Viernes 05 de Junio, 2020

Cómo ejercer un control ciudadano efectivo

Apuntes para su concreción

09 de enero, 2020

Sergio Araya Alvarado / politólogo

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Sin pretender ser dueño de la verdad absoluta, respetuosamente comparto algunas reflexiones en torno a una práctica ciudadana indispensable para fortalecer al sistema democrático vigente.

1. La ciudadanía debe ser proactiva, responsable y crítica. Ello supone involucrarse de manera más efectiva y permanente en los asuntos públicos. Es complejo porque al común de las personas, sus múltiples responsabilidades y obligaciones les impide, aun queriéndolo, avocarse a dar seguimiento a los asuntos públicos.

2. Para ser proactivo, responsable y crítico, además de voluntad y tiempo, demanda conocimiento (no exhaustivo o técnico) de lo que está ocurriendo en el quehacer público.  Ello supone tener claro cuáles son las reglas del juego, es decir, cómo funciona realmente el marco jurídico e institucional vigente.

En periodos de campaña electoral, como el actual, se vende una idea falaz de que quien ejerce la presidencia de la República a nivel nacional, o la alcaldía a escala cantonal, tienen poderes plenipotenciarios, cuando en la realidad concreta más bien es lo contrario.

Por ello es importante, cuando se interactúa con un candidato o un partido, se aproxima a la ciudadanía a solicitar su respaldo en las urnas, hacerles ver que mucho de lo que pueden estar proponiendo no es viable, toda vez que escapa a sus competencias y al margen de acción que, el marco jurídico e institucional existente, le confiere a quien ejerza el cargo al que aspira. Eso ayudaría a que los candidatos y las agrupaciones que los postulan, se obligaren a ser más rigurosos y a tener cuidado con lo que se atreven a ofrecer.

3. Además hay que tratar de conocer, dentro de lo posible, cuáles son los vínculos y nexos que posee cada candidato y cada partido político competidor en los procesos electorales. Porque como dice el refrán “dime con quién andas y te diré quién eres”, es vital conocer a qué interés pueden representar, de forma tal que desde el ejercicio de poder, se potenciarían esos intereses o se buscaría disminuir los riesgos que podrían afectarlos.

4. También conocer lo programado, lo ejecutado y lo evaluado en la gestión pública. En el ámbito electoral, ello requiere conocer las propuestas de gobierno (no solo lo expresado a través de los mensajes de propaganda política) y contrastarlo con lo escrito en el Plan Nacional de Desarrollo o en los planes anuales operativos de las corporaciones municipales (para el partido que triunfó) y lo presentado en la Asamblea Legislativa o en los Concejos Municipales (para los partidos que perdieron las elecciones presidenciales y de las alcaldías respectivamente pero lograron alcanzar representación en calidad de grupos de oposición) y monitorear el avance de lo previsto. Esto permitiría identificar coherencia, permanencia y permitiría ver si existe verdadera planificación o lo que finalmente se ejecuta no se corresponde con lo ofrecido.

5. El contraste habría que analizarlo a la luz de una realidad dinámica y sujeta a vaivenes no previsto. Por ejemplo: ante la ocurrencia de eventos naturales como sismos de gran escala, erupciones volcánicas o fenómenos atmosféricos de impacto, o ante crisis acaecidas a escala internacional con incidencia directa en el país, se torna en acción urgente variar planes de acción y prioridades, así como redireccionar recursos económicos, técnicos y humanos, previamente dispuestos para otras actividades.

6. No obstante lo apuntado en el punto 5, esto tampoco debe de servir de excusa para justificar todos los cambios o el no cumplimiento del todo, de las propuestas y ofertas planteadas durante una campaña electoral. Siempre habrá que medir caso a caso, en qué circunstancia el no cumplimiento es fruto de un hecho no previsto y totalmente justificado, y cuando es fruto de la ausencia de coherencia y planeación estratégica.

7. Teniendo el panorama completo debe accionarse lo que el marco jurídico e institucional establece para controlar y aplicar correctivos cuando la situación lo amerite. Y si se detectan vacíos legales o institucionales, proponer las enmiendas necesarias para subsanar esos vacíos, de forma tal que el monitoreo y control ciudadano sea real y efectivo.

8. Los puntos antes indicados requieren de una organización mínima de ciudadanos capaces de atender estas y muchas otras acciones inherentes a un ejercicio efectivo de control ciudadano con verdadera capacidad de incidencia.

9 En esa lucha se hace necesario establecer alianzas con actores clave, entre ellos medios de comunicación (aún a sabiendas de que muchos poseen agenda propia) y organizaciones sociales con gran arraigo social, cuya participación en el esfuerzo, da confianza y credibilidad al mismo.

La democracia concebida como forma de vida supone una ciudadana activa. Lograr cumplir este cometido con eficacia supone un esfuerzo que va más allá de las capacidades individuales y de la buena voluntad. Empero por la naturaleza de lo que está en juego, cualquier inversión de tiempo, recursos y energía que se promueva en esa dirección siempre será menor a lo que podría enfrentar la sociedad si su modelo político entra en crisis y se ve desbordado por el efecto de la inacción ciudadana.

“Tiempo perdido hasta los santos lo lloran”. Es tiempo de activar un rol protagónico de la persona humana en los asuntos que son de su entera y directa incumbencia. La responsabilidad es de todas y todos.



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