Sábado 17 de Agosto, 2019

El “sostén interno”

Reflexiones

14 de agosto, 2019

Juan Luis Mendoza

[email protected]

Llegado al apartado “Análisis de la existencia provisional” de su libro “El hombre en busca de sentido, segunda fase: La vida en el campo”, Viktor E. Frankl sintetiza: “Ya hemos dicho que, en última instancia, los responsables del estado de ánimo más íntimo del prisionero no eran tanto las causas psicológicas ya enumeradas cuanto el resultado de su libre elección”. Y se explica: “La observación psicológica de los prisioneros ha demostrado que únicamente los hombres que permitían que se debilitara su interno sostén moral y espiritual caían víctimas de las influencias degenerantes del campo. Y aquí se suscita la pregunta acerca de lo que podría o debería haber constituido este “sostén interno”.

Es comprensible que, según las experiencias de quienes llegaron a relatar o escribir sobre esas experiencias en el campo de concentración, la influencia más deprimente de todas era que el recluso no supiera cuánto tiempo iba a durar su encarcelamiento. En todo caso, la duración no solo era incierta sino ilimitada.

Lea: El efecto social de la maternidad

Frankl recuerda que “un renombrado investigador psicológico manifestó en cierta ocasión que la vida en un campo de concentración podía denominarse “existencia provisional”. Nosotros completaríamos la definición diciendo que es “una existencia provisional cuya duración se desconoce”.

Al entrar en el campo de concentración se desconocían sus condiciones, entre ellas el prever cuándo y cómo terminaría su existencia en él, en caso de tener fin. Ahora bien, el término fin tiene dos significados: final y meta a alcanzar. Nuestro protagonista advierte que “el hombre que no podía ver el fin de su ‘existencia provisional’ tampoco podía aspirar a una meta última en la vida. Cesaba de vivir para el futuro en contraste con el hombre normal. Por consiguiente, cambiaba toda la estructura de su vida íntima en la que no hay futuro, no hay meta. Es decir, no hay vida”.

En ese sentido, el mismo Frankl afirma que “uno de los prisioneros que a su llegada marchaba en una larga columna de nuevos reclusos desde la estación al campo, me dijo más tarde que había sentido como si estuviera desfilando en su propio funeral”. Y añade: “Este sentimiento de falta de vida, de un ‘cadáver viviente’ se intensificaba por otras causas”. Y cita entre otras, “la duración ilimitada del período de reclusión” y “los estrechos límites de la prisión” y “la vida afuera, al menos hasta donde él podía verla, le parecía casi como lo que podría ver un hombre ya muerto que se asomara desde el otro mundo”.

Por otra parte, el hecho de evadir el presente volviéndose paulatinamente al pasado contribuía a desentenderse de las posibilidades de hacer algo positivo en el campo y esas oportunidades existían de verdad. Frankl reflexiona: “Ese ver nuestra ‘existencia provisional’ como irreal constituía un factor importante en el hecho de que los prisioneros perdieran su dominio de la vida; en cierto sentido todo parecería sin objeto. Tales personas olvidaban que muchas veces es precisamente una situación externa excepcionalmente difícil lo que da al hombre la oportunidad de crecer espiritualmente más allá de sí mismo. En vez de aceptar las dificultades del campo como una manera de probar su fuerza interior, no toman su vida en serio y la desdeñan como algo inconsecuente. Prefieren cerrar los ojos y vivir en el pasado. Para estas personas la vida no tiene ningún sentido”.

Aunque no se trate de situaciones tan extremas, entre nosotros también se dan, o pueden darse, situaciones difíciles que hemos de aprovechar para bien, de acuerdo con el dicho popular “no hay mal que por bien no venga”. San Agustín añade: “Aún los pecados”. Eso es convertir el mal, todo mal, en bien. Y a ello somos llamados todos.

No obstante, Viktor E. Frankl advierte: “Claro está que solo unos pocos son capaces de alcanzar cimas espirituales elevadas. Pero esos pocos tuvieron una oportunidad de llegar a la grandeza humana aun cuando fuera a través de su aparente fracaso y de su muerte, hazaña que en circunstancias ordinarias nunca hubieran alcanzado”. El dicho: “No hay mal que por bien no venga”, o lo que es lo mismo, que podemos aprovechar las adversidades y convertirlas en ocasión para superarnos, sobre todo en lo humano y espiritual.

Cierro el escrito con esta observación de nuestro autor: “‘La vida es como visitar el dentista. Se piensa siempre que lo peor está por venir, cuando en realidad ya ha pasado’. Parafraseando este pensamiento de Bismarck, podríamos decir que muchos de los prisioneros del campo de concentración creyeron que la oportunidad de vivir ya les había pasado y, sin embargo, la realidad es que representó una oportunidad y un desafío: que o bien se puede convertir la experiencia en victoria, la vida en un triunfo interno, o bien se puede ignorar el desafío y limitarse a vegetar como hicieron la mayoría de los prisioneros”.
Pues, ya lo sabe usted, mi amigo, mi amiga, es cosa de elegir, y usted es capaz de hacerlo.



Noticias relacionadas

VEA MÁS



Comentarios

COMENTAR

Rodrigo (14/08/2019)

Buen artículo de opinión! Qué bueno que no pusieron alguna opinión del delincuente A. Vargas....