Sábado 11 de Julio, 2020

De esta salimos, con su decisión y la mía

06 de abril, 2020

Delia Villalobos

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Nos cambió la vida, no estamos acostumbrados, añoramos hacer muchas actividades que son parte de la cotidianeidad, nos impacta lo que dibuja el entorno: calles con pocas personas, iglesias cerradas, comercios vacíos, prohibición para ingresar a lugares frecuentados con sobrada frecuencia, parques, sitios de recreo, centros de atención y mucho más.

Es un país diferente al que hemos disfrutado, son muchos los ajustes que se deben hacer, nos resistimos a los procesos educativos que los rectores mundiales y nacionales de salud con esfuerzos desmedidos solicitan que entendamos, tenemos que cambiar de una vez por todas el estilo de vida, somos responsables de cuidar la salud, de hacer la diferencia entre la vida y la muerte.

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De muchas maneras y por décadas las autoridades de salud han insistido en que los hábitos saludables son determinantes para vivir muchos años con calidad, los resultados no han sido los esperados, todavía estamos en el proceso de aprender, de incluir el autocuidado en el diario vivir, de asumir que la salud también es responsabilidad de cada persona.

Sí, todo ha cambiado y hoy depende de mí, de usted, de nosotros, de todos, no hay otra opción es ya porque no se puede postergar, no se puede pasar por alto, no se puede obviar, es aquí y ahora.

Es quedarnos en la casa, no salir a ninguna parte, es tiempo de descubrir lo maravilloso que es tener dónde estar, dónde refugiarse, dónde encontrar maneras de pasar las horas y los días, encontrarnos con recuerdos que hemos dejado por ahí, toparse con distintos temas de conversación, tropezarse con nuevos talentos, hacer tiempo para leer, para aprender cosas nuevas, para toparse con lo que nos gusta y habíamos olvidado, es tiempo de oración, de acercarse a Dios para encontrar armonía, de reflexionar y relajarnos, de pasearnos entre las plantas y ocuparnos de ellas, de sorprenderse de los colores y las formas, de apreciar los regalos de la naturaleza.

Es tiempo de tanto que no desempacamos, de lo que no observamos ni tampoco disfrutamos.
Es tiempo de agradecer tantas bendiciones que llegan desde el cielo y de encontrar motivaciones y fe en medio de las noticias que señalan lo que no se hace, lo que no se tiene para retarla, de la situación económica que también amenaza, de lo agresivo de la enfermedad que arrasa países completos, de la muerte que camina sigilosa y amenazante.

Algunos días nos desafía el miedo, la inseguridad y la tristeza, otros días nos vestimos de serenidad, de fortaleza, de gozo, convergemos con la mano de Dios y retomamos el control, seguimos adelante con las indicaciones sanitarias que deben cumplirse al pie de la letra.

En este tiempo de estar en casa aprendí a tomarle el gusto a mi hogar, a mi familia, a mis amigos, a las iglesias y los cultos religiosos, a las conversadas con personas conocidas y desconocidas, a las visitas al parque, a los cafecitos con Cary por diferentes cantones, a las citas con la odontóloga, a las pasadas por las panaderías, a las tomadas de chocolate, a las transitadas calles de mi linda Heredia.

Sí, extraño lo que siempre hacía, lo que en mi rápido transitar era usual y cotidiano, lo que no describía ni registraba como emocionante, encantador y fuera de serie, hoy lo valoro, claro que era inigualable, lleno de encanto y de sorpresas.

Las cosas siempre tienen un significado más allá de nuestra comprensión, suceden porque debemos aprender a valorar, a entender, a detener lo rápido que vivimos, a darle un respiro a la vida, a comprender lo frágiles que somos, a entender que los bienes materiales no nos sostienen ni sirven de nada en situaciones como la que atravesamos.

Necesitamos de todos, convivir en paz, con solidaridad, tirar el egoísmo, cuidar el planeta, aprender que acumular tanto sin siquiera explicar para qué, no tiene sentido.

Quedarnos en casa, asumir hábitos higiénicos que deben seguir con nosotros, ser parte del estilo de vida, incorporar las recomendaciones que los medios de información ofrecen, son la mejor vacuna y los principales medicamentos que pueden librar de esta enfermedad que lleva sufrimiento y dolor por el planeta.

De esta salimos, con su decisión y la mía, para vivir más y vivir mejor.


*Catedrática jubilada UNA



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