Domingo 20 de Octubre, 2019

Quiero ser optimista

16 de setiembre, 2019

Delia Villalobos

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Después de leer nuevas investigaciones, notas y reportajes de diversos países y autores, nos topamos con muchas razones para abandonar el pesimismo, las emociones no saludables y los obstáculos que ponemos a tanto que puede ofrecer felicidad.

Los que conocen este importante tema no solo lo relacionan con una filosofía de vida, también destacan la necesidad de poner en práctica lo expresado desde el optimismo, lo provechoso, lo que se construye para que la existencia sea agradable, se llene de ingredientes que aporten a sentirse mejor: hábitos saludables, cuidados por la salud y por la enfermedad, movimiento físico y mental y, por supuesto, compartir con personas que conforman el entorno.

El optimismo lleva consigo resiliencia, esa increíble capacidad que muchos exhiben para no cavilar en la derrota, para enarbolar el reto de obstáculos que perturban o impiden los planes trazados.

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Los estudiosos señalan que las personas que generan emociones saludables, sustentadas en el optimismo tienen proyectos de vida, desafían conflictos y se fortalecen para tener herramientas para confrontarlos, aceptan y se adaptan a los cambios, deciden que caminar cargados de ilusiones, esperanza y motivación son los mejores medicamentos que existen y tienen voluntad para usarlos.

Para muestra los sorprendentes japoneses y esa filosofía descrita como Ikigai, (de la que hemos escrito en varias ocasiones) que permite cimentar el deseo para vivir y que ha sido tratada en el libro “Los secretos de Japón para una vida larga y feliz” de García y Miralles, autores que recomiendan llevar a la práctica lo que promueve ilusión, magia en cada día.

“El objetivo es identificar aquello en lo que eres bueno, que te da placer realizarlo y que, además, sabes que aporta algo al mundo. Cuando lo llevas a cabo, tienes más autoestima, porque sientes que tu presencia en el mundo está justificada. La felicidad sería la consecuencia”, dice Miralles.

Otro de las evidencias que sobresale es la que aportó la Universidad de Illinois con más de 5.100 personas adultas mayores y cuya conclusión es música para los que trabajan con los que nos superan en experiencia y se dibujan por sonreírle a la vida, esos que  “no solo son más felices y menos estresados, muestran mejor salud cardiovascular, niveles de azúcar en sangre y colesterol significativamente mejores, se ejercitaban más, tenían índices de masa corporal más saludables y eran menos propensos a fumar que los pesimistas”.

Hay más razones, la investigación de la Universidad de Harvard con 70 mil mujeres en el que concluyeron que quienes ven el lado brillante del camino “presentan menos riesgo de padecer cánceres letales, enfermedades coronarias, pulmonares y accidentes cerebrovasculares… Parte de este beneficio se deriva, de que eligen estilos de vida más saludables, así como actitud mental positiva”.

Kim, codirector de esta investigación, explicó que se puede encontrar en la genética el 25% del optimismo que las personas llevan consigo, “lo cual significa que hasta un 75% puede ser modificable”.

Para lograrlo propone practicar actividades que incrementen el optimismo, entre estas pensar como "tu mejor versión de ti mismo" en situaciones vinculadas a la familia, la pareja o el trabajo. Escribir todo lo que se tiene a disposición para agradecer el día a día y registrar lo que puedes hacer por otras personas.

También el University College de Londres (UCL) evidenció la incidencia de las actitudes y pensamientos cotidianos en la calidad de vida de las personas… la clave para poder disfrutar no estaría “en la educación, ni en el dinero (siempre que las necesidades básicas estén cubiertas) ni en la inteligencia, sino en la manera de encarar la vida.

“Un proyecto es un motivo para levantarse por la mañana, algo que nos entusiasma, más allá de lo inmediato” … “Es indispensable reconocer el deseo. Repensar qué cosas me hacen feliz”, añadió Gasón.

Son muchas las razones para dejar de pensar y de sentir desde la desesperanza, la tristeza y el desaliento que pueden precipitar el abandono por el autocuidado, la autoestima, el bienestar, la calidad de vida y la salud.

Vale la pena levantarse cada amanecer con pensamientos hermosos que motiven a teñir de colores el día, las semanas y las horas para cultivar el camino de salud, el enfrentamiento de los retos y lograr vivir más pero también mejor.

 

*Catedrática jubilada UNA


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