Miércoles 16 de Octubre, 2019

Higiene sexual de la mujer (III parte)

Mauro Fernández17 de julio, 2019 | 05:30 AM

Por razones históricas y culturales la mujer occidental tiene enormes dificultades en el aseo de sus genitales, y debido a que los órganos se encuentran parcialmente cubiertos, el proceso de aprendizaje suele ser tórpido.

No se crea que esto solo les sucede a aquellas mujeres de los años 40, a esas que hoy son bisabuelas, no, hay que entender que la mujer del siglo XXI no conoce a plenitud sus genitales y es común que realice de manera inadecuada su higiene.

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La tradición familiar en nuestra sociedad ignora el aseo vaginal, las mujeres crecen desconociendo ese abecé y son pocas las fuentes veraces que la instruyan sobre tan importante tarea, por eso es crucial para toda amante conocer a fondo y con detalle las técnicas del aseo.

La limpieza genital debe iniciar con la aplicación de abundante cantidad de agua y jabón sobre el vello púbico, con el fin de remover cualquier resto de partículas como hilos de la ropa interior o de las prendas de cama, así como las secreciones normales de ese vello. Además, este lavado permite eliminar algunas bacterias y hasta parásitos como el piojillo.

Posteriormente, se deja el jabón a un lado y solo con agua se procede a lavar los labios mayores, separándolos se exponen los labios menores a los cuales también se les aplica agua en abundancia. Es de particular importancia remover un cebo o secreción blancuzca que suele acumularse en un pliegue que se forma entre los labios mayores y los labios menores. Esta secreción cuando se acumula puede provocar infecciones, mal olor y da una imagen desagradable de los genitales. Desdichadamente, en nuestra práctica clínica observamos que la mayoría de las mujeres descuida la limpieza de esta zona.

La piel de los genitales femeninos es sumamente sensible de manera que no se debe utilizar jabón, debido al riesgo de que se desarrolle una irritación química, la cual puede provocar ardor, dolor, picazón y enrojecimiento genital.

La vagina, es decir el orificio vaginal y su conducto no se debe lavar porque el cuerpo cuenta con mecanismos de autolimpieza, los cuales son suficientes para una adecuada higiene.

Es importante indicar que las duchas vaginales prácticamente no tienen cabida en el mundo sexual y mucho menos en el mundo ginecológico. Si una mujer desea utilizarlas, es válido, pero lo ideal es que la ducha no contenga ni jabón ni ningún otro químico, lo ideal es que contenga simplemente el agua, desdichadamente abundan en el mercado múltiples duchas que contienen estos irritantes químicos.

La región anal, sobre todo la piel que esta alrededor del ano, tolera perfectamente el uso del agua y jabón de manera que se puede utilizar de manera generosa.

Cuando las parejas practican el sexo anal, algunos autores como Xaviera recomiendan que al momento de bañarse introduzcan varias veces el dedo analmente y limpien cualquier residuo del área rectal, para evitar cualquier sorpresa.

Algunas mujeres, por asuntos muy propios, usan papel higiénico en vez de toallas sanitarias, tanto durante el periodo menstrual como en los días no menstruales, con el inconveniente que con frecuencia al retirarlo deja algunos pedazos pegados a la piel vaginal y dan un mal aspecto. Lo mismo puede suceder en el área anal, esos detalles hay que cuidarlos, porque pueden ser fuente de desanimo sexual.

No se deben aplicar desodorantes, perfumes ni lociones genitales, porque sus componentes suelen irritar la sensible piel de que recubre el aparato sexual femenino, además destruyen la flora bacteriana normal de la vagina que es la que protege a la mujer de muchos agentes infecciosos.

Vale la pena referirse a la higiene de los senos, que es una de la cual erróneamente no se cree que amerite un cuidado especial. La areola y el pezón de la mujer está cubierta por una fina capa de grasa que la protege de irritaciones, alergias y descamaciones, y la vuelven más resistente a la succión, por eso es recomendable que la mujer no se unte jabón en los pezones para que no remueva esta capa.

Hay que recordar que la succión de los pezones es una práctica predilecta en la cultura de Occidente y muchas mujeres experimentan grietas, fisuras e irritaciones porque han removido en el baño diario esa capa protectora.

Durante la menstruación, mucha parejas pueden sentirse incómodos por la presencia del sangrado, se puede utilizar una ducha vaginal -con solo agua- para remover la sangre acumulada en la vagina, usualmente esto es más que suficiente para evitar lidiar con tan hemático flujo.

Tal vez estos comentarios den la idea que para hacer el amor hay que alistarse como para una boda o una graduación, y la verdad es que los trajines de la vida no dan para tanto preámbulo. Sin embargo, hay que recordar que nunca es mal vista una ducha antes de ir a la cama y es una forma simple de llegar presentable a la fiesta del amor.


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