Lunes 20 de Enero, 2020

Los medios sociales como campo de batalla de la Democracia

12 de diciembre, 2019

Amber Douba

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No hay duda que nos encontramos en un contexto político y social polarizado, donde los costarricenses sacan el alma y la bilis para defender sus puntos de vista o valores en una batalla por "comments", "me gusta" y "compartir". Algunos con mucha pasión y otros con mucha rabia y odio.

Con el siguiente artículo de opinión, quiero reflexionar sobre este campo de batalla que ofrecen los medios sociales como plataforma democrática en el que hace falta experiencia y reglas de juego. Muchos han expresado su crítica y preocupación sobre el caos y descontrol en los medios sociales. Quiero, sin embargo, enfocar en lo positivo de este campo de batalla.

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¿Cuánto nos venimos quejando de que el pueblo no tiene voz, de que solo el poder estatal, económico, académico o los medios de comunicación pueden influir en el desarrollo de nuestra sociedad y la opinión pública? Ahora cualquier persona en cualquier lugar, eso sí con acceso a internet y algún dispositivo, pueden tener una gran influencia en nuestro quehacer cotidiano.

Esto para mí es la máxima expresión de la democracia; de la libertad de expresión y de la participación ciudadana. Desde un vecino que denuncia la mala praxis del gobierno local, pasando por las críticas sobre las propuestas de leyes y políticas públicas, discusiones sobre feminismo, aborto, seguridad ciudadana, hasta el debate moral sobre cómo debería ser nuestra convivencia ciudadana. ¡Y los políticos nos escuchan! Claro, lo usan a su favor, no hay duda, pero cuándo en la historia de la humanidad un simple ciudadano ha tenido tanto poder.

Hago un paréntesis aquí y les recuerdo que, en el país vecino, Nicaragua, esta libertad no existe. Cualquier comentario o publicación que hagas en contra del régimen, le puede costar la paz, libertad e incluso la vida. Regresando a Costa Rica, ¿para qué sirve?, me pueden preguntar. Bueno, porque para mí, es necesario que todos nos apropiemos de nuestro rol político, que expresemos nuestra opinión, nuestra necesidad, nuestra prioridad. Necesitamos defender nuestros derechos.

Uno de los mayores retos al que estamos enfrentados como sociedad es la desigualdad, es decir la concentración de los recursos y las ventajas de vivir en una democracia, para unos pocos.  Mientras que gran parte de la población sufre de desempleo, violencia, inseguridad, enfermedad, incluso hambre, otra parte, mucho más pequeña, pasa tomando café latte en avenida Escazú, en los conciertos en Parque Viva, en los yates de la Marina de Los Sueños o debatiendo si ir a un Safari a África o mejor hacer un tour cultural por Asia. Esto no es una crítica a este segundo segmento de la población, solo quiero ejemplificar la desigualdad existente. De ninguna manera, cuando ves los extremos de esta fórmula, es decir, una persona muriendo de hambre versus una persona que jamás en su vida podrá gastar el dinero que tiene, puede llamarse una sociedad justa e igualitaria.

El problema es que la mayoría nos encontramos en el medio, es decir siempre hay personas que tienen mucho más y mucho menos que yo. ¿Por qué entonces yo tengo que sacrificar? Que sean los otros, los culpables, los malos, que paguen. El problema con esa línea de pensamiento es que la mayoría piensa esto mismo, y, por ende, no quiere aportar su parte, por el bien común. Es decir, quedamos en lo mismo.

El debate y la lucha que vemos en los medios sociales refleja esto. La injusticia de esta desigualdad, la lucha por el poder, de la palabra y de la verdad. El conflicto que presenta la diversidad de opiniones, creencias e ideologías. La válvula de escape de todas estas frustraciones.

Si, a veces se torna violento, irrespetuoso, perverso y triste. Sin embargo, urge tener esta discusión como sociedad. Como seres sociales e interdependientes que somos, lo quieran o no, tenemos que buscar entre todos y todas las mejores formas de convivencia. Es la discusión que tenemos que tener sobre los derechos humanos. Es decir, que derechos básicos necesitamos garantizarles a todos los seres humanos para poder tener una convivencia pacífica y donde cada quien pueda auto realizarse como quiera.

La Declaración Universal de Derechos Humanos, acordada en 1948 por una gran mayoría de los líderes de los países del mundo, tiene como base valores esenciales como la libertad, la dignidad, la igualdad y la solidaridad. Valores que se ven reflejados también en nuestra Constitución Política. Valores ideales para una convivencia pacífica y para la autorrealización del individuo.

La realidad nos enseña, sin embargo, que estamos muy lejos de este ideal, pero vamos por un buen camino. Aunque parece que a veces nos desviamos e incluso retrocedemos. Me da risa a veces cuando oigo a la gente decir o escribir, que se están perdiendo los valores. ¿Cuáles valores? ¿Cuándo vivíamos en guerra, cuando la esclavitud era legal, las mujeres no podían votar, los afrodescendientes no podían entrar al valle central, cuando la disciplina de los niños se resumía en ´fajazo´ o cuando no había acceso gratuito a la salud y la educación?

Hemos avanzado muchísimo como sociedad, a nivel global estamos "volando" comparado a hace 80 años. Hay menos guerras, más sistemas democráticos, menos mortalidad infantil, menos pobreza y hambre, menos niñas embarazadas, menos epidemias y pandemias, mucho más acceso a salud y educación.  Sobre esto, les recomiendo leer el libro "Factfulness: Diez razones por las que estamos equivocados sobre el mundo". Y por qué las cosas están mejor de lo que piensas (versión en español). Es una marea positiva, en este mar de malas noticias.

La diferencia entre 1948 y 2019 es que antaño solo las élites podían participar en la discusión y el debate sobre la sociedad deseada. Ahora somos casi todos y todas. Asumamos ese rol con responsabilidad. Los Derechos Humanos deben evolucionar con el tiempo y con el ideal que nos proponemos. Los medios sociales nos dan una plataforma global, conectada 247, ideal para tener esta discusión.

El problema es que somos unos novatos en esta práctica, nos abruma la cantidad de información y lo usamos para verter nuestro enojo y frustración, insultando e imponiendo. Lo que nos hace falta es aprender a manejar, filtrar y ver de forma crítica esta información. Nos hace falta también escuchar al otro y no solo gritar. Además, así como hay reglas de convivencia en la realidad, ocupamos establecer también las reglas de convivencia en los medios sociales.

Propongo una regla básica: no haga, diga o reaccione, como tampoco quieres que le hagan, digan o reacción. Visualice a la persona a que quien se dirige como en vivo y no diga algo que no le diría personalmente. Importantísimo, nadie es igual o piensa igual que usted. Todos tenemos historias, pensamientos, creencias, posiciones y deseos diferentes. Si no está de acuerdo con que alguien quiera imponer su forma de ver el mundo, tampoco lo haga usted. Ahora, esto no quiere decir que no pueda dar su opinión, decir lo que es más importante para usted, o demandar sus necesidades y derechos. Pero esto mismo principio vale para las otras personas. Hago un paréntesis acá, porque para mí dar una opinión es diferente a discriminar a un grupo de personas, porque allí pasas de opinar a agredir. Cada uno de nosotros es vulnerable de ser sujeto de discriminación. Por tanto, si vulneramos el derecho de otros a la igualdad y no discriminación ante la ley, nos exponemos a igual discriminación, por cualquier otra razón, por el portillo que este abrió.

Así que les invito a tener esta discusión en Facebook, Twitter, Linkedin, YouTube, WhatsApp, Instagram o cualquier otra. Más diverso el grupo, más opuestas las ideas, más enriquecedor e inclusivo el debate. A mí no se me va a ocurrir lo que le está pasando o lo que está necesitando el otro y viceversa. Necesitamos un desarrollo que incluya las necesidades y las perspectivas de todos sus ciudadanos.

Construyamos juntos el ideal de convivencia que nos permita ser libres, garantizar nuestras necesidades básicas y vivir en paz. Escuchémonos, respetemos y aprendamos de la opinión del otro. No vamos a estar de acuerdo en todo y eso está bien, lo que no tenemos que dejar de hacer es hablar de lo que es importante y ahora tenemos la herramienta ideal para hacerlo.

* Estudiante de la Maestría Profesional en Derechos Humanos de la UNED



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Comentarios

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Barnes (13/12/2019)

Excelente comentario. Muy cierto que para escribir hay que tomar las mismas precauciones que cuando se maneja, estar atento a opinar sin insultar o agredir. Y lo importante es que al menos con un(a) político(a) que lea y entienda, al menos uno espera que propuestas de leyes y normas se pulan en beneficio de la comunidad. Uno mismo puede haber caído en los pecados que menciona la autora del artículo, pero lo importante es corregirse y valorar los consejos que comparte para dar valor y realce al sano debate.