Domingo 26 de Enero, 2020

Lo subyacente a las elecciones del 2 de febrero de 2020

03 de enero, 2020

Sergio Araya Alvarado / politólogo

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En un mes calendario exacto, las y los costarricenses podrán hacer efectivo su derecho al sufragio, para elegir a quienes liderarán los 82 gobiernos locales en los que se desagrega ese componente sub-nacional de la Administración pública costarricense. 

Tras la denominada “Tregua de Navidad”, extendida del día 15 de diciembre al primer día del mes de enero, donde fue prohibida la difusión de propaganda pagada y la realización de actos públicos de carácter proselitista, a partir del día 2 se activa la recta final de un proceso electoral iniciado tres meses atrás, con el banderazo de salida por parte del Tribunal Supremo de Elecciones.

Debe advertirse que el actual proceso se ejecuta bajo el mismo marco jurídico de las elecciones nacionales. No obstante, la dinámica de los comicios municipales no necesariamente es coincidente con la lógica intrínseca de aquellas.

Se observa en primera instancia un ámbito de acción diferenciado. En tanto la elección de autoridades nacionales, especialmente la presidencial, abarca la totalidad del territorio nacional, en las que están a punto de celebrarse, se distinguen 82 espacios territoriales debidamente separados. Se trata, en pocas palabras, de 82 elecciones distintas. A pesar de que las elecciones legislativas también se organizan en función de segmentos de territorio, a saber las siete provincias funcionan como circunscripciones plurinominales y por tanto, tienen alguna similitud con las locales, ciertamente tal semejanza se agota en el aspecto electoral, toda vez que las y los diputados provenientes de tales circuitos, asumen un rol de autoridad de rango nacional. Por tanto en sus campañas, las y los aspirantes a la Asamblea Legislativa, deben tener como prioridad las temáticas y agendas de alcance nacional.

En contraposición, quienes resulten electos el primer domingo de febrero del año en curso, tendrán como ámbito de acción de su quehacer como autoridades, el territorio, la población y los intereses comprendidos en los límites de su respectivo cantón. E incluso, en el caso de ocho distritos administrativos con un gobierno especial, su radio de injerencia se reduce aún más.

Por lo demás, a pesar de la insistencia de algunos actores por tratar de encontrar una suerte de ligamen entre ambos tipos de comicios, lo que abunda son las diferencias que las tornan en procesos independientes.

Para los partidos políticos de carácter nacional, acostumbrados además, por décadas a centrar su foco de atención en la preparación y gestión de campañas electorales nacionales, con especial predilección por la figura presidencial, el advenimiento de un proceso electoral municipal con las características que le son inherentes, ha devenido en un duro proceso de aprehensión, aún en desarrollo, que si bien aún no les pasa una factura muy fuerte, en términos rendimiento electoral, sí ha producido efectos visibles en áreas sensibles del sistema de partidos, tal y como se evidencia en el creciente número de partidos políticos cantonales emergidos a la luz de la separación de las elecciones locales de las nacionales.

Empero es a nivel de la cultura política, donde se suceden cambios, usualmente poco apreciados a simple vista en el corto plazo, pero que, a mediano alcance, implicarán auténticas transformaciones en la estructura del régimen político vigente.

Algunas manifestaciones percibidas aún a flor de piel se enumeran a continuación.

1.     Importancia mediática de lo local: A diferencia de lo que ocurre durante una buena parte de cada periodo constitucional, durante el proceso electoral municipal, los temas, agendas y dinámicas locales adquieren relevancia en diferentes medios de comunicación de carácter nacional. Reconocidos medios electrónicos, escritos y virtuales, dedican espacio amplio de su cobertura a su abordaje, así como a dar a conocer a quienes participan en calidad de aspirantes a los cargos de elección municipal. Si bien esto último, aún con el resabio del presidencialismo imperante, reflejado en la casi única cobertura de la figura de la Alcaldía municipal, invisibilizando al resto de cargos en disputa, a pesar de su complementariedad, especialmente en el caso de las regidurías, suerte de autoridades con rango legislativo a escala local.

2- Metamorfosis del sistema de partidos y al interior de las agrupaciones: Tal y como se señaló antes, hoy pululan partidos a nivel cantonal. Algunos, los menos, con efectiva incidencia, medida en votación alcanzada o en puestos electos. Por su parte, los llamados partidos nacionales, especialmente aquellos que hegemonizaron por varias décadas el control de las instancias de poder nacionales, han observado como figuras individuales con un perfil político reconocido por su trayectoria en el ejercicio de puestos de elección o designación de carácter nacional, corren por un cargo dentro del Gobierno Local, constituyendo en un cambio de enfoque en torno a la organización y administración del poder político, cuyos impacto real aún está lejos de ser comprendido a plenitud.

3- Lo local y lo nacional se reencuentran: Si bien aún la participación ciudadana como legitimadora del proceso electoral municipal es discreta, a pesar de la leve pero sostenida mejora en la disminución de la tasa de abstencionismo, registrada desde los comicios de diciembre de 2002 a la fecha, la conjugación de los factores citados, empujan hacia un reposicionamiento de lo local dentro de la lógica de poder formal subyacente al sistema político nacional. A doscientos años de la rehabilitación de los Ayuntamientos como expresión de gobierno sub-nacional, en pleno 2020, el régimen municipal comporta desafíos directamente vinculados al peso político actualmente ostentado.

 

Fruto de un proceso sostenido de vaciamiento de competencias, responsabilidades y, especialmente, fuente de recursos financieros autónomos, iniciado en los albores de la vida republicana y retomado con fuerza en los orígenes de la denominada II República en la mitad del siglo anterior, no es sino 50 años atrás con el advenimiento del Código Municipal, que comienza un lento proceso en sentido inverso al históricamente dominante; centrado en volver a dotar de protagonismo y sentido de gobierno a las instancias de poder local, al menos así expresado en el plano discursivo por una buena parte de este periodo. Empero es justamente con la separación de los comicios locales de los de autoridades de los Supremos Poderes, que tal orientación adquiere más posibilidad de ser efectiva en la consecución de su fin superior. La conversión del Ejecutivo Municipal presente en el citado Código de los setenta, en Alcalde y su elección a través del voto ciudadano, otorgaron el impulso requerido para acelerar el proceso de empoderamiento de lo municipal buscado.

Tal y como en el punto anterior, aún es temprano para entender la magnitud del cambio y mucho más para apreciar de manera explícita sus efectos en la configuración de la estructura de poder del sistema político existente, empero su nivel de afectación real es innegable.

Avizoran relevantes transformaciones que podrían hacer del presente siglo, la centuria de lo local. Algo particularmente paradójico por coincidir con un paradigma fundamentado en la promoción de la cultura de lo global.

¿O quizá necesario justamente para alcanzar un adecuado balance entre uno y otro?

* Politólogo

 

 



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