Domingo 31 de Mayo, 2020

Soledad y comunicación

Reflexiones.

12 de febrero, 2020

Juan Luis Mendoza

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Atención a esta advertencia de Lepp: “Una existencia que ha descubierto el propio ser en la soledad y que al mismo tiempo ha tomado conciencia de la absoluta insuficiencia de la soledad y ha decidido salir de ella, no puede ya satisfacer los lazos puramente objetivos que constituyen habitualmente la relación social de los hombres modernos”. Como ve, el paso es importante, es necesario, pues se trata de descubrir y comunicarse con el otro como un tú, alguien que ha superado su soledad y se ha constituido en un yo y, ahora con el tú, un nosotros.

A propósito de la transformación, Louis Lavelle observa que “si se experimenta la soledad como soledad, ello se debe a que la soledad es al mismo tiempo un llamado dirigido a soledades, semejantes en todo a la nuestra, con las cuales sentimos la necesidad de entrar en comunicación”.

Por lo mismo, la superación de la soledad por el descubrimiento del otro en modo alguno implica la destrucción o negación de la soledad. La superación supone una relación dialéctica en la que cada una nueva realidad, la tan deseada y necesaria comunicación entre existencias, la mía y la del otro o los otros que hacen al nosotros en una relación auténtica, enriquecedora, fruto de una soledad bien superada. Ahora bien, soledad y comunicación han de seguir viviéndose de modo permanente y alternativo.

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Ocasionalmente se exige algo que se conoce como una “cura de soledad”, es decir, la vivencia de esa soledad en algún lugar aislado y silencioso, en “retiros” o “desiertos”. ¿Le suena a algo espiritual? Nuestro autor observa que “la superioridad espiritual de los orientales sobre Occidente se debe, en gran parte, al hecho de que el amor a la soledad continúa viviendo en el corazón del hindú, mientras que el occidental se dispersa en la agitación”.

Lo que se pretende y a la luz del cristianismo y el ejemplo del propio Jesús, es armonizar soledad y relación. Por lo demás y como lo advierte Ignace Lepp, “no basta sin embargo con practicar la alternancia soledad-vida en sociedad. Aún en el seno de la soledad el hombre ha de vivir la comunión con los otros y ante todo con el Otro absoluto”. Insisto, como en el caso de su Hijo y el de muchos seguidores suyos, santos de todo tiempo y lugar.

Me dirá que no es tan fácil en la práctica armonizar soledad y comunicación social en un mundo como el nuestro en el que, a la agitación generalizada, las prisas, las responsabilidades, hay que añadir la invasión de las tecnologías sobre todo en esa “comunicación social” que, si lo es no pasa de serlo en lo superficial, pasajero y vano casi siempre. Es cierto, y lo primero que hemos de hacer para superar el mal es tenerlo presente. De no ser así, podríamos ir sumergiéndonos en lo colectivo y anónimo y ahogar dentro el yo, es decir, el ser, reducidos a la exterioridad de lo que hacemos, la inconsciencia, y hasta el no ser.

De ahí la conveniencia, y aún la necesidad, de estas reflexiones que pueden parecer de filósofos, y lo son, pero también de simples seres humanos que aspiran a vivir en profundidad su condición de tales, especialmente en el orden de lo espiritual, de lo transcendente y definitivo, aunando soledad y comunicación, el “ora et labora” de san Benito, trabajo y oración.

Generalizando la perspectiva, Lepp afirma que “todos los hombres de Dios que se han retirado a la soledad han tomado, en su desierto o en su monasterio, parte intensa en las penas y angustias del mundo que han abandonado. Abandonaron el mundo, mas no rompieron la comunicación con él”. A hacer nosotros otro tanto, a ejemplo de Jesús y seguidores: desde lo hondo de nuestro yo, unión con el Padre, unión con los hermanos.

Seguimos, Dios mediante, otro día.



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