Jueves 19 de Setiembre, 2019

El secreto para divertirse

06 de setiembre, 2019

Paula García

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Vamos por la vida corriendo y cumpliendo con todas las demandas sociales, familiares y laborales y muchas veces reducimos la idea de divertirse al período de vacaciones, al fin de año o a momentos muy delimitados.

Lo anterior lleva a que, en los últimos años, los índices de incapacidades aumenten, muchos siguen cumpliendo como autómatas todas las funciones y, sin darse cuenta, viven el síndrome del quemado o "burn out", lo que genera problemas que por estrés se pueden extender a otros planos como el personal, familiar o de pareja.

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En otros casos el estrés excesivo termina por convertirse en estados depresivos, ideas suicidas o “espacios de esparcimiento” que en realidad enmascaran y empeoran el problema, como quienes se van de fiesta todos los fines de semana, toman alcohol en exceso, drogas o asumen conductas de riesgo como sexo sin protección o con múltiples compañeros/as sexuales, comer en exceso o hacer ejercicios más allá de lo conveniente.

Sin embargo, nada de eso termina por relajarnos, nada de eso constituye una verdadera diversión. La Psicología de la Motivación nos habla de que ese tipo de alegrías pasajeras son conocidas como felicidad hedónica, que se trata de momentos que dan una alegría pasajera, no real, no simbólica y que, aun cuando no es que esté mal experimentarla de vez en cuando, no mejora nuestra calidad de vida.

Por otro lado, está la felicidad eudaumónica, el secreto de la verdadera diversión. Se refiere a alegrías que cambian la vida, que perduran en el tiempo o, al traer ese recuerdo a la memoria, nos generan una sonrisa, una sensación de bienestar. Son momentos reales, simbólicos, que cambian la vida y la dejan marcada para bien.

El secreto de la diversión radica en este tipo de felicidad en que aprendemos a buscar momentos de calidad. Un viernes de pijamada con los hijos, un paseo en un parque con su pareja, una caminata con amigos, un café viendo llover, no se trata de gastar dinero, sino de tiempo bien aprovechado.

No hay que ver la película de moda pagando la sala más cara y luego asistir a la plaza de comidas gastando en alimentos chatarra pues, aunque puede darse en algún momento y pasarla muy bien, eso no debe ser un determinante para compartir.

Si no puede pagar el cine, el paseo a la playa o el viaje a acampar, entonces acampe en el patio de la casa o de algún amigo y comparta ese relato diferente, alquile una película, haga palomitas o pique frutas y construya papalotes para ir a a volarlos a algún lugar hermoso al aire libre.

Años atrás éramos más felices y no por ser niños, sino porque entendíamos que la felicidad no significaba tener la capacidad de comprarlo todo, sino poder a compartirlo todo con las personas especiales en nuestra vida, que al final la diversión y la felicidad se construyen por la compañía y la compañía no tiene que tener un precio, pues si lo tiene esa diversión no será verdadera.


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Amelia delport (06/09/2019)

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