Jueves 19 de Setiembre, 2019

Aprender a guardarse algunas cosas

05 de julio, 2019

Paula García

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Es bien sabido que al hablar y expresar lo que nos genera dolor físico o emocional existe una descarga que provoca alivio a nivel psicológico, pero muchas veces, cuando aparecen los problemas o necesidades insatisfechas, y en medio de un contexto de debilidad, se comete el error de compartir la pena con muchas personas.

Y no es que esté mal decir lo que nos duele o preocupa, sino que debemos estar conscientes de que existe una gran dificultad para definir con quién compartir las penas, si bien no siempre es necesario ni se puede por tiempo o dinero pagar un profesional para que nos facilite este proceso de autoexploración y desahogo, también es cierto que el saber discernir cuándo, cómo y a quién compartir lo que nos pasa se torna fundamental.

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Contar a muchas personas lo que nos sucede, sea bueno o malo, es el equivalente a ir a una tienda a comprar algo en específico y que el vendedor nos ofrezca 80 cosas diferentes de lo que pedimos, pues eso complicará en mucho nuestro proceso de compra. Tener pocas opciones resulta frustrante, aunque también lo es contar con demasiadas, porque ante tantas variables solo la confusión y el miedo nos acompañarán en la labor de definir o trazar un camino a seguir.

Aprender a guardarnos algunas cosas, en especial si son muy buenas o muy dolorosas, puede parecer supremamente difícil, pero también más saludable, y permite hallar la manera particular de sostener y guardar eso que nos sucede, así como elegir con mucho cuidado el destinatario de nuestro mensaje. En última instancia, se trata de una muestra de autocuidado y autorrespeto.

Si bien guardarse las emociones es totalmente nocivo, porque puede desencadenar una depresión e incluso provocar ideas suicidas, también puede ser riesgoso contar a muchas personas su situación, abrir el corazón a todos los que nos aman, a pesar de lo que se piensa erróneamente, puede ser perjudicial y no significa no contar lo que nos pasa o no compartir nuestro sentir, sino el dosificarlo según sea la persona, el momento y la situación.

Si tiene un conflicto o problema, guárdese, cuídese a usted mismo eligiendo solo a una o dos personas de su total confianza con las que pueda hablar, desahogarse, pedir consejo, llorar o reír sin sentirse juzgado y con los demás sea como es siempre, comente de su problema lo mínimo y asuma la responsabilidad de que al ser su problema no le toca al resto resolverlo por usted o responderle lo que usted quiere oír.

Todos conocemos a nuestros amigos y familiares como para saber quién es más apto para escuchar, regañar, opinar y darnos cariño, así que asuma el reto de guardarse y discernir antes de contarle a medio mundo sus problemas o publicarlos en redes sociales y, si aun así no cree a nadie de su entorno apto para escucharle, entonces busque ayuda profesional y asuma sus problemas responsablemente, para que luego sus familiares y amigos no paguen los platos rotos si usted luego se siente herido por algún comentario o acción que no esperaba o no quería oír.


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