Lunes 20 de Enero, 2020

Aprender a dar gracias

09 de diciembre, 2019

Delia E. Villalobos Álvarez M.S.c.

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Es increíble que agradecer depare tantos beneficios y pueda cambiar tanto la vida, es poner en práctica aquello que padres y abuelos repetían de “ser agradecido es de bien nacido” y que muchas veces me devolvía donde tías, primos, hermanos y vecinos cuando omitía la gratitud por tanto que compartían y nos alegraba.

Los que escriben sobre este tema han recopilado importante evidencia de investigadores y universidades que plantean beneficios que sorprenden.

Algunos describen la gratitud como don, otros como valor, algunos como bien del ser humano y también, como emoción saludable de esas que siempre cautivan.

Lo importante del asunto es que sin detenernos a clasificarla sabemos por experiencia propia, que nos hace sentir bien cuando la expresamos y cuando nos la regalan.

En mi opinión es una emoción que deriva de ver la vida desde el optimismo, desde tanto bueno que recibimos, desde la visión que desecha la negatividad y la maldad que se viste de formas bonitas para hacernos caer en el pesimismo, la desesperanza y mucho más.

Robert Emmons, investigador de este sorprendente tema, la define como “una profunda sensación de asombro, agradecimiento y aprecio por la vida”.
Los conocedores del tema aducen que son muchos los beneficios que deriva, afirman que se trata de prácticas cotidianas de personas que afinan sentidos y sentimientos y logran ofrecer a los demás, acciones y actitudes maravillosas.

Son personas con las que compartimos o que ni siquiera conocemos, pero son capaces de hacer y de dar, algunos con aportes muy simples, casi imperceptibles, pero no menos valiosos, y otros más grandes e impactantes.

A lo que agregamos expresado por Sánchez “es importante darnos cuenta de las cosas significativas, buenas y positivas que tenemos en nuestra vida. La primera condición para ejercer la gratitud es la apreciatividad: necesitamos ser capaces de distinguir y resaltar aquello que consideramos valioso”.

La visión de estos especialistas llama a la reflexión porque es fundamental ubicarse en la realidad, sin centrarse en tanto que socaba la paz, la estabilidad, la seguridad, la salud, la armonía y tanto que añoramos. Concretar la “apreciatividad” que describe Sánchez es encontramos en cada día, miles de razones para agradecer: el amanecer, el cielo, el sol, la convivencia, los alimentos, la respiración, el entorno, la naturaleza, los colores, las sonrisas, las palabras, descubrir que faltan palabras para agradecer y que, en ocasiones, casi estallan dentro de nosotros por no dejarlas salir.

Agradecer es una de las habilidades sociales de la educación emocional que describe Bisquerra y que se educa en los niños y en la pre adolescencia, pero que luego con el mayor de las indiferencias desechamos, asumimos la gratitud como una obligación que los demás deben dispensar, sin reciprocidad, aunque se pierda tanto bienestar que puede cambiar la vida.

Razón lleva Bisquerra al insistir en que la educación emocional es permanente, debe darse en todo el curso de vida, pues la gratitud según las investigaciones tiene impacto en la salud y el bienestar físico, mental y social.

En los estudios de Emmons y McCullough, se anotan a la gratitud importantes beneficios: prevenir la soledad y el aislamiento, mejorar las relaciones con los otros, mejorar la gestión de emociones saludables, generar más felicidad, lograr estrategias efectivas de afrontamiento, adaptarse mejor a los cambios, aumentar la energía, mejorar la salud cardiovascular, los hábitos del sueño y otros.

Por su parte Northrup, “concluyó que ocurren muchos cambios fisiológicos benéficos en nuestro cuerpo cuando sentimos gratitud…
    Mejora la calidad de la respiración, al volverse más profunda.
    Descenso de los niveles de cortisol, la hormona del estrés, pues fortalece el sistema inmunológico.
    Se relajan las arterias coronarias, lo que mejora el flujo sanguíneo.
    Se armoniza el ritmo cardiaco, y la presión arterial lo que tiene efectos positivos sobre nuestro carácter”.

Sin dejar el estudio de la Universidad de Georgia, que comprobó que… “la gratitud es un ingrediente clave para mejorar la vida en pareja. … que sentirse apreciado y valorado por la pareja influye de forma directa en la percepción personal de la relación, el interés por ella y en la creencia de que será perdurable”.

Como si no fuera suficiente, la evidencia del Centro de Investigación de Conciencia de la Atención Integral de la UCLA confirmó que “expresar gratitud cambia literalmente la estructura molecular del cerebro, mantiene la materia gris funcionando y nos hace más saludables y felices. Cuando sientes felicidad, el sistema nervioso central se ve afectado. Eres más pacífico, menos reactivo y menos resistente. Y la gratitud es la práctica más efectiva para estimular los sentimientos de felicidad”.

¿Verdad que vale la pena llevar la gratitud por donde caminamos? Darse permiso de sentirse mejor y hacer sentir muy bien a los demás, póngalo en práctica y así, usted y yo podremos vivir más y vivir mejor.

*Catedrática jubilada UNA



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