Martes 12 de Noviembre, 2019

Apuntes sobre el texto “Siglo XXI: crisis de una civilización"

"¿fin de la historia o el comienzo de una nueva historia?”

20 de junio, 2019

Sergio Araya Alvarado

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El presente documento consigna las reflexiones elaboradas por el autor, a partir de la lectura crítica y rigurosa del libro “Siglo XXI: Crisis de una civilización ¿fin de la historia o el comienzo de una nueva historia” escrito por Wim Dierckxsens, Antonio Jarquín y Paulo Campanario y editado en español por Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI), en el año 2010.

La estructura del análisis contempla dos niveles: uno más general que recoge observaciones y valoraciones extraídas de la lectura integral del texto y que responden a aspectos detectados a lo largo del mismo y que pueden considerarse como elementos ligados a su hilo conductor o lógica subyacente.

El otro nivel más específico apunta a valoraciones del autor sobre temas o contenidos específicos que, por su naturaleza o enfoque, llaman especial atención y merecen reflexiones más puntuales. En algunos casos contribuyen a reforzar, con datos fácticos, los argumentos vertidos en las reflexiones del nivel más general.

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Para efectos de mayor comprensión metodológica del ejercicio analítico efectuado, se presentan las reflexiones de la siguiente manera: primero se plantean las de carácter general. Posteriormente se exponen las del ámbito más específico.

I NIVEL DE REFLEXIÓN: OBSERVACIONES GENERALES AL TEXTO

El texto objeto del presente análisis es un compendio de ensayos elaborados por distintos autores, pero presentados en forma de libro único, dividido en capítulos. El hilo vertebrador o eje articulador de toda la obra, o lo que es lo mismo, aquello que le da sentido de unidad conceptual y metodológica, es el enfoque ideológico que anima el análisis general sobre el tema que ocupa su atención. A saber: la naturaleza, orígenes y posibles efectos de lo que el libro denomina: “la crisis actual”.

A lo largo de sus páginas, el texto apunta a caracterizar, desde la perspectiva metodológica de la dialéctica marxista, los principales componentes, rasgos y relaciones causa-efecto de la llamada Crisis actual y que refiere al problema económico de alcance global, que tuvo su máxima expresión, tanto real como mediática, durante el año 2008 con el estallido de la burbuja inmobiliaria en los Estados Unidos de América y la quiebra de importantes agentes financieros de dicho país.

Partiendo de una primera etapa descriptiva de los hechos que provocaron esa Crisis, los autores del texto procuran analizar, a la luz de su enfoque ideológico específico, las causas que le dieron origen, tanto las causas estructurales, es decir vinculadas a las contradicciones propias del sistema de acumulación capitalista y que están presentes en la esencia misma de la lógica configuradora del sistema económico y que han sido siempre objeto de crítica por parte de las corrientes de pensamiento de inspiración marxista, como las causas estrictamente coyunturales, esto es, las causas inmediatas y que son percibidas y detectadas, aunque no interpretadas igual, desde todos los abordajes analíticos que se hicieren.

Estructuralmente ligan el origen del problema a la dinámica seguida por el sistema de acumulación de capital, durante el último siglo, especialmente a partir de la II mitad del mismo, y que se caracterizó por privilegiar lo que los autores llaman: la producción del capital ficticio, que, en forma resumida, se puede definir como el ámbito de acción de los sectores financieros de la economía capitalista actual.

Posicionar como causa estructural de la crisis, el tema del capital ficticio no es gratuito en la lógica analítica empleada por los autores. Es fundamental en su línea argumentativa, por cuanto en el desarrollo y consolidación del capital ficticio, producto de la orientación seguida por la lógica de producción y acumulación capitalista, los autores detectan la inevitabilidad esperada de la destrucción del sistema capitalista en su totalidad. La extinción definitiva del capitalismo, anunciado desde las primeras tesis de Engels y Marx y que, a finales de la década de los ochenta del siglo XX, con el derrumbamiento del sistema socialista real parecía nunca llegaría a ocurrir, adquiere, a la luz de los autores, con la actual Crisis, renovada vitalidad y vigencia. Es por así decirlo, la recuperación de ese tan deseado desenlace del sistema enajenante y “cosificante” que ha mantenido a la humanidad en una lucha contra sí misma y contra el ambiente, desde que se consolidó allá por el lejano siglo XVIII.

Los capítulos II y III profundizan la tesis central antes citada. En sus páginas el lector encontrará los argumentos esgrimidos por los autores, para justificar el ligamen entre la supremacía del capital ficticio y su repercusión en el inevitable destino final del sistema capitalista, planteada por los autores, tanto como tesis del texto, tanto como aspiración subjetiva y casi necesidad existencial que devuelva valor a su quehacer intelectual y político.

La descripción del devenir histórico seguido por el capitalismo, de la preeminencia de sus contradicciones y los efectos que estas han producido en el entorno real del planeta, son de recibo y bastante bien fundamentadas. Es evidente que la lógica de acumulación seguida a lo largo de casi tres siglos, ha depredado los ecosistemas; ha fracturado las identidades culturales y sociales de los colectivos; ha desvinculado a los seres humanos de su auténtico sentido humano y ha agudizado problemas sociales, económicos, ambientales, políticos y culturales que amenazan hoy, no solo al modelo de civilización, como lo concluyen los autores del texto, sino a la sobrevivencia misma del Planeta y todo lo que dentro de él existe.

Empero, pese a lo preciso y sólido de muchos de sus argumentos, estima el que esto suscribe, que se sobredimensiona en forma maniquea, el papel, significado y peso de un actor específico del sistema capitalista, en la dinámica seguida por la Crisis objeto de su análisis.

Quizá motivado en el basamento doctrinario y metodológico empleado, que de entrada tiende a poner siempre en términos dialécticos los fenómenos estudiados y que además asigna un valor positivo a uno de los opuestos, es que se estima que el capital ficticio es el principal adversario a vencer y que aquellos actores sociales y agentes económicos que se aglutinan bajo su alero, en forma deliberada y tendenciosa, han unido esfuerzos desde siempre, para controlar los hilos del poder en todas sus manifestaciones (político, económico, simbólico-cultural), en una especie de juego de conspiración permanente, donde para consolidar sus intereses han superado la barrera de lo permisible y lo posible.

La sujeción del análisis a lo que se conoce como “la Teoría de la Conspiración” tiene como elemento negativo que carga de juicios de valor el contenido del análisis y tiende a desdibujar la lógica real subyacente a los fenómenos observados y analizados. En otras palabras, se corre el riesgo de pasar del ejercicio científico más riguroso, desapasionado y objetivo, a la construcción de situaciones irreales que más se asemejan a una pieza literaria de misterio y menos a una observancia precisa y fría de la realidad.

Lo anterior, sin querer, tiende a hacer perder validez científica a las descripciones y caracterizaciones de la lógica de funcionamiento del sistema capitalista, y las coloca en un plano más ideológico, lo que le resta fuerza para propiciar adherentes.

En pocas palabras: la riqueza del análisis objetivo se debilita con estos otros argumentos y le disminuye su peso específico y su capacidad de ser asimilados positivamente por quienes pueden avalar su hilo argumentativo, sin necesariamente ser partidarios del pensamiento ideológico de los responsables de su elaboración.

Sumado a lo antes señalado, el texto, desde la perspectiva personal de quien esto escribe, pierde riqueza conceptual y rigurosidad metodológica, pasando de un texto científico a un texto ideológico-político, tipo manifiesto, a partir del capítulo IV, particularmente desde el apartado 4 “hacia una economía para la vida”.

Esto es congruente con mucha de la producción científica inspirada en el pensamiento marxista. Tienden a ser ricos, precisos y profundos en el análisis crítico de pensamientos y modelos de organización social, económica y política, contrarios a su doctrina; pero tienden también a ser poco rigurosos y a caer en reduccionismos dialécticos y en análisis sesgados, subjetivos y utópicos, que más parecen aspiraciones y deseos, que consecuencias potencialmente derivadas de fenómenos reales y concretos. Lo fáctico y lo verificable objetivamente cede su espacio a las percepciones, expectativas e idealismos colectivos.

II NIVEL DE REFLEXIÓN: OBSERVACIONES ESPECÍFICAS AL TEXTO.

En el afán de sostener la tesis de que el capital ficticio es la expresión concreta de la última fase del sistema capitalista, se tiende a minimizar y casi que menospreciar la capacidad de respuesta y de adaptabilidad del propio sistema capitalista a distintos ciclos de crisis ya vividos. En esta ocasión, los autores señalan que, por la gravedad de los efectos producidos y por la insostenibilidad del valor efectivo de las principales monedas en las que se reproduce el capital ficticio (dólar y euro), no se observa una posible salida a la crisis desde el propio sistema capitalista. Sostiene el que esto escribe que, una vez más el deseo de un desenlace ya anunciado, se impone sobre el análisis frío y objetivo del fenómeno estudiado, provocando una especie de acomodo de los hechos reales a lo planteado por la teoría empleada como referente del análisis y no al revés, como debe darse en un estudio científico propiamente dicho.

Sin ser el que esto escribe economista de profesión, surge una inquietud en torno a lo que significa para los autores del texto, lo que se denomina “crecimiento negativo”. Y esa inquietud se agudiza cuando se señala que, en un momento determinado, deberá coexistir el crecimiento negativo en los países del norte, con el “crecimiento positivo” en el Sur.

Entendiendo que, dentro del enfoque teórico e ideológico de los autores del texto, el “crecimiento económico capitalista” es más bien uno de los principales disparadores de las crisis del sistema capitalista en general y más específicamente de la crisis mundial de 2008, surge entonces la interrogante en torno al por que se acepta como un “mal necesario” durante un periodo de tiempo en el Sur. Para el que esto escribe, esa aceptación lleva implícito el reconocimiento de la ausencia de una propuesta económica alternativa, técnicamente bien fundamentada y que logre desligarse de la dinámica propia del modelo de producción inherente al sistema capitalista. Ausencia que, también desde la perspectiva del que esto escribe, estuvo presente en los países incluidos en el modelo del socialismo real y que nunca pudieron superar. No es gratuito que China, la principal sociedad aún comunista en lo político, en lo económico haya dado un viraje hacia el sistema capitalista de producción, independientemente de que los principales detentadores de los medios de producción sigan siendo el Estado y los cuerpos intermedios promovidos por aquel.

Esto refuerza la tesis del que esto escribe de que, más allá de si los medios de producción le pertenecen a pocos o son del Estado, las técnicas y formas concretas de generación de bienes y servicios, así como la dinámica misma mediante la cual se procura atender los tradicionales problemas del “qué”, “cómo” y “para quién producir” se han mantenido insertos en los supuestos propios del sistema capitalista de producción, sin que al momento hayan surgido efectivos modos alternativos. En otras palabras, tras la superación del trueque, donde se privilegiaba el “valor de uso” de los bienes y la entronización del sistema de intercambio con un medio de pago indirecto (llámese dinero o crédito) donde el “valor de cambio” adquirió sentido y preponderancia, no se ha logrado otro salto cualitativo que efectivamente brinde una alternativa real, concreta y capaz de ser dominante, al modelo de intercambio señalado. Y esto es así, independientemente del modelo político adoptado.

CONCLUSIÓN

El texto leído es rico en el diagnóstico de los efectos del sistema capitalista reinante, especialmente en lo tocante a la degradación ambiental y a las contradicciones sociales que su dinámica ha producido.

Pero en lo tocante a la “evolución” que plantea seguirá el modelo, así como en lo respectivo a las posibles alternativas al sistema, sigue cayendo en los vacíos de estudios similares efectuados en el pasado: se torna menos riguroso y preciso y confunde lo científico y técnico con lo ideológico y político. Esto, sin proponérselo, hace que la riqueza del diagnóstico pierda valor y se vea atravesada en su credibilidad por el componente ideológico, presente en la segunda parte del texto, lo que le resta una mayor adherencia social.

* Politólogo



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