Martes 25 de Febrero, 2020

Perdonar y pedir perdón

10 de febrero, 2020

Delia E. Villalobos Álvarez M.S.c.

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Concurrimos con el perdón en cada camino que transitamos, en cada acción que emprendemos, en cada encuentro con personas, en las oraciones, en la Biblia y hasta nos asustamos de la cantidad de veces que Jesús mandó a perdonar.

Nos parece maravilloso que el amor de Dios sea tan inmenso como para morir en la cruz de manera tan dolorosa, cruel y sangrienta para perdonar nuestros pecados.

Pero cuando se trata de ofensas, groserías, insolencias, irrespeto, agresiones y tanto que recibimos de personas que amamos, de personas cercanas y de personas que ni siquiera conocemos, la situación asume otros matices. Aparecen pensamientos y emociones que dan cabida al descontrol, a esos difíciles de apaciguar que muchas veces nos ponen al filo de perder la cordura, el equilibrio y la salud.

Lea: De la soledad al encuentro

Perdonar una maravillosa enseñanza del cielo, con la que nos topamos miles de veces: con diversas caras, en diferentes lugares, de todo tamaño, de distinta intensidad, a veces enmarañado para concretar, sentir y comunicar.

Perdonar es una palabra griega que significa “dejar pasar” disculpar a una persona que nos ha ofendido o no tener en cuenta su falta. Es comprender que el perdón está sustentado en el amor que todo lo olvida, que no guarda rencor, que olvida la venganza y la revancha que implica hacer daño.

El perdón es una manera de recobrar el equilibrio, de dejar atrás el rencor y lo que puede dañarnos física y mentalmente para recobrar la salud, el perdón es lo que más intercambiamos porque ofendemos casi sin percatarnos, con palabras, actitudes, indiferencia, gestos, falta de afecto y de muchas maneras más. Sería increíble que los demás perdonaran nuestras acciones y que, de manera simple, fácil perdonáramos las de los otros. Para poner en práctica lo de Colosenses 3:13 “Continúen soportándose unos a otros”.

“En Lucas 17:3-4 Jesucristo dijo: Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale”.

Me gustó lo que escribió Montse Kamala “Perdonar no cambiará tu pasado, pero transformará por completo tu futuro. Porque la honestidad y vulnerabilidad que supone perdonar y pasar página, sin juicios o resentimiento te hacen más fuerte, y además te convierten en una persona más intuitiva, segura de ti misma, con las ideas claras y más resolutiva, entre otras muchas ventajas”.

La Revista Psicoactiva describe que perdonar genera paz, esa sensación añorada por todos que permite vivir con incomparable comodidad y sensación de bienestar, el perdón, permite controlar emociones no saludables ira, dolor, tensión, depresión.

Según los autores citados solicitar perdón y perdonar provee beneficios recíprocos que son enrevesados de materializar.

Pretender perdón permite, según los investigadores, enfrentarnos con la realidad de la situación, con las actuaciones que transgredieron el ámbito de otras personas y al hacerlo, ponemos fuera de nuestro interior sentimientos y emociones que cargamos y que provocaron estadios que entorpecen y afectan el equilibrio y la salud, para recuperar así, la sensación de libertad, de paz y tranquilidad.

Es necesario reconocer que no todas las personas experimentan necesidad de congraciarse en el perdón, según expresan algunos autores, perciben que sus actuaciones no son indecorosas o, simplemente, caminan sintonizados por el orgullo y acompañados de actitudes con poca claridad.

Pedir perdón es, en muchos casos, observar lo que hacemos, no pasar inadvertido que con ellas se causa dolor y que debemos reflexionar y cambiar las conductas que nos colocan como lo único valioso que contempla el universo.

Kamala anota que clamar perdón permite experimentar paz y mirar hacia nosotros y a la vida misma, con seguridad y confianza, que dejamos atrás… “resistencias, miedos, emociones restrictivas que no te hacen sentir bien, creencias limitantes que te llevan por caminos de lucha y sufrimiento…”. Pero, además, señala que solicitar perdón aliviana la manera de retomar la vida y caminar con libertad, aceptándonos y queriéndonos más, mejorando las relaciones con los otros.

Como si no fueran suficientes razones un estudio de Luther College y la Universidad de California concluye que perdonar “predice de forma independiente mejor salud física y mental pues disminuye el estrés. Pero además otros investigadores afirman que perdonar aumenta la esperanza de vida.

Los conocedores han comprobado que las personas que se dejan el rencor, la ira y todo lo que implica no perdonar, muestran aumento del ritmo cardíaco, angustia, menor tolerancia al dolor, depresión y afección de la autoestima, caso contrario de quienes caminan con más empatía y llevan el perdón en su curso de vida.

Los especialistas de la Clínica Mayo señalan que el perdón aporta múltiples beneficios en quienes lo practican pues puede promover relaciones más saludables, mejor salud mental, menor ansiedad, estrés y hostilidad, disminución de la hipertensión arterial, sistema inmunitario más fortalecido, mejor salud del corazón y mayor autoestima.

Perdonar y pedir perdón son actos de profunda reflexión, de sentimientos y pensamientos que en ocasiones son complicados, pero lo cierto del caso es que implica beneficios maravillosos a la salud integral, no vale la pena caminar cargado de rencores y emociones no saludables, es mejor tomar el sendero de la armonía, de la calma, de la paz, para vivir más y vivir mejor.

*Catedrática jubilada UNA



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Comentarios

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Simon (10/02/2020)

perfecto ! una llave importante !