Lea: Ni el agua los corrió

Los especialistas coinciden en los cambios que se presentan en el curso de vida y que describen el proceso de envejecimiento, pero anotan que algunos son fácilmente reconocibles mientras que otros como los que ocurren en la dimensión emocional son difíciles de advertir.

Carstensen, Pasupathi, Mayr y Nesseroade afirman que las personas adultas mayores “presentan similares niveles de felicidad y puntajes significativamente superiores con respecto a los adultos jóvenes en lo referido al bienestar psicológico, específicamente en …aceptar y controlar los eventos de la vida, tener comportamientos autónomos y mantener vínculos satisfactorios”.

Lo interesante de esto es que da paso a la “paradoja del bienestar en la vejez” de Mroczek y Kolarz que explica que las personas adultas mayores evidencian “mayores indicadores sociales negativos, en términos generales, pero expresan sentir bienestar y felicidad”.

Estos autores comprobaron que con los años la condición emocional se estabiliza mientras la ansiedad disminuye.

López, Fernández y González describen que la educación del afecto como dibuja Bisquerra lo referido a emociones, afecto, estado de ánimo y otros, empieza a colocarse en lugares de primacía, no solo porque surgen más investigaciones, también debido a que se coloca como tema constante de discusión y capacitación en diversos grupos sociales.

Se ha comprendido el papel trascendente que la educación del afecto tiene en las personas para aceptarse, quererse, valorarse, ver con optimismo la vida, comprender y controlar cómo actuamos y expresamos lo que sentimos; pero, además, para lograr la convivencia sana y realizadora con personas que nos rodean.

Encontramos en las emociones y lo que se desprende de ellas oportunidades maravillosas para adaptarnos al proceso de envejecimiento y tanto que ocurre en este proceso sofisticado.

Cuando menos nos percatamos experimentamos fallas, déficits que llaman la atención para que retomemos y reconozcamos que la inteligencia emocional, las competencias emocionales y la educación del afecto se llevan todos los días a donde quiera que vamos.

Los especialistas reconocen que, para muchas personas, especialmente si son adultas mayores, reconocer las emociones no es tarea sencilla, sin embargo, emociones como la ira, que causa daños a la salud, disminuye.

Varios estudios proponen elaborar más programas sobre educación del afecto con personas adultas mayores, para promover más optimismo y encanto por la vida, pero de manera determinante para generar beneficios en la salud física, mental y emocional.

Para concretarlo será necesario enfatizar la identificación de las emociones que experimentan con frecuencia, no sólo aquellas que producen malestares, agravan enfermedades y roban bienestar, sino más bien de aquellas que hechizan al bienestar y constituyen bálsamo para aliviar, sanar, disfrutar.

De igual manera será necesario que las personas adultas mayores descubran tantos recursos que llevan en su propia maleta, otros que esperan en la naturaleza, en las oportunidades que instituciones, organizaciones, centros y programas desarrollan para que aprendan y descubran que tienen a la mano medicinas para cambiar de ánimo, para generar emociones que sanan, alivian y alegran.

Vásquez Resino en uno de los artículos más completos que he leído sobre este valioso tema advierte que “La Inteligencia Emocional (I.E) constituye una de las fortalezas clasificadas por Seligman y Peterson en el Character Strenghts and Virtues; sin embargo, analizando en profundidad el concepto de Inteligencia Emocional desarrollado por dichos autores, encontramos que dentro de este concepto global (establecido por Mayer y Salovey en 1990 inicialmente y difundido por Daniel Goleman en 1995 en su libro con el mismo nombre) se trabajan algunas otras fortalezas importantes como son la creatividad, la resiliencia, la apertura a la experiencia, el agradecimiento o las relaciones sociales, entre otras…”.

Muchos son los beneficios que esta autora relaciona para las personas adultas mayores que desarrollan inteligencia emocional, pero cito el de la Universidad de Yeshiva que en su opinión comprobó que las personas que alcanzan larga vida son positivas y expresan sus emociones de manera frecuente.

Bisquerra tiene razón, solo falta que escuchemos y pongamos en práctica lo que aconseja para que usted y yo podamos vivir más y vivir mejor.



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