Lunes 25 de Mayo, 2020

Para encontrarnos en tanto que nos gusta

18 de mayo, 2020

Delia E. Villalobos Álvarez M.S.c.

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Con gran esperanza y maletas cargadas de fe, de conocimientos por las lecciones aprendidas, las personas que han transcurrido una travesía importante del curso de vida reflexionan, escuchan con detenimiento y atienden indicaciones de las autoridades sanitarias sin perderse nada.

Reconocen la vulnerabilidad, los riesgos que los desafían, no desisten ante la zozobra, el miedo, la soledad o la tristeza; aciertan estrategias que descubren en baúles, en retazos de historias que repasan, en el amor desmedido que comparten con familiares y amistades y por supuesto en la experiencia transformada en sabiduría.

Los especialistas describen que los cambios que desafían el proceso de envejecer se revierten de una manera casi mágica en las actitudes, talantes, procederes y modales que afloran en las personas adultas mayores.

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Para muestra la paradoja de la felicidad que se fragua en la experiencia, esa sensatez que los sitúa a convivir con el disfrute, el bienestar, aprovechando al máximo la salud física y mental, el gozo emocional, la estimulación cognitiva, la sociabilidad, el entendimiento con los demás, el encuentro con los aprendizajes y más que comprueban los estudios.

Los entendidos insisten en que, en las personas adultas mayores el afecto “presenta complejidad y riqueza emocional. Es decir, que en la vejez se incrementa el manejo adecuado de los afectos, se incrementa la ‘madurez’ afectiva… ‘a esas edades, existe más expresión de ‘felicidad’, ‘gratitud’, ‘contento’ que de ‘frustración’, ‘tristeza’ o ‘rabia’”.

Posiblemente son lucideces que explican por qué logran sobreponerse al distanciamiento social, a los cambios que implica y a seguir los cuidados indicados.

Sobre este particular Zarebsky opina que “Los jóvenes deben escuchar a sus mayores más que nunca en este contexto, porque “si bien este grupo es más vulnerable biológicamente, eso está compensado con una gran riqueza de vida, ya que superaron adversidades y tienen más reserva emocional”.

Estas capacidades que ostentan los que nos superan en años, sabiduría, prudencia y mucho más, serán determinantes para habituarse a las nuevas condiciones de vida cuando estén de vuelta a la normalidad.

Pues la OMS advierte que la higiene, el distanciamiento, el aislamiento, uso de equipos de protección como mascarillas y otros que podrían surgir acompañarán por bastante tiempo. A lo que adosamos la manifestación del afecto que llevan consigo las personas adultas mayores.

La expresión del afecto incluye las emociones, que según García Martínez junto a la cognición y la motivación dan cabida a la flexibilidad del comportamiento humano.

La autora citada añade que las emociones tienen tres funciones: las adaptativas, que Darwin había reconocido como la capacidad para adaptarse a una situación determinada; las sociales para compartir emociones, ayuda y solidaridad con los demás y tener control y las motivacionales referidas al logro de metas y proyectos.

“Todo ello permite concluir que con la edad se comprenden mejor las relaciones sociales, y la importancia que tienen en la vida afectiva… Experimentar sentimientos positivos lleva a tener más ganas de mantener una vida social con otras personas y a que tengan una percepción más positiva del comportamiento de los otros, siendo más confiados, optimistas y generosos con el resto”.

Ballestero lo asevera, señala que las características más relevantes durante el periodo de la vejez son la salud, el funcionamiento físico y cognitivo y las relaciones sociales.

Para comprender mejor García Castañeda explica que el bienestar emocional se logra cuando incorporamos un estilo de vida que invite a mover el cuerpo y la mente todos los días, … “participar en la sociedad, ya sea en las relaciones con otras personas, en los eventos sociales y culturales de nuestra comunidad, en la práctica religiosa o espiritual, o en los temas cívicos que nos interesen”.

Las personas adultas mayores atrapan con lujo de detalles lo estipulado por los conocedores, retoman lo que dejaron postergado, deciden oportunidades con significado y el afecto y las emociones son fundamentales para experimentar bienestar subjetivo y disfrutar al máximo.

Confiados en Dios esperan reunirse pronto a compartir e intercambiar anécdotas, situaciones vividas, acontecimientos que los alegran, metas y proyectos de vida, pero, sobre todo, a compartir mucho afecto como lo acostumbran. Hoy requieren esas emociones que apoyen el ajuste a la nueva situación, será necesario comprender que el intercambio de abrazos, besos, manos, tocar el cabello, la cara y toda expresión físicamente cercana, debe postergarse para después.

Será un tiempo de aprender y asimilar que aunque  nos encanta compartir espacios, las manifestaciones de cariño, aprecio, amistad, gratitud, simpatía y mucho más,  no podrán ser tan evidentes y manifiestas, se podrá expresar todo lo que sentimos por las personas que nos rodean con las mismas emociones que lo hacíamos, con: amor, felicidad, alegría, disfrute, gozo, entusiasmo, satisfacción, orgullo, complacencia, gratitud, serenidad, esperanza; eso sí, de manera diferente: acatando el distanciamiento recomendado, vistiendo la cara con las mejores sonrisas, con los ojos bien abiertos y cargada de alegría, con movimientos y señas de manos, dedos y brazos, con rotulitos que cada persona puede llevar en sus pertenencias, con palabras, gestos, fotos, dibujos y otras maneras que las mismas personas pueden confeccionar.

Será una expresión del afecto, de las emociones, muy diferente, con el sello personal de quien las expresa, con la creatividad que le imprima cada persona, pero con el mismo amor y felicidad que estamos acostumbrados a compartir.

Una nueva oportunidad para dedicar espacios de aprendizaje, para compartir experiencias, formas, colores, inspiración y expresión de manualidades y de arte, de sentimientos, de cómo se sienten las personas que lo dan y las personas que lo reciben, será un nuevo espacio de formación, intercambio y realimentación sobre educación del afecto, de la educación emocional.

Una manera de prepararse para volver pronto a tanto que nos gusta, de envejecimiento activo, con el más alto nivel de significado, con pensamientos y emociones involucradas.

A lo mejor surja una nueva terapia del afecto y su expresión, nuevos programas de reeducación del afecto, de estimular las capacidades cognitivas, de acercarnos más a parientes y amigos, de promover la salud mental, de reconocer e identificar las emociones que sentimos y las que experimentan los otros, de tolerar, de apreciar, de perdonar y de valorar lo que realmente tiene valor.

Sí, será un punto de encuentro, de compartir, de fortalecer la resiliencia, de acercarse más al optimismo, de ver la vida diferente.

La educación emocional tiene como objetivo último “fomentar el bienestar personal y social del individuo y optimizar su calidad de vida, …aprender de autoestima, de habilidades sociales, reconocer y entender de nuestras emociones y de las de los demás” para lograr socialización, mejorar la calidad de vida y como factor protector ante problemas psicológicos y también médicos según Bisquerra, Richman, Kubzansky y otros.

Para aprender de la nueva normalidad y vernos pronto en tanto que nos gusta, vivir más y vivir mejor.

*Catedrática jubilada UNA



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