Sábado 17 de Agosto, 2019

Sonido, ritmo, alegría y más

12 de agosto, 2019

Delia Villalobos

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Por influencia de mi hermana Flory, la música ha sido una alegre compañera de viaje, clases de piano, el coro y las “asambleas” en la inolvidable Escuela Moya y las de San Roque y San José de la Montaña (donde trabajaba mi hermana).

Más tarde, el gusto por el baile y el trabajo escoltado por la radio que aplicaba tolerancia a largas, pero realizadoras, jornadas en la Universidad Nacional y otras instituciones.

Notaba que las canciones, letras, melodías y ritmos ejercían efectos en mi estado de ánimo, en el cuerpo, las emociones y hasta en la manera en que hacía las tareas.

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La música se convertía en distintos medios de transporte, caras, lugares, situaciones, en calmante, compañía, alivio y mucho más. Una especie de remedio que llegaba casi sin percatarse.

Nos encontramos con la musicoterapia que no deja de asombrar, por lo agradable y entretenida que resulta, también porque es una terapia invasiva, aborda el cuerpo y el alma, mejora hasta más no poder y deslumbra, pues lejos de doler, calma con encanto.

Los conocedores de este campo coinciden en que la música ha sido fundamental en la vida de las personas y tan antigua como lo demuestra la historia.

Para muestra lo que expresa Alvin cuando descubre que Platón y Aristóteles reconocían los efectos curativos de la música en la salud física y mental.

Escribió Núnez que “en la antigua Grecia la música era interpretada como un estímulo que condicionaba el pensamiento, las emociones y la salud física. Incluso obraba milagros como el sucedido en Esparta en el 600 A.C. Se decía que el filósofo Tales de Mileto usó la música para curar una “plaga” de ansiedad que asolaba entre los espartanos”.

Son demasiadas las evidencias, usos y resultados de la música con personas que retan diversas enfermedades, situaciones, conductas, emociones y más.

Núñez comparte lo comprobado en la cotidianeidad al anotar que algunos géneros musicales aportan alegría, creo que también energía, motivación, disposición, encanto por la vida; el autor señala “la salsa, chachachá, merengue, música cubana; música clásica; boleros y tangos”, de manera diferente refiere “que las claves menores y los tiempos lentos producen tristeza, y que la disonancia produce ansiedad y miedo”.

Consultando a Denis y Casari se aprende que “La musicoterapia consiste en el uso de la música y sus elementos (ritmo, melodía, armonía, timbre…) con finalidades terapéuticas, favoreciendo la comunicación, mejorando la autoestima y el estado de ánimo, incentivando el movimiento, la expresión, la creatividad…”.

Entre los beneficios se anotan la mejora de la coordinación, el equilibrio, las articulaciones y la fuerza muscular, estimula los sentidos, al tiempo que actúa contra la angustia, ansiedad y la tensión.

Como si fuera poco promueve la participación y comunicación, la autoestima, el afecto, la expresión verbal, corporal y las emociones; las competencias cognitivas, atención, lenguaje, memoria, aprendizaje y otros.

En esta terapia las personas comparten canciones y recuerdan, usan instrumentos, bailan, experimentan actividades con significado y desbordan de realización y disfrute.

La música es una de esas opciones que generan placer inmediato, tocan hasta el alma, nos colocan en mundos diferentes, anotan Denis y Casaris que “ayuda a aumentar los niveles de serotonina, el neurotransmisor que regula estado de ánimo, sueño y controla las emociones no saludables como la ira”.

La musicoterapia es una intervención diferente en personas adultas mayores con deterioro físico o mental. Pero, además, una opción de tiempo libre, de potenciar capacidades, de llenar la vida de significado con ritmos, sonidos, alegría y mucho más, para vivir más y vivir mejor.

*Catedrática jubilada UNA



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