Miércoles 12 de Agosto, 2020

Movimiento con experiencia

09 de marzo, 2020

Delia Villalobos

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Todos estamos envejeciendo y queremos que el paso de los años transcurra de manera lenta y natural, con cambios que se puedan enfrentar, con habilidades que permitan poner en práctica los conocimientos y la experiencia recogida, con salud para sentirse muy bien y disfrutar todo lo que encontremos en el camino, con fuerza para conservar la funcionalidad y la independencia, con energía para vestirse de Ikigai y vivir muchos años cargados de ilusiones.

Para que sea realidad tanto que se añora, es fundamental decidir cómo se quiere envejecer y qué contiene el proyecto de vida escogido, cuál es el estilo de vida a seguir y las medidas de autocuidado que invitamos a vivir con nosotros.

Los especialistas insisten en que se debe tener una alimentación saludable, vestir la mesa de todos los colores, muchas frutas y verduras, pescado y pollo de preferencia y otros.

Pero, además, señalan de manera determinante que mover el cuerpo y la mente con mucha frecuencia, no puede faltar si queremos mantener la funcionalidad de ambos.

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El ejercicio mejora “la salud física, reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares y neurodegenerativas, retrasa la mortalidad… y el enlentecimiento perceptivo y cognitivo que generalmente se produce con la edad”, según Hötting, Röder, Voelcker y otros.

El ejercicio debe ser prescrito por especialistas en la materia que, además, estudian el envejecimiento y la persona adulta mayor para lograr diversos beneficios y disfrute.

Según diversos autores citados por Martínez, Santos y Casimiro los componentes de la condición física-salud, son: resistencia cardiovascular (capacidad aeróbica), composición corporal, flexibilidad (amplitud de movimiento), fuerza y resistencia muscular. Mencionan que el desarrollo de las capacidades coordinativas (coordinación, percepción y equilibrio) incide en la salud de los mayores, fundamentalmente por la prevención de caídas.

Nos se trata de salir corriendo, el ejercicio debe programarse en sesiones que evidencian tres momentos: calentamiento para que el cuerpo se prepare, se armonice en modo movimiento. Eso sí, invitando al optimismo, las ilusiones y esa especie de magia que empuje a encontrarse con el deleite de mover el cuerpo y el alma.

El entrenamiento propiamente dicho, la parte central de la sesión debe contener actividades con ritmo que además de invitarnos a seguirlas, provean diversos beneficios.

Los autores citados proponen danza, movimiento creativo, juegos, circuitos individuales y en parejas, ejercicio continuo y tonificación muscular y para recuperar el estado de calma indican estiramientos, posturas saludables y diversas formas de relajación.

Por ello más que sesiones de ejercicios se dibujan como encuentros de bienestar, de participación social, de aprendizajes, de descubrir potencialidades, gustos, intereses, esperanza, de encontrarse con el cuerpo, la salud y el encanto por la vida.

Son oportunidades de envejecimiento activo impregnadas de salud y emociones saludables, adaptadas a las personas adultas mayores que indican lo que quieren y les gusta, lo que prefieren y les divierte según las condiciones y características que experimentan.

Sañudo y De Hoyo advierten que “el ejercicio en las personas mayores debe tener como objetivos el aspecto lúdico, el entretenimiento, una ocupación del tiempo de ocio, pero también que esa actividad física tenga unas características en cuanto a tipo de ejercicio físico, duración, intensidad y regularidad suficiente para sacar el máximo provecho y conseguir beneficios para la calidad de vida de la persona a nivel fisiológico y social”.

Los investigadores y las Universidades no cesan en llamar la atención de que moverse regularmente permite mantener las capacidades físicas y funcionales que ayudan a prevenir dependencia, discapacidad y por supuesto a retar todas las actividades de vida diaria que implican usar la fuerza, la coordinación, el equilibrio, agacharse, subir brazos, trasladarse, estirar piernas, brazos y tanto que no se puede escribir.

Los conocedores afirman que el ejercicio es un antídoto de prevención, factor protector, medicina contra múltiples enfermedades y condiciones que se encuentran en el camino. A manera de resumen citamos a Montoro que expone que hay cuatro tipos de ejercicios que deben incluirse en las rutinas de trabajo con personas adultas mayores:

Ejercicios de resistencia como caminar, trotar, bailar, nadar, andar bicicleta, subir escaleras o por campo irregulares, cortar el césped o pasar el rastrillo. Para mejorar la energía, la respiración y la frecuencia cardíaca, la salud del corazón, los pulmones y el sistema circulatorio.

Levantar pesas, usar bandas, sentadillas, flexionar los brazos, son ejercicios de fuerza que fortalecen los músculos.

Ejercicios para mantener el equilibrio, mantener la marcha y prevenir caídas, por ejemplo, caminar, hacer taichí, yoga, pararse en un pie y otros.

Para mejorar el movimiento articular, la circulación, las posturas viciadas, lesiones de espalda, eliminar el estrés y favorecer la relajación son recomendados los ejercicios de flexibilidad que se pueden concretar con estiramientos repetitivos, yoga, taichí, Pilates, rodando un cilindro de goma, entre otros.

Son múltiples los beneficios que depara el ejercicio a las personas adultas mayores: mejora el sistema cardiorrespiratorio y el sistema inmunológico, mejora la fuerza, el equilibrio, previene caídas, fomenta independencia, aporta energía, retarda la aparición de enfermedades: cardiopatías, diabetes, osteoporosis.

Provee cambio del humor, de las funciones cognitivas y el autocuidado; favorece la integración del esquema corporal, el bienestar general y conserva más ágiles y atentos los sentidos.

Facilita las relaciones intergeneracionales y aumenta contactos sociales y participación social. Promueve estilos de vida saludables, mejora la calidad del sueño y disminuye la ansiedad y la depresión.

El ejercicio depara salud, mejora la autoestima, el autocontrol, el funcionamiento autónomo, las capacidades cognitivas y las relaciones con otros.

Son muchas las opciones para movernos, pero más los beneficios que se obtienen, esa integración de movimiento con experiencia marca la diferencia, escoja el que más le guste y disfrute, para vivir más y vivir mejor.

*Catedrática jubilada UNA



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