Miércoles 05 de Agosto, 2020

¿En qué momento se inicia un femicidio?

11 de noviembre, 2019

Paula García

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El tema de los femicidios se ha popularizado en los últimos años. En nuestro país cientos de mujeres mueren en manos de sus parejas sentimentales, o fallecen como producto de una cadena de asesinatos que provienen de esa misma línea.

Justo en ese punto se quedan los medios, es donde la publicidad vende, las redes sociales invitan a poner hashtags icónicos como “#ni una menos", es hasta ese punto donde la política vende y aprovecha esa tragedia convirtiéndola en el perfecto distractor social para seguir adoctrinando con ideas falsas.

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El femicidio se queda ahí, en las marchas, en las noticias amarillistas que juegan con el dolor de las familias y que usan la sensibilidad de aquellas personas que se ven identificadas, empiezan a darse comentarios en las redes en defensa de las víctimas que no fueron ayudadas ni vistas a tiempo y la gente se sorprende si la chica asesinada tenía estudios universitarios o si era “estudiada”.

Y el problema sigue ahí, vivo, sangrando y abriendo trillos para los agresores que cada vez descubren nuevas maneras de vulnerar, entre la ignorancia y la conmoción social, porque se empiezan a escuchar programas en televisión y radio sobre “el femicidio”, la cultura patriarcal, lo machistas que son todos los hombres y lo peligrosos que pueden ser y la importancia de “empoderarse como mujeres”.

Si lo vemos a grosso modo suena noble, correcto y muy interesante todo este tema, pero al final nadie está hablando realmente de soluciones, seguimos dando vueltas en círculos sobre el problema, por eso nada mejora.

¿Será que nadie se ha preguntado en qué momento se inicia el feminicidio? La respuesta obvia, y casi grosera, sería cuando un hombre mata a una mujer con la que tenía o tuvo una relación de pareja, y en eso recae el error, porque el femicidio empieza mucho antes incluso de que esa mujer conozca a su asesino.

El femicidio nace en 3 lugares diferentes, y cuando los 3 se conjugan se detona la tragedia: el primer lugar es en el grupo nuclear de esa persona, o sea, su casa, su familia, porque resulta que no solo compete a las mujeres, sino a los hombres. Si en la familia la niña creció sintiéndose la princesa, pero tuvo carencias afectivas de sus figuras simbólicas (padre y madre) o su equivalente, no necesariamente que no los tuviera, sino que estos fueran ausentes, donde obtuvo siempre lo material que ocupó o por el contrario resultó totalmente olvidada, es posible que esa mujer crecerá con esa ausencia y es probable que busque en su edad adulta quién cubra ese vacío, si desconoce que lo tiene.

Si hablamos de un hombre que fue criado por figuras simbólicas (padre, madre o sus equivalentes) haciéndole creer que era el rey, que se merecía todo y quería imponerse a la autoridad sin reglas o límites o, por el contrario un hombre con figuras déspotas que lo defraudaron al punto de hacerlo sentir basura, y ese hombre no es consciente de su historia ni de sus marcas emocionales, es probable que esas heridas llevarán a ese hombre a la idea de querer cobrar venganza o repetir patrones de control en su edad adulta.

El segundo lugar es en sí mismo, porque tanto ese perfil de hombres como de mujeres en muchos casos termina por involucrarse en relaciones no sanas, y no se trata de pensar que en una relación de pareja no haya problemas, pero los miembros deben saber resolverlos, con respeto, con amor propio y, si no es sostenible la relación, aunque duela, tener la madurez y la entereza para terminarla.

Solo que eso no ocurre, es común escuchar, especialmente en adolescentes y adultos jóvenes, el típico cuento de las relaciones abiertas, de no atarse y de amigos con derechos, entonces en realidad no existe un espacio personal para construir una idea sana de pareja, porque lo que no sirve se descarta y esto se aplaude socialmente.

Ahora una mujer es empoderada si no sabe cocinar o efectuar otras labores que tradicionalmente se consideran femeninas, si puede pagar la salida en la cita con el fulano, pero nadie ve que el verdadero empoderamiento significa tomar decisiones de lo que quiero o no hacer y, con esa misma entereza, no aceptar mensajes controladores o exponerse a relaciones, si se les puede llamar así, den que se se les degrade como objetos sexuales con el cuento de ser dueñas de su cuerpo, porque entonces ¿de qué sirve ser dueña de tus finanzas, de tus elecciones en oficios domésticos y de con quién denigrar el cuerpo si no sos capaz de controlar tu mente y ser dueña de tus emociones sino que sos codependiente al 100% cuando “por fin aparece el príncipe azul”?

¿De qué sirve que sean hombres muy atractivos, temerarios o galanes si solo piensan en cómo hacer que la “mujer empoderada” les levante el ego y la autoestima, si no son capaces por sí solos de valorarse y respetarse a sí mismos, no midiéndose por lo que tienen o lo que ganan o lo “machitos” que son controlando lo todo, o la cantidad de chicas que pueden llevar a la cama?

Ahí nacen los femicidios: en casa, en sí mismo y la falta de amor propio y, el último lugar, pero no menos importante, en el Estado, que sigue liberando golondrinas, que se hace de la vista gorda en el plano de mano dura a quienes muestran indicios y conductas de riesgo, que no educa a tiempo a la ciudadanía para que no pase por alto o justifique actos de agresión pasiva que empiezan muy sutiles, tanto que si no observamos con detenimiento podríamos tener en nuestras vidas un futuro femicidio más cerca de lo que imaginamos.

Así que ahora que ya sabe dónde nacen los femicidios, sea observador/a, cuide sus relaciones, valórese a usted mismo, que nadie vale la pena lo suficiente como para denigrarse como ser humano, pida ayuda, conózcase a usted mismo/a antes de iniciar una relación amorosa, eso podría salvar vidas.



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data recovery (28/06/2020)

Espero más información de este artículo. Gracias por un gran articulo 2020