Miércoles 16 de Octubre, 2019

El efecto social de la maternidad

12 de agosto, 2019

Paula García

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Cuando se habla del Día de la Madre y la maternidad en sí, se ve solo el lado romántico, excluyendo los afanes y quehaceres que en realidad le dan el valor que realmente tiene. Actualmente, se critica mucho a las mujeres que aman su maternidad, se defiende la supuesta decisión sobre elegir ser o no madre, pero de lo que no se habla nunca es del efecto social de ser madre, en qué consiste y por qué genera muchas veces confusión y temor.

Ser madre es una de las mejores experiencias, pero, cuando una mujer queda embarazada, el efecto social pretende obligarla a dejar de sentir. Frases como “no le digan esto o aquello por estar embarazada”, “no te pongas triste o enojada por el bebé”, “no hagas esto, no pienses lo otro, ahora no podrás volver a dormir, ahora toca seguir este o aquel plan”, entre muchas otras frases, marcan el inicio de la maternidad.

Desde que nacemos, nos socializan e imponen cosas y, cuando una mujer descubre que será mamá ocurre el mismo fenómeno, los mandatos se disparan y la mujer pasa a otro plano, en donde debe reservar, según la sociedad lo que piensa, lo que siente y lo que sueña.

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Este fenómeno ocasiona una desidia por parte de las nuevas generaciones hacia querer aventurarse a ser mamás, e incluso de las actuales o las que ya están en el proceso de recargarse emocional y psicológicamente.

Y estos mandatos no se dicen con maldad o mala intensión, pero marcan una diferencia. La maternidad, aun cuando se cree que inicia en el momento cuando una mujer queda embarazada, en realidad empieza desde mucho antes, cuando somos pequeñas, desde que planeamos y jugamos a ser mamás, desde que mi ejemplo materno no fue el mejor y deseo superarlo, o desde que exalto el ejemplo que tuve y quiero ser como ella.

Lo curioso de todo esto es que la maternidad no implica solo cargar en el vientre sino asumir el corazón de otro, responsabilizarse por otro durante el tiempo en que no pueda hacerlo por sí mismo, aventurarse a amar lo desconocido y eso también lo hacen muchas otras mujeres, como hermanas, tías, abuelas, madres adoptivas, madrastras, en fin, mamá no es la que puede parir un hijo, sino la que tiene fértil el útero, el corazón, alguno de los dos o ambos, para recibir y hacer que florezca una vida nueva.

Es incomprensible cómo las personas reducen la maternidad a solo la crianza, a solo cumplir con mandatos sociales de las supuestas obligaciones de una buena madre. La fórmula no existe, en realidad todos siempre sabrán lo que se debe hacer, cada quien tiene escuelas y experiencias diferentes, pero al final cada mamá tiene su propio estilo.

Muchas son buenas, unas excepcionales, otras malas y algunas, por tragarse los mandatos, no lograron aceptar que sus hijos de sangre quizá hubieran sido más felices en otros núcleos familiares donde podrían haber sido amados.

La maternidad no es una limitante, pero no tiene que ser bella, de hecho se pasa de un estado vulnerable a un estilo de vida caótico, alocado, agotador y muy desgastante, porque para la sociedad nunca serás lo suficientemente buena. Si sos protectora, porque los cuidás de más y sos dramática; si sos relajada, porque sos una descuidada y mala madre. En fin, no se trata de calzar con estándares, sino de dar lo mejor, de amar tu condición, de ser mamá.

Los hijos se acostumbran a sus mamás, a sus formas y sus estilos, y no hay que sentirse obligada a ser diferente de quien se es, a sentir diferente o pensar distinto, se trata de amar, de ser vos misma, de disfrutar del regalo de los hijos que, dicho sea de paso, no vienen al mundo a cumplir nuestras expectativas o deseos frustrados. Vienen prestados, vienen a ser, a amar, a aprender y a aportar a este mundo y de nosotras como madres solo depende darles el acompañamiento, amor y velar por ellos durante los primeros años de la vida, hasta que puedan asumirse solitos.

El efecto social de la maternidad te miente, no siempre serás feliz, no siempre sabrás qué hacer, no siempre sabrás cómo resolver o salvar a tu hijo de un problema, pero siempre podrás confiar en vos misma, en tu instinto materno, que nunca falla, y podría ser que debas posponer algunos proyectos, pero no por eso habrá que truncarlos. Así que, si sos mamá de cualquier forma, disfrutalo al máximo, pero a tu manera, no dejés que nadie te dé la receta.


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