Miércoles 20 de Noviembre, 2019

Alto a la ansiedad

21 de octubre, 2019

Delia E. Villalobos Álvarez M.S.c.

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La Clínica Mayo describe que la ansiedad provoca: “Sensación de nerviosismo, agitación o tensión, sensación de peligro inminente, pánico o catástrofe, aumento del ritmo cardíaco, respiración acelerada (hiperventilación), sudoración, temblores, debilidad o cansancio, problemas para concentrarse o para pensar en otra cosa que no sea la preocupación actual, problemas para dormir, problemas gastrointestinales, dificultades para controlar las preocupaciones y para evitar las situaciones que la generan”.

Muchas personas, al igual que usted y yo, hemos experimentado algunos de estos síntomas y no la hemos pasado nada bien, pues efectivamente provocan pérdida de bienestar y problemas de salud.

La evidencia la aporta la Organización Mundial de la Salud al reportar que en el 2017 unos 60 millones de personas en el planeta refirieron trastornos asociados a esta emoción, calificada por algunos como enfermedad mental, que, sin tregua, se atraviesa en el ciclo de vida para provocar desequilibrio y malestar.

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La ansiedad se dibuja de diversas maneras, algunos especialistas la definen como “un mecanismo natural de protección, un sistema psicológico de alerta que anticipa posibles amenazas con el fin de evitarnos futuros problemas. (…) como un estado de inquietud, que supone miedo y estrés a la vez, cuando el peligro no está presente”.

Otros la conceptualizan como una emoción que no necesariamente hace daño, recomiendan que, si se experimenta, se vigile, se detalle lo que ocurre y se deje pasar para prevenir una crisis.

La ansiedad, perfila Zucker, “se eleva por encima de lo que se consideraría una respuesta normal a un miedo y, a menudo, continúa después de que la posible amenaza o el incidente haya desaparecido. La persona sigue preocupándose por algo que ya ocurrió… El cerebro no puede dejarlo pasar”.

En el caso de las personas adultas mayores múltiples situaciones las retan derivando ansiedad: preocupaciones cotidianas, cambios que ocurren con el paso de los años en la dimensión física, emocional, social y económica y las relaciones familiares, entre otras, según define Ferrando, constituyen riesgos que pueden ir más allá de la ansiedad generalizada y robarles estabilidad emocional y por ende salud.

La Asociación de Ansiedad y Depresión de Estados Unidos plantea que el trastorno de ansiedad más común entre los adultos mayores es la ansiedad generalizada, una condición que se caracteriza por sensación frecuente de preocupación por una amplia gama de cosas. Anotan que es frecuente encontrar personas adultas mayores con fobias destacando la agorafobia, ese miedo que algunos experimentan de compartir espacios con gran cantidad de personas, y la fobia social.

La ansiedad puede seguirte todo el curso de vida, los que estudian esta enfermedad mental señalan que puede tornarse en enfermedad crónica con limitación del funcionamiento de las personas "Se interpone en el camino de llevarse bien con otras personas, tanto para conocer gente nueva como para mantener las relaciones existentes", afirma Timmons-Mitchell, profesora de psiquiatría en la Facultad de Medicina de Case Western Reserve University.

Los expertos coinciden en que la angustia es una especie de fobia a no tener el control ni conocer qué puede pasar o qué puede afectarnos. Nardone lo explica como “el abismo del descontrol”.

La angustia no solo provoca los síntomas que anotamos, según Oliveros, afecta el sistema inmune; modifica cromosomas; provoca cefaleas, pérdida de memoria, mareos; dolor abdominal, gastritis, diarrea y estreñimiento; taquicardia, hipertensión, palpitaciones; aumento de la frecuencia respiratoria, tos, rinitis; sudoración, hormigueo, eccemas, caída del cabello; micción frecuente, eyaculación precoz, impotencia y frigidez… supone un desgaste físico que favorece enfermedades”.

Pero no todo son noticias negativas, cambiar el estilo de vida puede variar el rumbo de esta condición. Los conocedores recomiendan caminar, nadar, hacer bicicleta, bailar y muchos más, cambiar los estados emocionales, sintonizar el optimismo, compartir con muchas personas y grupos, descubrir las actividades, personas y lugares que te hacen fluir, escribir soluciones para los problemas, dormir bien, practicar la relajación y la respiración profunda.

También se recomienda la educación emocional, los medicamentos y la psicoterapia que requiere acudir a especialistas que realicen la intervención.
Ponga alto a la ansiedad, vístase de optimismo, muévase, participe y desarrolle competencias emocionales, para vivir más y vivir mejor.

*Catedrática jubilada UNA



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