Domingo 25 de Agosto, 2019

Capacidad de elección

Reflexiones

01 de agosto, 2019

Juan Luis Mendoza

[email protected]

En un escrito anterior, y a propósito de la libertad interior del ser humano, Viktor E. Frankl se pregunta, entre otras cosas, si es que frente a las circunstancias que se vivían en el campo de concentración podría gozar de la posibilidad de elección, de acuerdo con la experiencia y los principios que un prisionero es capaz de manejar.

Responde: “Las experiencias de la vida en un campo demuestran que el hombre tiene capacidad de elección. Los ejemplos son abundantes, algunos heroicos, los cuales prueban que puede vencerse la apatía, eliminar la irritabilidad. El hombre puede conservar un vestigio de la libertad espiritual, de independencia mental, incluso en las terribles circunstancias de tensión psíquica y física”. Desde mi primera lectura de “El hombre en busca de sentido” tengo subrayada la respuesta.

Lea: Apuntes en torno a la descentralización

Y también lo que sigue: “Los que estuvimos en campos de concentración recordamos a los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede ser que fueron pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas: la elección de actitud personal ante un conjunto de circunstancias. Para decidir su propio camino”.

También esto otro: “Y allí, siempre había ocasiones para elegir. A diario, a todas horas, se ofrecía la oportunidad de tomar una decisión, decisión que determinaba si uno se sometería o no a las fuerzas que amenazaban arrebatarle su yo más íntimo, la libertad interna; que determinaban si uno iba o no iba a ser el juguete de las circunstancias, renunciando a la libertad y a la dignidad, para dejarse moldear hasta convertirse en un recluso típico”.

Con estos textos creo que llegamos a la cumbre más alta de la doctrina de Viktor E. Frankl en este apartado de la libertad interior. Me acuerdo ahora de aquella definición del ser humano que leí un buen día: “Una libertad en el mundo para el amor”. No es que tenga libertad, sino que esencialmente es ser libertad. Y en ese sentido, también aquello de que ‘si estando en la cárcel no eres libre, no lo serás tampoco estando fuera’”. La razón es que la libertad es una realidad interior.

Volvamos, pues, a la cárcel en un campo de concentración, que lo es todo él y que lo caracterizan condiciones físicas y sociológicas: falta de sueño, alimentación insuficiente, tensiones mentales… No obstante ello, el ser humano, por serlo, es capaz de reaccionar mental y espiritualmente de acuerdo a su esencial dignidad, incluso en medio de los más grandes males. Una vez más nuestro autor: “Dostoyevski dijo en una ocasión: ‘Sólo temo una cosa: no ser digno de mis sufrimientos’, y estas palabras retornaban una y otra vez a mi mente cuando conocí a aquellos mártires cuya conducta en el campo, cuyo sufrimiento y muerte testimoniaban el hecho de que la libertad íntima nunca se pierde. Puede decirse que fueron dignos de sus sufrimientos y la forma en que los soportaron fue un logro interior genuino. Es esta libertad espiritual, que no se nos puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido y propósito”.

Insisto. En estos párrafos que incluyo en este escrito de la serie sobre Frankl y su doctrina esencial llegamos a lo más medular, lo más hondo, lo más definitivo, y de ahí el título del libro “El hombre en busca de sentido”. Es decir, de una intencionalidad que ha de darse en toda vida, pero muy especialmente cuando en ella aparece el dolor porque “todos los aspectos de la vida son igualmente significativos, como lo advierte Frankl, de modo que el sufrimiento tiene que serlo también. El sufrimiento es un aspecto de la vida que no puede erradicarse, como no pueden apartarse el destino o la muerte. Sin todos ellos la vida no es completa”.

Y a propósito, nuestro autor discurre así: “La máxima preocupación de los prisioneros se resumía en una pregunta: ¿Sobreviviremos al campo de concentración? De lo contrario, todos estos sufrimientos carecerían de sentido. La pregunta que a mí, personalmente, me angustiaba era esta otra: ¿tiene algún sentido todo este sufrimiento, todas estas muertes? Si carecen de sentido, entonces tampoco lo tiene sobrevivir al internamiento. Una vida cuyo único y último sentido consistiera en superarla o sucumbir, una vida, por tanto, cuyo sentido dependiera, en última instancia, de la casualidad no merecería en absoluto la pena de ser vivida”.

Lo dicho, con este escrito llegamos a lo más importante de nuestro autor. Reléalo, si puede. Delo a conocer. Y, lo más importante, a vivir, viviéndolo usted. Seguimos otro día, Dios mediante.



Noticias relacionadas

VEA MÁS



Comentarios

COMENTAR