Martes 31 de Marzo, 2020

Cuidar influencias

Reflexiones.

18 de marzo, 2020

Juan Luis Mendoza

[email protected]

En un escrito anterior me referí ya a influencias que se imponen de modo violento y que, lógicamente, no benefician a los afectados. Hay, por el contrario, otros que influyen tan suavemente que no se dan por aludidos. El que influye no se percata de que está influyendo. Un caso típico en su tiempo fue el del santo cura de Ars que pensaba que era santa Filomena y sus reliquias las que atraían muchedumbres a Ars y las que alcanzaban del cielo los milagros. Juan XXIII, papa e historiador, probó su inexistencia histórica y la sacó del santoral.

Sí, es propio de los santos el proceder con naturalidad y de buena fe en lo que piensan y hacen. No así en otros grupos. Hay quienes incluso ignoran o fingen ignorar su influencia por temor a ser rechazados por aquellos sobre los que ejercen esa influencia. Lepp advierte que “carece de sentido que cuanto más débil es un ser y poco seguro de su personalidad más tema a los demás. La influencia parece, en efecto, disminuir su independencia, la autonomía del yo, y bien sabido es que nadie hay más celoso de su independencia como el débil”.

Lea: COVID-19: cinco mil quinientos millones de colones diarios para la crisis

El ser humano, en general, tiende a sentirse independiente y defender su independencia, defendiéndose de los demás, aunque dicha dependencia sea, como lo califica nuestro autor, “ilusoria”. Y añade: “Sólo Dios es verdaderamente independiente en su ser. La dependencia humana frente al cosmos, los demás hombres y, sobre todo, Dios no es un mal contra el que haya de luchar, como la realidad profunda, ontológica y moral de nuestro yo. Sólo podemos ser “nosotros mismos” gracias a todos los seres que nos rodean”.

Por lo mismo es imposible substraerse a las influencias. El mismo Lepp declara que “el hombre fuerte y valiente elige con plena conciencia y libertad las influencias que quiere, mientras el débil experimenta pasivamente y sin saberlo influencias que se convierten en un obstáculo a la expansión de su personalidad”.

Hay que ser consciente de que las influencias que padecemos casi nunca son tan razonables, ni siquiera las que puedan parecer más fuertes y no nos percatamos de si nos convienen o no, nos benefician o nos perjudican. De ahí la necesidad de que tengamos en cuenta la observación de nuestro autor: “Cuando somos nosotros mismos quienes aceptamos las influencias que queremos experimentar, nos ponemos al abrigo de las influencias que no queremos aceptar”. Y sigue: “Al aceptar la influencia de otro consciente y libremente, el hombre permanece libre aun en el caso de obrar bajo la influencia de otro. Guardará, en efecto, la posibilidad de controlar la empresa y se resistirá, apenas la influencia se convierta en demasiado tiránica”.

Seguimos con el tema, Dios mediante, otro día.



Noticias relacionadas

VEA MÁS



Comentarios

COMENTAR