Viernes 22 de Noviembre, 2019

Agua, vida, Costa Rica y poder mundial

04 de noviembre, 2019

Cristian Ramírez / estudiante

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Aunque hace algunos años se establecía, incluso desde el sistema educativo, que el agua era un recurso inagotable, lo cierto es que, mediante evidencia científica, eso ha quedado desmentido. Y para colmo de nuestras tragedias modernas, como alguna vez pronunció el escritor catalán Jaume Perich Escala: “la bebida más peligrosa es el agua, te mata si no la bebes".

El problema del agua no solo se puede abordar desde las desigualdades en su acceso, uso y tratamiento, sino también, políticamente, a partir de las circunstancias hidrológicas que se viven hoy en diversas latitudes del mundo y la incidencia cotidiana que esto genera sobre la vida de millones de personas.

El Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos 2019, recientemente publicado por la Unesco, ha señalado que “desde los años 80 del siglo pasado en todo el mundo ha venido aumentando en un 1% anual el uso del agua, esto, principalmente por el aumento poblacional y el cambio en los modelos de producción y consumo”.

Asimismo, nos dice este informe que “la demanda mundial de agua se espera que siga aumentando a un ritmo parecido hasta 2050, lo que representa un incremento del 20 al 30% por encima del nivel actual de uso del agua y más de 2.000 millones de personas viven en países que sufren una fuerte escasez de agua”. No podemos olvidar que estos datos y advertencias, como si no fuesen de por sí ya desalentadores, según reiterada evidencia científica, pueden intensificarse a medida que aumenten los efectos del cambio climático.

¿Y Costa Rica? Según el Minae mediante datos de su Proyecto Humedales del 2016, Costa Rica es considerada como una de las naciones con la mayor riqueza hídrica del Continente Americano. “El potencial hídrico superficial y subterráneo se evidencia en todas las 34 cuencas hidrográficas que posee el país, al disponer de poco más de 113.1 km cúbicos anuales de volumen de agua, de los cuales 73 km cúbicos corresponden a la escorrentía superficial, y alrededor de 40 km cúbicos a la recarga natural de acuíferos. Además, el 7% del territorio nacional está cubierto por humedales”.

¡Somos potencia hídrica! Aunque desdichadamente, este potencial no haya sido asumido en la conciencia de la mayoría de costarricenses. No olvidemos que la conciencia nace de la carencia, y ciertamente, a pesar de que ya sufrimos algunos impactos, todavía no estamos en un punto crítico de carencia de nuestro recurso hídrico. ¿Necesitamos la intensificación de una crisis hídrica para interiorizar el trillado adagio de que “el agua es vida”?

Este panorama nos permite, como costarricenses, pensar que en un futuro en el que el barril de agua se cotice como lo hace hoy el barril de petróleo, entonces parece posible que los más de 134 conflictos por el agua que, según el Estado de la Nación, hemos sufrido en la última década a nivel nacional, puedan trascender a un plano internacional, siendo Costa Rica un epicentro.

Para dimensionar mejor el impacto del agua desde sus consecuencias sociales, políticas y económicas a nivel mundial, nos dice el Informe de la Unesco que “entre 1995 y 2015 solo las sequías representaron el 5% de los desastres naturales, y afectaron a 1.100 millones de personas, matando a 22.000 más y causando daños por 100.000 millones de dólares”. ¿Seremos en Costa Rica el Dubái del agua?, ¿ya nos dimos cuenta de nuestro potencial hídrico?, ¿cómo vamos actuar ante esto?, ¿podremos como país con esta responsabilidad?

Los conceptos de seguridad hídrica y seguridad alimentaria, ante las inclemencias del cambio climático, como la sequía, se volverán cada vez más en una necesidad de las personas y los Estados, en la medida en que se vaya notando, todavía más, sus efectos y carencia.

Por todo esto, la clave radica en que los gobiernos, empresas, ONG y sociedad en general tenga la capacidad de prospectar que “la guerra mundial del agua” es algo que, al parecer, pronto saldrá de las teorías de los libros para situarse a la vuelta de la esquina, y Costa Rica, para bien o para mal, puede ser protagonista de este constante reto que tenemos como humanidad.

*Estudiante de Relaciones Internacionales, UNA



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