Martes 04 de Agosto, 2020

Destellos peligrosos

Mauro Fernández / sexólogo05 de diciembre, 2019 | 06:04 AM

Los niños son nuestros ojos. Recordarlo es muy importante, porque, a lo largo de la historia de nuestro país, los niños han ocupado el centro de nuestra atención. No se crea que esto es así en todo el mundo. En otros países, los niños no son bienvenidos y muchas parejas los consideran una carga y a veces un estorbo. En algunas latitudes, hasta se paga para que las parejas traigan niños al mundo.

En nuestro país, los niños siempre ocuparon un lugar privilegiado, tanto que podríamos decir que estaban al margen de los silogismos legales y de los sofismas burocráticos tan característicos de nuestra sociedad. La salud y la seguridad infantil eran un asunto de Estado, eran una prioridad de la nación y un orgullo nacional.

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Desdichadamente, esta realidad fue cambiando. Los hombres sabios dejaron de marcar el devenir del país y se fueron perdiendo tantos logros que, como sociedad, habíamos alcanzado en materia de seguridad infantil.

Ese es el caso de la pólvora. Hace unos cuarenta años, las autoridades en salud alertaron a la colectividad sobre el número creciente de niños que eran víctimas de los juegos pirotécnicos. Las autoridades de esa época prohibieron totalmente la venta de pólvora a nivel nacional y esas quemaduras que “duelen para toda una vida” dejaron de ser parte de nuestra realidad.

Sin embargo, los mercaderes de inmediato comenzaron a presionar, para que, en el nombre de la libertad de comercio, se permitiera nuevamente la venta de  pólvora, alegando que jamás la venderían a menores. Ya llevamos varios años con esa nueva permisividad. Hoy la pólvora se vende en cada esquina y hoy, con cada celebración de la Inmaculada Concepción de la Virgen, tenemos que contar las múltiples quemaduras de nuestros infantes.

Por eso, es fundamental que, como padres, estemos alertas en estos días cuando la pólvora se vuelve parte de la realidad de muchos infantes, quienes atraídos por las fantásticas luces de colores o por sus fuertes detonaciones, son víctimas de sus nocivos efectos.

Recordemos que, si no contamos con una legislación pertinente, si no contamos con autoridades sabias, tenemos que redoblar esfuerzos en nuestra casa para evitar que nuestros niños sean presa fácil del voraz fuego. Es poco lo que usted y yo podemos hacer por los niños de Costa Rica, pero es mucho lo que podemos hacer por nuestros hijos.



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