Domingo 15 de Setiembre, 2019

Sacrificio con sentido

04 de setiembre, 2019

Juan Luis Mendoza

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Lo mismo que en el campo de concentración, entre nosotros, aunque normalmente en menor medida, hay situaciones en que se pierda la esperanza, se nos cierren las puertas de cara al futuro, y, no se vea otra solución que el suicidio. Pero, ¿de verdad que no había solución? La hay, aunque se necesite de alguien, de una palabra, de una “asistencia psicológica”, que dice Viktor E. Frankl. Él mismo se encontró en un trance difícil junto con los compañeros del mismo barracón, víctimas de situaciones extremas, incapaces en el momento de superar. “Dios sabe, afirma, que no estaba en mi talante dar explicaciones psicológicas o predicar sermones a fin de ofrecer a mis camaradas algún tipo de cuidado médico de sus almas. Tenía frío y sueño, me sentía irritable y cansado, pero hube de sobreponerme a mí mismo y aprovechar la oportunidad. En aquel momento era más necesario que nunca infundirles ánimos”.

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Como lo he hecho hasta ahora voy a entresacar algunas ideas principales y algunas citas. Frankl trata del “futuro inmediato”, según él mismo lo indica, por cierto “bastante negro”. “Pero también les dije, añade inmediatamente, que, a pesar de ello, no tenía intención de perder la esperanza y tirarlo todo por la borda, pues nadie sabía lo que el futuro podía depararle y todavía menos la hora siguiente”. Ciertamente que no era de prever ahí mismo un acontecimiento militar importante, pero sí cabía que se diesen oportunidades de gozar en el grupo de condiciones laborales más favorables, ya que ese tipo de cosas constituían la “suerte” del prisionero. Otro tanto puede ocurrir en medio de las situaciones penosas de cualquier ser humano. Usted, yo, cualquiera.
Además del futuro y antes, estaba el pasado con todas sus alegrías, obras buenas, luz, aún en medio de la actual oscuridad. Y aquí el poeta: “Ningún poder de la tierra podrá arrancarte lo que has vivido”. Frankl comenta: “No ya sólo nuestras experiencias, sino cualquier cosa que hubiéramos hecho, cualesquiera pensamientos que hubiéramos tenido, así como todo lo que habíamos sufrido, nada de ello se había perdido, aun cuando hubiera pasado; lo habíamos hecho ser, y haber sido es también una forma de ser y quizá la más segura”. Es cuestión de darle sentido a la vida, incluyendo el sufrimiento y la agonía, las privaciones y la muerte, viviéndolo con dignidad, con fortaleza, y hasta el final. En ese plan declara nuestro autor, “les aseguré que en las horas difíciles siempre había alguien que nos observaba –un amigo, una esposa, alguien que estuviera vivo o muerto, o un Dios- y que sin duda no querría que le decepcionáramos, antes bien, esperaba que sufriéramos con orgullo –y no miserablemente- y que supiéramos morir”.
“Y finalmente, añade, les hablé de nuestro sacrificio, que en cada caso tenía un significado”. A la vista estaba que hablar de sacrificio dentro de una sociedad normal en que el éxito era lo importante, resultaría fuera de lugar, algo insensato. “Pero, sigue Frankl, nuestro sacrificio sí tenía un sentido. Los que profesaran una fe religiosa, dije con franqueza, no hallarían dificultades para entenderlo”. En efecto, al menos los cristianos sabemos que, al ser bautizados, somos parte suya, de Cristo, y nos capacita para participar de su pasión y muerte en su único sacrificio de la cruz, y de su resurrección y gloria. Hay que recordar aquí que Viktor E. Frankl, en su momento, se convirtió al cristianismo…
Cierro el escrito con esta su apreciación: “Pude comprobar que había logrado un propósito, pues cuando se encendieron de nuevo las luces, las miserables figuras de mis camaradas se acercaron renqueantes hacia mí para darme las gracias, con lágrimas en los ojos. Sin embargo, es preciso que confiese aquí que sólo muy raras veces hallé en mi interior fuerzas para establecer este tipo de contacto con mis compañeros de sufrimientos y que, seguramente, perdía muchas oportunidades de hacerlo”.
Y es que el tema del dolor es difícil, aunque tengo escritos por mí dos libros con títulos significativos: El lado bueno del dolor y El bien de la enfermedad, amén de El padecer con Cristo.
Sigo otro día, Dios mediante.


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