Jueves 05 de Diciembre, 2019

La transitoriedad

Reflexiones

27 de noviembre, 2019

Juan Luis Mendoza

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Atención a esta afirmación de Viktor E Frankl: “Nunca me cansaré de decir que el único aspecto transitorio de la vida es lo que en ella hay de potencial y que en el momento en que se realiza, se hace realidad, se guarda y se entrega al pasado, de donde se rescata y se preserva de la transitoriedad. Porque nada del pasado está irrecuperablemente perdido, sino que todo se conserva irrevocablemente”.

Y esto otro: “De suerte que la transitoriedad de nuestra existencia en modo alguno hace a ésta carente de significado, pero sí configura nuestra responsabilidad, ya que todo depende de que nosotros comprendamos que las posibilidades son esencialmente transitorias”. Es decir, que el ser humano, usted, yo, todos y cada uno, está constantemente y en todas partes ante la oportunidad de elegir y realizar aquello que es para su bien o dejar pasar esa oportunidad o, peor aún, elegir y realizar lo contrario, lo que es para su mal.

Lea: La actitud cuenta

Frankl se pregunta, a propósito, “¿qué elección será una realización imperecedera, una huella inmortal en la arena del tiempo?”. Obviamente la respuesta depende de cada quien, es responsabilidad individual, única e irrepetible. Nuestro autor concluye: “En todo momento el hombre debe decidir, para bien o para mal, cuál será el monumento de su existencia”.

Como si se tratase de una cosecha, normalmente el ser humano se fija solamente en la rastrojera de lo transitorio sin reparar en el fruto de lo recogido en el pasado “de donde”, advierte nuestro autor, “de una vez por todas, él recupera todas sus acciones, todos sus goces y sufrimientos”. Y concluye: “Nada puede deshacerse y nada puede volverse a hacer. Yo diría que haber sido es la forma más segura de ser”. A pensarlo, pues, y a ser consecuentes con la doctrina.

El hecho de tener en cuenta la transitoriedad de la existencia humana no ha de movernos al pesimismo sino a un activismo sano, esperanzador, gozoso. No mirar hacia atrás y lamentarse de cómo ha pasado y sigue pasando el tiempo, sino valorar ese paso en el que se ha aprovechado y se sigue aprovechando para bien, de acuerdo a elecciones hechas correctamente y realizaciones gratificantes y enriquecedoras. Aquí el dicho de la liturgia de exequias: “Dichosos los muertos que mueren en el Señor. Que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan”.

Si se vive como Dios manda, como conviene, se puede afirmar lo que escribe Frankl: “En vez de posibilidades yo cuento con las realidades de mi pasado, no sólo la realidad del trabajo hecho y del amor amado, sino de los sufrimientos sufridos valientemente. Estos sufrimientos son precisamente las cosas de las que me siento más orgulloso, aunque no inspiren envidia”. Dichosos los ancianos o no tanto que puedan decir lo mismo. ¿Y usted?, joven aún, a tenerlo en cuenta.

Dios mediante sigo con el tema, otro día.



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