Lunes 18 de Noviembre, 2019

En busca de sentido

Reflexiones

16 de octubre, 2019

Juan Luis Mendoza

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Con respecto al sufrimiento, Frankl afirma que “no es siempre un fenómeno patológico; más que un síntoma neurótico, el sufrimiento puede muy bien ser un logro humano, sobre todo cuando nace de la frustración existencial”.

Y añade: “La frustración existencial no es en sí misma ni patológica ni patógena. El interés del hombre, incluso su desesperación por lo que la vida tenga de valiosa es una angustia espiritual, pero no es en modo alguno enfermedad mental”.

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Si el especialista confunde ambos, es lo más probable que se vea inducido simplemente a combatir el mal a base de pastillas tranquilizantes. Por el contrario, lo aconsejable es que se dedique a conducir al paciente de angustia existencial a través de un progresivo conocimiento y desarrollo de su ser que, en el fondo, lo que busca, y de lo que padece, es el sentido de vida.

En efecto, la logoterapia tiene como cometido ayudar al paciente a encontrar ese sentido de vida. Logo equivale a “sentido”. Y Frankl explica que “en cuanto la logoterapia le hace consciente el logos oculto en su existencia, es un proceso analítico. Hasta aquí la logoterapia se parece al psicoanálisis.

Ahora bien, la pretensión de la logoterapia de conseguir que algo vuelva otra vez a la conciencia no limita su actividad a los hechos instintivos que están en el inconsciente del individuo, sino que también le hace ocuparse de realidades espirituales tales como el sentido potencial de la existencia que ha de cumplirse, así como de su voluntad de sentido”.

Es decir que el análisis, todo análisis, aún en el caso de que no comprenda la dimensión noólogica o espiritual (en el sentido que damos aquí al término), en el proceso terapéutico contribuye a que el paciente sea consciente de lo que anhela en lo profundo de su ser. La logoterapia, al fin, considera al ser humano como alguien cuyo principal interés es cumplir un sentido y realizarlo sobre la base de principios morales y espirituales.

Viktor E. Frankl advierte que “la búsqueda de ese sentido y de esos principios puede hacer de una tensión interna, no de un equilibrio interno”. Y añade inmediatamente, “ahora bien, precisamente esa tensión es un requisito indispensable de salud mental. Y yo me atrevería a decir que no hay nada en el mundo capaz de ayudarnos a sobrevivir, aun en las peores condiciones, como el hecho de saber que la vida tiene un sentido.

Hay mucha sabiduría en Nietzsche cuando dice: “Quien tiene un por qué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”. Nuestro autor podría muy bien confirmarlo por su experiencia en los campos de concentración nazis por él personalmente soportados.

Y añade el testimonio de psiquiatras norteamericanos que, tanto en Japón como en Corea, afirman que “los más aptos para la supervivencia eran aquellos que sabían que les esperaba una tarea por realizar”, después de su liberación.

Seguimos, Dios mediante, otro día.


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