Lunes 21 de Octubre, 2019

Desafíos de partidos políticos intervinientes en la campaña electoral municipal 2019-2020

10 de octubre, 2019

Sergio Araya Alvarado

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Los comicios en Costa Rica se caracterizan por otorgar a los partidos políticos el monopolio en la representación política.

A diferencia de otros países, como Panamá u Honduras, donde se ha ampliado la posibilidad de acceder a cargos de elección popular a personas individuales, a través de las llamadas “candidaturas de libre postulación” o “independientes”, aún la cultura política y el marco jurídico-institucional costarricenses son reacios a este tipo de opción, circunscribiendo en el partido político tal potestad.

No obstante, los tiempos actuales no son los más felices para el devenir de las agrupaciones políticas en el país.

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Diferentes estudios de opinión e investigaciones de empresas encuestadoras y de entidades académicas coinciden en señalar el proceso de descrédito encarado por los partidos políticos, traducido en los niveles de fidelización partidario más bajos en la historia política de Costa Rica.

A manera de ejemplo, dos datos concretos.

El Informe de Resultados del Estudio de Opinión Sociopolítica del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica emitido el día 11 de septiembre del año en curso señala a los partidos políticos como las instituciones políticas con la peor valoración en términos de confianza ciudadana, de un conjunto de 18 entidades calificadas. Según el estudio, en una escala de 0 a 10, donde el primer dígito es sinónimo de total desconfianza y 10 lo opuesto, los partidos políticos tan solo alcanzan un valor promedio de 3.2, incluso menor al 3.6 conseguido en la medición efectuada cuatro meses atrás, y que también lo situaba de último.

Por su parte, el Estudio de Opinión Pública de Costa Rica 56 de la empresa CID-Gallup publicado en ese mismo mes señala de manera consecuente, con anteriores mediciones de la misma empresa, que un 57% del total de la población costarricense no apoya a ningún partido político.

En ese contexto donde se combina desconfianza y pérdida de adherencia, los partidos políticos empero deben acometer una función que, de manera formal, les sigue siendo reservada de forma exclusiva.

Esto último puede en parte explicar el incremento exponencial en el número de partidos políticos registrados ante la Dirección General del Registro Electoral y Financiamiento de Partidos Políticos del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), que al inicio de la campaña electoral municipal 2019-2020 computaba un total de 144 partidos, de los cuales 93 equivalente al 64,58% están inscritos a escala cantonal; 23 correspondiente a un 15,97% a nivel provincial y 21 de carácter nacional, lo que representa un 14,58% del universo de agrupaciones políticas.

Nótese que la mayoría de los partidos son de alcance local, lo que refuerza la hipótesis de que su creación parece responder a la conjugación de dos variables opuestas. A saber: la debilidad de los partidos políticos en términos de aceptación y legitimación social y la obligatoriedad de ser los vehículos de representación política ante los órganos de poder político público.

Dada la imposibilidad de acceder a cargos desde otra trinchera o de forma individual, se busca entonces emplear opciones partidistas distintas a las existentes, partiendo de la premisa de que son aquellas, especialmente las de orden nacional con mayor trayectoria en el devenir político costarricense, las que son impactadas con los elevados índices de desaprobación ciudadana. En otras palabras, el 57% de los que afirman no apoyar a ningún partido y la mala ubicación de la figura del partido político en la percepción de confianza es atribuido directamente a los partidos políticos que han tenido mayor protagonismo en la praxis política costarricense durante la coyuntura histórica en la que se han producido tales indicadores.

En consecuencia, especialmente en elecciones de carácter local, ante la imposibilidad de vehiculizar una candidatura de forma distinta a la ordenada por la norma, se opta por la creación de partidos políticos a ese nivel.

Agréguese a ello una sostenida crítica por parte de actores locales al desinterés o poca atención dada desde los partidos políticos nacionales, a las agendas y dinámicas políticas locales, reflejando la cultura centralista impregnada en el Estado costarricense y se configura el caldo de cultivo legitimador de los partidos políticos cantonales.

Súmese a ello, la flexibilidad otorgada por el propio ordenamiento jurídico, como factor potenciador de la proliferación de tales agrupaciones.

El inciso e) del artículo 60 del Código Electoral establece que con 500 adhesiones a escala cantonal; 1.000 a nivel provincial y 3.000 en todo el territorio nacional respectivamente, es suficiente para conformar partidos en los tres ámbitos territoriales de acción referidos.

Tal facilidad ha sido también capitalizada por liderazgos pertenecientes a partidos políticos existentes que deciden escindirse de aquellos, constituyendo nuevos colectivos. A manera de ejemplo lo observado tras los comicios nacionales de 2018, cuando de los partidos Movimiento Libertario y Restauración Nacional, se desprendieron fracciones que crearon las agrupaciones Unidos Podemos y Nueva República respectivamente.

En medio de ese panorama caracterizado por devaluación de la marca partido y atomización del sistema de partidos políticos, un proceso electoral municipal como el que actualmente vive la sociedad costarricense, comporta complejos desafíos para quienes, empero por mandato legal, siguen siendo protagonistas del proceso.

Los partidos nacionales acusados de dejar como última prioridad en su radar lo local, tienen el reto de neutralizar tal valoración, reforzada por dirigencias disidentes que se suman al menú variado de ofertas locales, desde donde buscan movilizar voluntades electorales. Pero en el intento de reversar tal imagen, no pueden obviar su carácter nacional, lo que les obliga a mantener su mira bifurcada. Por una parte, deben atender los requerimientos propios de un proceso electoral complejo, que en la práctica es la suma de 82 procesos diferenciados y simultáneos; pero a la vez deben mantener una visión panorámica global, con un foco ubicado a dos años plazo, justamente cuando compitan por los cargos públicos de alcance nacional.

En la presente campaña municipal implica entonces manejar dos ejes conceptuales en forma conjunta. A saber: desde lo local y en lo inmediato, en cada microterritorio deben impulsar en su base partidaria y más allá de esta, a los liderazgos que aspiran a acceder a los 6.138 puestos sometidos a escrutinio ciudadano. De forma complementaria deben preservar su marca nacional y potenciarla de cara las elecciones nacionales programadas en 2022. Esto último desde distintas aristas: la organizativa, la comunicacional y la programática.

Alcanzar un equilibrio entre dos dimensiones superpuestas, de manera que la identidad global del colectivo no se pierda, pero tampoco se diluya en las subidentidades partidarias a nivel local, es, en definitiva, su gran reto.

Intentando dar respuesta a una de esas dimensiones, dos de las agrupaciones políticas más longevas y con mayor dominio en materia de cargos municipales alcanzados, como lo son el Partido Liberación Nacional y el Partido Unidad Social Cristiana, implementan en los albores del presente proceso electoral, sendas campañas en materia de comunicación que persigue mantener la marca partidaria vigente y visible, a través de lo que sus propias autoridades formales designan “concepto sombrilla”.

En el caso de los verdiblancos con la campaña intitulada “Si Liberación vuela alto, Costa Rica también” y los socialcristianos con su equivalente bajo el lema “Con los pies en la tierra”.

Aún es prematuro para medir si tales apuestas lograrán el objetivo propuesto. Lo que sí deja al descubierto ambas campañas, es la ausencia aún de un complemento que atienda la otra dimensión del doble desafío: la potenciación de la visibilidad de los liderazgos locales que, enarbolando las banderas de ambas agrupaciones, persiguen movilizar votos para sus causas.

Los partidos subnacionales, especialmente los cantonales, poseen muchos desafíos inherentes a su propia naturaleza y al marco legal nacional vigente. Este último, si bien proclive a su gestación y consolidación como se indicó antes, comporta una serie de restricciones que les tornan más complicado su gestión en una campaña electoral. A manera de ejemplo, el actual proceso, a diferencia de su par nacional, no consigna el financiamiento adelantado con recursos públicos. A ello se agregan otros déficits observados también en comicios nacionales, entre las que destacan las dificultades de acceso a medios de comunicación, lo que el propio Tribunal Supremo de Elecciones ha definido como “inequidad en la contienda electoral”.

En su ámbito interno, los partidos cantonales tienen una serie de retos definidos en función de sus propias especificidades. De los 93 partidos de hoy, tan solo cuatro poseen peso político específico, traducido en acceso al cargo local de mayor proyección mediática como lo es la alcaldía municipal.

E incluso estos cuatro partidos en sí mismos muestran diferencias sustanciales en la forma en que consiguieron su objetivo, que a su vez, los configura y determina.

En concreto dos de estos: Yunta Progresista Escazuceña y Curridabat Siglo XXI son dos agrupaciones locales consolidadas en sus áreas de jurisdicción con varias elecciones ganadas de manera consecutiva, donde incluso pueden ya percibirse como las fuerzas políticas a vencer, aún por encima de partidos nacionales de tradición.

Por su parte el Auténtico Limonense, otrora desconocido, surge a la palestra del protagonismo a través de su alianza estratégica con un liderazgo local proveniente de una fuerza nacional existente. De esta manera asumiendo el papel de “partido franquicia” logra salir del anonimato y hoy incluso amplió su ámbito de acción pasando del Cantón Central de Limón a la provincia del Caribe en su totalidad.

Otra fuerza que siguió los pasos del Auténtico Limonense, en términos de asociarse con un liderazgo consolidado para alcanzar éxito en las elecciones municipales, como lo fue Alianza por San José en Cantón Central de San José, empero no corrió la misma suerte que su colega limonense. En este caso, tan sólo a un año y un mes de haber asumido la Alcaldía de la capital a través del reconocido dirigente Johnny Araya Monge, observa como su titular les abandona formalmente y con él, una parte de sus regidores migran a las tiendas del Partido Liberación Nacional, su anterior partido.

En este caso Alianza por San José se convirtió en un “partido taxi”, del cual usufructuó el hoy nuevamente aspirante verdiblanco a la reelección en la Alcaldía josefina.

Pero además los partidos locales, en función de su origen, sea por segregación de fuerzas existentes; sea por creación a cargo de liderazgos comunales deseosos de priorizar la agenda de lo local en la dinámica política de sus cantones, tendrán desafíos propios inherentes a las condiciones que recrearon su surgimiento.

En el primero de los casos, el desafío es ser perdurables y trascender la razón negativa principal que animó su génesis. Constituirse en una alternativa con identidad propia que no esté supeditada a posibles reacomodos de fuerzas que implique, como en el caso del hoy Alcalde de Cantón Central de San José y su dirigencia, un retorno al partido del que se separó.

En el segundo caso, uno de sus principales retos específicos, es la sujeción a un proceso de maduración política de su dirigencia, usualmente ambientada a escenarios con lógicas y prácticas ajenas a lo político. Ello empero sin caer en la burda reproducción de la praxis política reprobada por la ciudadanía, tal y como lo reflejan los datos indicados al principio.

Maduración que implica también consolidación de la identidad partidaria en todas sus dimensiones, especialmente la programática, pero evitando caer en la lógica del reduccionismo, que tienda a sobredimensionar el ámbito natural de su actuar, no reconociendo la interrelación existente entre aquel y el resto del país del que hace parte.

En definitiva, ser partidos distintos a los existentes, buscando su identidad propia y consolidando una marca que les permita, emulando a los referentes Curridabat Siglo XXI y Yunta Progresista Escazuceña, entendiendo que su praxis política concreta, si bien local en lo inmediato, posee una vinculación directa con los estamentos regional y nacional y no puede sustraer su norte de mira de tal condición.

Con distintos contenidos, matices y alcances, las y los partidos políticos que participan en el proceso electoral municipal 2019-2020 enfrentan desafíos múltiples que van más allá de los aparejados por el propio proceso electoral.


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