Lunes 18 de Noviembre, 2019

Pescadores estuvieron 4 días a la deriva

En Osa
Alexander Méndez25 de setiembre, 2019 | 08:57 AM

Erick Morera Samudio, de 32 años, y Jorge Samudio Avilés, de 51, lograron sobrevivir en alta mar tras permanecer aferrados durante 4 días al casco de una lancha volcada en la cual viajaban.

La tragedia comenzó el sábado anterior a las 5:30 de la tarde cuando don Jorge, un pescador con 36 años de experiencia, salió hacia alta mar con Erick, quien era la primera vez que iba de pesca.

La misión era adentrarse en el mar para lanzar los trasmallos y regresar el día siguiente a recogerlos. Sin embargo, todo cambió cuando una ola volcó la lancha en una noche oscura y con mar picado.

Tanto Erick como Jorge se aferraron al casco con la esperanza de ser rescatados al amanecer. Sin embargo, pasaron el domingo y lunes a la deriva hasta que este martes a las 9:55 de la mañana fueron rescatados cerca de la Isla del Caño por una lancha que transportaba turistas hacia este lugar.

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Michael Miranda, capitán de la embarcación, observó a la distancia a dos hombres que estaban parados sobre la lancha volcada y hacían señales solicitando auxilio.

“Al llegar al punto se encuentran con dos masculinos cansados, deshidratados y quemados por el sol. Después que nos contaron la odisea, los transportamos a Uvita de Osa”, señaló Miranda.

Ambos pescadores fueron trasladados en ambulancia al Hospital Tomás Casas donde fueron hidratados y estabilizados. Tres horas después, don Jorge fue dado de alta mientras Erick permanece internado en observación.

El Diario de más Venta en Costa Rica encontró a don Jorge en su casa ubicada en Ciudad Cortés junto con su esposa, sus cuatro hijos, dos nietos y varios amigos.

Su cara, cuello y brazos los tiene muy afectados por quemaduras de sol, sin embargo, está agradecido con Dios por haberle dado la oportunidad de sobrevivir.

“Durante estos cuatro días no tomamos agua y no comimos absolutamente nada, solo nos aferramos al poder de Dios para que nos rescataran. Los días fueron muy acongojantes por el fuerte sol y las noches se tornaban terribles por el alto oleaje. En dos noches observábamos luces posiblemente de casas o faros a la distancia, pero al amanecer ya no observábamos nada pues la marea nos había tirado hacia otro lado”, narró.

“La noche del lunes nos alegramos pues vimos la luz de una lancha a la distancia, pero por más que gritamos e hicimos señas no nos observaron. Mi compañero Erick anoche amenazó con soltarse de la lancha y que el mar se lo llevara, pues me dijo que ya no resistía, sus piernas y sus brazos le dolían mucho. Yo le dije que debía tener fe en Dios, que nos iban a rescatar. Yo pensaba mucho en mi esposa, en mis hijos y en mis nietos, pensaba que nunca más los volvería a ver. Le pedí a Dios que, si me ahogaba que me los cuidara”, relató don Jorge.

Se le consultó si volvería al mar, a lo que respondió que sí, pues ese es su trabajo y de eso vive. Doña Marjorie Granados Arroyo, es la esposa de don Jorge con quien tiene 30 años de compartir su vida, en los que han procreado 4 hijos.

Ella dijo que siempre anda con él. El pasado sábado estaba con don Jorge en la playa de una isla cuando salieron de pesca.

“Él se llevó el único teléfono el celular que tenemos y la única lancha que había. Como no regresó la misma noche del sábado, me imaginé que algo les había ocurrido, pero no sabía qué podría haber sido. Tampoco podía salir de la isla a avisar porque no tenía lancha para hacerlo, fueron 4 días que no se los deseo a nadie, solo llorábamos (mis hijos y yo) y nos paseábamos por la playa esperando en algún momento verlo a él vivo o muerto”, según describió esos difíciles momentos que le correspondió enfrentar.

“Yo pensaba que nunca más volvería a ver a mi viejito, sin embargo, Dios nos hizo un milagro”, agregó.

Fue gracias al teléfono celular de una amiga que llegó a la isla este martes que comenzaron a llamar al 911 para hacer la denuncia de la desaparición de los pescadores. Coincidentemente, en el mismo instante una llamada de oficiales de la Fuerza Pública les informaba del hallazgo de dos pescadores que estaban en una lancha a la deriva, cerca de la Isla del Caño.

“Yo preguntaba por los nombres de esos pescadores para ver si era mi marido, Cuando me confirmaron que era él nos abrazamos y lloramos de alegría. Dios nos concedió tener de vuelta con nosotros a mi viejito”, concluyó doña Marjorie.

Tanto don Jorge como doña Marjorie dan gracias a Dios por el milagro de volverse a reunir, cuando todo parecía perdido.



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