Viernes 23 de Agosto, 2019

Noticia real o no real: la gran paradoja de la democratización de la información

18 de julio, 2019

Sergio Araya Alvarado

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Por mucho tiempo se consolidó la premisa de que “quien poseía la información, disponía de ventaja y podía ejercer poder sobre quienes no tenían acceso a ella”.

Hoy, con el advenimiento y profusión de plataformas virtuales de diferente tipo, enmarcadas en las denominadas Tecnologías de Información y Comunicación (TIC), la información fluye de manera constante y por diversas vías.

En décadas pasadas los medios de comunicación formalmente establecidos monopolizaban la mediación de la información de interés público.

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Tal situación se magnificaba en los regímenes de corte democrático liberal, donde la libertad de prensa y de expresión devienen en pilares del sistema.

A tal punto llegó la capacidad de influencia de los medios en los sistemas políticos democráticos, que se les comenzó a catalogar como “el Cuarto Poder”, complementando y, en ocasiones, confrontando a los tres supremos poderes clásicos.

Empero, en pleno cierre de la segunda década del siglo XXI, tal panorama ha venido sufriendo cambios sustantivos, aparejadas a las plataformas digitales antes mencionadas.

La prensa en todas sus acepciones convencionales, conocidas al cierre del siglo anterior, han tenido que competir con estas nuevas opciones de acarreo de información, siendo incluso una práctica usual de algunos de sus principales representantes incorporar su propia plataforma al menú de herramientas a su disposición.

Esa pluralidad de opciones para acceder a información ha ido ganando terreno, en tanto consolida legitimidad social.

En países como Costa Rica, donde según mediciones especializadas, a 2018, 4,7 millones de habitantes cuentan con acceso a internet, existen 8,8 millones de líneas móviles y las plataformas digitales son el principal mecanismo de consumo de información, han venido a sustituir en gran medida a los medios de comunicación tradicionales como fuente de información de interés público.

La encuesta de opinión pública de CIEP de enero de 2018 ubicaba a las redes sociales como la segunda fuente de consulta con un 28%, únicamente superada por la televisión, resaltando que, a menor edad y más preparación académica del entrevistado, la relevancia de la modalidad va creciendo, hasta llegar a empatar a la televisión.

Estos cambios traen desafíos implícitos, impregnados de riesgos.

Tal como lo señala el politólogo Luis Emilio Jiménez en el estudio realizado para la Fundación Konrad Adenauer y Flacso CR e intitulado: “Asamblea Legislativa y su vinculación con la ciudadanía en Costa Rica: Un estudio exploratorio de las capacidades de seguimiento e incidencia en las discusiones y decisiones legislativas”: “…el momento histórico actual presiona a la institucionalidad y a los actores políticos a repensar el paradigma de relacionamiento con la sociedad, cuya ciudadanía está más expuesta a la generación, distribución y consumo de información de diverso tipo gracias al acceso a plataformas y dispositivos que facilitan esta participación virtual…” (Jiménez, 2018).

Prosigue el politólogo Jiménez señalando: “…la penetración y el uso cada vez más extendido de tecnologías digitales móviles da pie a que nuevos segmentos ciudadanos participen en este espacio, sin que medien necesariamente filiaciones a instancias tradicionales de articulación de demandas, como partidos políticos, sindicatos, asociaciones de vecinos, entre muchos otros, que otrora tenían funciones de filtro ideológico y gremial para la acción política” (Jiménez, 2018).

Aunado a esa ausencia de filtros asociada al acceso directo y en tiempo real de distintas fuentes generadoras de información, surgen como uno de sus principales riesgos las noticias falsas o “fake news”, que pretenden ser posicionadas en el imaginario social como verdaderas.

A pesar de no ser inéditas de los tiempos actuales, tal y como la historia lo muestra, encontrando su soporte en la tendencia natural de la psique humana, de aceptar como válido aquello que tienda a ser más cercano a su escala de valores, representaciones y afinidades; hoy las fake news han conseguido posicionarse con fuerza, configurando una opinión publicada distorsionada, desdibujada, cual triste reflejo parcial de la realidad mediada, respaldadas en las plataformas de comunicación virtual.

Características propias de las redes, tales como la asociación logarítmica de intereses afines y su capacidad de multiplicación viral, explican en parte su renovado protagonismo como fruto de su alianza con las tecnologías de comunicación virtuales.

No existen sistemas políticos inmunes a tales fenómenos. La democracia de Estados Unidos, considerada por muchos entendidos como una de las más sólidas del orbe, observa un consumo alto de aquellas por parte de su ciudadanía.

Pero más allá del reforzamiento de una cosmovisión no necesariamente anclada en bases reales promovida por la cultura del consumo de fake news, en sí mismo problemático y desestabilizador, se advierten incidencias directas en la dinámica sociopolítica reproducida por el sistema político expuesto a sus efectos.

A manera de ejemplo, se consigna la declaración pública de la expresidenta de Costa Rica Laura Chinchilla, en su calidad de Jefa de Observadores de la Organización de Estados Americanos del último proceso electoral brasileño, quien confirmó el uso de noticias falsas en dicho proceso, especialmente a través de la plataforma de WhatsApp, y alertó sobre las limitaciones de orden legal y procesal de las autoridades competentes para poder contener sus posibles impactos.

Recientemente Costa Rica observa un incremento exponencial de expresiones de este fenómeno distorsionador, que transcurren de manera paralela a las dinámicas sociales y políticas, especialmente aquellas con mayor nivel de conflictividad y tensión.

Han adquirido tal nivel de peso específico que mutaron de ser disparadores de mayor complejidad de conflictos reales a ser conflictos en sí mismos, con características y lógicas de funcionamiento totalmente propias.

Derivado de ello han emanado formas y herramientas que buscan enfrentarlas a través de la puesta en evidencia de su naturaleza falaz.

“No coma cuento”, “Doble Check” forman parte del menú de alternativas surgidas con el propósito de minar el efecto distorsionador de las noticias falsas en la realidad tangible.

Empero, como suele suceder alrededor de otros fenómenos, la contención efectiva de las noticias falsas depende de su potencial receptor: la sociedad.

Personas responsables, conscientes de los riesgos inherentes a la época actual, devienen en las puntas de lanza de la defensa de la correcta y veraz información, pilar esencial en la construcción de interacciones sociales sólidas que coadyuven a la robustez del sistema político vigente.

*Politólogo



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