Sábado 11 de Julio, 2020

Una oportunidad de oro en lo local

20 de enero, 2020

Alejandro Machado García

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Neruda decía que “Si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida”. En Ticolandia esa frase en política sería como “Si nada nos salva de la corrupción, que el menos malo nos salve”, soslayando en la mediocridad pero sacándonos, a más de uno, una sonrisa y espíritu de chota.

Esta desazón no es una casualidad, los casos de corrupción iniciada en los 90 y las brechas de ingresos acrecentadas con una modernidad productiva demandante, exigiendo por un lado reactivación económica y por otro eficiencia institucional, ha dejado grandes secuelas en el tejido social costarricense.

La experiencia económica y política de la exclusión –haciendo sentir al ciudadano de a pie que la empresa de todos no es suya ni mucho menos sus dividendos- puede representar la muerte de la democracia y el surgimiento de los tiranos al poder. Signos alarmantes no solo en el abstencionismo en las presidenciales, sino en las municipales en el que seis de cada diez electores no votaron en las elecciones de alcalde del periodo pasado.

Para algunos estrategas, ese 64,6 de abstencionismo en las elecciones de alcaldías del 2016 no es más que una señal para no gastar toda la batería en las municipales, y sí focalizar esfuerzos en las presidenciales buscando la silla del rey. Ganar la silla del juego de tronos y creer que el Presidente nos salvará es un poco mesiánico y deficiente frente a los retos país.

En este gran reto electoral, “la preciosa mitad del hombre” (discurso opresor en la época de 1840-1850), sigue ninguneada en los puestos de alcaldía y en las nóminas de las postulaciones dentro de los partidos, pese por ejemplo a los esfuerzos para superar el 15% conseguido en las alcaldías hace unos años atrás.

Los partidos, las organizaciones comunales, los de a pie y los liderazgos cívicos, tienen una oportunidad de oro para despertar este espíritu cívico comunitario, no solo para la democracia directa, sino para darle coherencia a la acción política y representatividad necesaria para generar riqueza y desarrollo local.

Estamos frente a una gran responsabilidad que tiene un alto costo, en medio de una coyuntura de apatía al ver que ni la institucionalidad y ni el sector privado generan bienestar, lo que nos pone en un escenario de olas de violencia y polarización social.

Son la representatividad política y la acción cívica organizada las que tienen que darle coherencia a la forma de gobernar mejorando los mecanismos de concertación locales en los procesos y proyectos que quieran llevar a adelante.

Mientras que en Irán desplomaron la vida de 180 personas por error, en Costa Rica vivimos la fiesta de la democracia. Hay que darle una medida a este momento y concentrarse en la siguiente etapa. No cabe duda que es relevante tener a los mejores en la empresa de todos, pero se requiere de visión compartida y concertación en la gestión de desarrollo local.

Los proyectos de desarrollo local y el uso del poder público, no solo tienen que ser fiscalizadores, sino representativos agenciando el trabajo entre los mismos actores sociales y comunicando de forma eficaz y oportuna a sus territorios.

El arte de gobernar es complejo, pero requiere de trabajar juntos y socializar la cosecha juntos. Esta vía puede hacernos compartir resultados y valores que mejoren la experiencia de participación.

Estos principios en el arte de gobernar traerán un sentido de pertenencia y sumará a la motivación del país, por eso los programas y proyectos locales deben de ser incluyentes no vistos como una retórica izquierdista. Todo éxito bajo esta estrategia involucrará ver que nuestro pasado lo podemos dejar a un lado y resignificar el presente con un buen entusiasmo de cara al futuro.

* Gestor y promotor social



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