Viernes 29 de Mayo, 2020

Los santuarios del amor / I parte

Mauro Fernández / sexólogo08 de abril, 2020 | 06:03 AM
La vida tiene escenarios sagrados que tienen esa condición por su pasado, por su presente y  por su futuro. Son sitios que resumen todo un conjunto de valores que nos motivan a dar lo mejor de cada uno. Aun cuando existen múltiples santuarios a nivel social, deportivo y religioso, es crucial que las parejas conozcan los santuarios que hay en el hogar.

Curiosamente aun cuando tengamos una lujosa sala, un esplendoroso jardín, un enorme patio, una gran biblioteca, en materia de amor y sexualidad las áreas claves del hogar sin lugar a dudas están representadas por el binomio cama y mesa. Es ahí precisamente donde se gesta buena parte de la motivación sentimental y sexual.
 
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Los estudios indican que compartir la mesa diariamente de manera armónica y amorosa propicia el acercamiento de la pareja, tanto en el plano sexual como en el plano lúdico. De igual manera, el convivio caótico y conflictivo al momento de compartir los alimentos tiene fuertes y negativas repercusiones en la esfera erótica, vivencial, sentimental y sexual.

A veces sucede que, sin darse cuenta, las parejas abordan temas de por si difíciles justo cuando se sientan a la mesa. Hablar de los suegros, de las cuentas o de los defectos de unos y otros deben ser temas prohibidos a la hora de comer.  De igual manera no se debe hablar temas espinosos en el plano afectivo o sexual.

Es más común el error de saturar la mesa con temas logísticos, de quién hace qué, al punto que las comidas parecen auténticas reuniones de negocios satinadas de alta tensión, que secuestran el recreo y respiro que la mesa debe generar y por el contrario nos dejan obnubilados y no pocas veces indigestos.

Cuando en casa pasamos de ser dos a ser más por la venida de los hijos, el panorama puede presentar dos grandes facetas. Las sonrisas de los niños, sus comentarios graciosos, suelen convertir cada comida en una relajante y reparadora actividad. Por el contrario, cuando no hemos sabido poner límites, los niños pueden transformar la mesa en un campo de gritos y contiendas que mutilan la paz hogareña. Peor aun, cuando presentes los hijos están como ausentes porque en plena comida sus ojos y su atención esta zambullida en el celular.

Es una buena costumbre dedicar al menos un vez por semana una cena exclusivamente para estar en pareja, pero no para hablar de problemas ni para resolver el mundo.
Aprovechen ese espacio  para estrechar el vínculo y afianzar el amor que se profesan.

Ojalá con música de fondo y más deseable aun, bailando al compás de un son romántico ¿Y el postre? Ese lo disfrutarán en la cama.


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shubham (09/04/2020)

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