Miércoles 21 de Agosto, 2019

A tener proyecto de vida

03 de junio, 2019

Delia Villalobos

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Mucho se ha escrito sobre la importancia de transitar los años cargados de experiencia con realización, felicidad e ilusiones.

Los japoneses lo describen como Ikigai: vida y lo que tiene valor,  responsable de la longevidad de las personas adultas mayores en ese sorprendente país. Otros lo definen como el encanto por la vida, esa magia que nos engancha en cada amanecer y llena de energía para descubrir lo maravilloso.

Algunos estudiosos del envejecimiento y la persona adulta mayor se refieren al proyecto de vida, esa opción que muchos edifican para concretar metas, sueños, deseos postergados que inyectan motivación y esperanza en el sendero encomendado.

Son muchas maneras de describir que el envejecimiento se construye, requiere adaptación a los cambios que propone y más aún,  que vale la pena disfrutar al máximo la increíble experiencia que deparan los años.

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Lo importante es que el camino se llene de emociones saludables, de optimismo, de ganas de aprender, descubrir, sorprenderse con las oportunidades que sin buscar tocan a la cotidianeidad para transformarla, para sentir que los años lejos de robar ilusiones, proponen cambios, ideas, saberes, bullicio y mucho más.

Es cuestión de experimentar, de pasearse por lo que nos gusta, de recoger lo que llene de interes, animación y alegría.

Para muestra el estudio de Pascual-Leone, neurocientífico de Harvard que al referirse a la salud cerebral afirmó que «El cerebro necesita tener un propósito de vida definido». Al tiempo que señaló que el reto de la educación será fomentar, educar y mantener la salud cerebral para que este órgano logre funcionar durante el curso de vida.

Lo impresionante es que el cerebro sano es diferente en cada edad y resulta fundamental comprender que este sorprendente órgano está vigoroso cuando funciona en concordancia con la edad de la persona.

Pero lo sorprendente de esta investigación es que su autor destacó que “tener un propósito de vida definido aunque lo cambies, es requerido por el cerebro. Y eso da igual que lo digas con neurociencias que con poesía”.

Los estudiosos del envejecimiento activo han señalado la necesidad de tener proyecto de vida y de esta manera esperar cada mañana con alegría: el sol, la familia, los saludos, el cariño, las risas, las conversadas, los consejos, el apoyo, las metas que se quieren conseguir y tanto como cada persona lo dibuje y quiera atrapar.

El proyecto de vida permite adaptarse con más facilidad a los cambios del proceso de envejecimiento, a los retos que hacen fila para fastidiarnos, a la angustia, la soledad, la depresión y mucho más.

Cuidar la salud del cerebro debe llamar la atención de todos, no hay recetas para lograrlo afirma el citado autor, pero aporta una serie de recomendaciones que se pueden adaptar y modificar según la condición de cada persona.

Comer saludablemente, poner el cuerpo en movimiento, dormir lo suficiente, practicar ejercicios que estimulen las funciones cognitivas según el nivel y las características de cada quien y disfrutar de mucha participación social.

El proyecto de vida destierra los odiosos estereotipos que se han impuesto por generaciones al proceso de envejecimiento y a la persona adulta mayor, permite apropiarse de la posisción que la sociedad trata de usurpar a quienes sobrepasan los 60 años, mostrar que esta generación de personas adultas mayores es diferente , más preparada, con decisiones propias, con intereses y gustos que lo hacen envejecer de manera particular, con un camino escogido.

Con un proyecto de vida para vivir más y vivir mejor.
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*Catedrática jubilada UNA

 



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