Domingo 31 de Mayo, 2020

Partidos políticos y Covid-19: una cara adicional de la brecha

Entre su ser real y su deber ser ideal.

21 de mayo, 2020

Sergio Araya / Politólogo

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Los partidos políticos en un sistema democrático representativo coadyuvan a integrar las estructuras de gobierno de la institucionalidad política-pública, a partir de la voluntad popular expresada a través del instituto del sufragio. En consonancia con lo anterior, aportan el contenido doctrinario y programático orientador de su actuar cotidiano y ejercen el control político requerido para dar vitalidad al sistema de pesos y contrapesos inherentes a la división de poderes que le es intrínseco.

Esa dimensión esencial de su praxis, empero no agota la razón de ser de la figura del partido político en el sistema político. Su concreción efectiva demanda el cumplimiento de otros fines y propósitos usualmente ubicados en el ámbito interno de su estructura.

A pesar de la conexión existente entre ambas aristas partidistas, la acaecida a su interior usualmente es poco percibida desde los múltiples sectores sociales ajenos a esta.

Ello empero no le resta relevancia, dado su papel determinante del tipo y alcance de praxis desarrollada más allá de sus límites institucionales.

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Muchas son las competencias partidistas ligadas a esta dimensión. Sobresalen por el impacto mayor en su accionar público la identificación y selección de operadores políticos; la lectura analítica del entorno en que se desenvuelve su actuar cotidiano; la capacidad prospectiva traducida en gestación de propuestas orientadas a impactar dicho entorno y la instalación y gestión de capacidades instaladas propias que posibiliten un margen de maniobra razonablemente autónomo.

Sobre la identificación y selección de operadores políticos, tal y como ocurre en cualquier organización social, parte de la búsqueda de talento humano afín a su visión, misión y objetivos estratégicos.

Ello supone además un proceso permanente de formación y capacitación orientado a fidelizar a su membresía, posibilitando la creación de la identidad partidista, a la vez que contribuya a interiorizar en aquella, sus principios, valores y doctrina, materia prima requerida para la construcción de sus posiciones políticas, propuestas programáticas y estrategias de acción.

La lectura sistemática del entorno facilita la comprensión de las dinámicas reproducidas en el contexto sociohistórico concreto en que le corresponde intervenir, potenciando un efectivo alineamiento de la praxis partidista con las sensibilidades, expectativas y demandas ciudadanas existentes.

La prospección o visualización del “futuro posible” a partir de las realizaciones en el hoy deviene en una de las características medulares de un partido político. El ofrecimiento de mejoras a lo existente como parte de un constante proceso evolutivo, a la luz de su marco doctrinal, así como la transmisión de esperanza social, son componentes sustantivos de su agenda. Complementado con la lectura precisa, crítica y rigurosa de la realidad que se busca incidir, configuran las propuestas programáticas puestas a disposición de la ciudadanía y delineadoras de su proceder en la esfera del poder político-público.

Poseer capacidades instaladas, entre las que se consignan estructuras formales permanentes de funcionamiento y modelos de financiación sostenibles, deviene en un elemento clave para garantizar su solidez  institucional, su perdurabilidad en el tiempo y, especialmente, su independencia de poderes fácticos que procuren vehiculizar sus intereses específicos a través suyo.

Lo antes descrito de manera somera, consolidado en la normativa jurídica vigente, tiende a ser extraño en la dinámica partidista real, observada en los sistemas de partidos políticos de muchos países democráticos.

La brecha resultante entre el deber ser y el ser del accionar partidario produce efectos medibles: desafección partidaria de amplios segmentos de las sociedades; nula o mínima participación de partidos como actores políticos específicos en el debate de los temas relevantes consignados en la agenda de los países donde operan, casi siempre recaída en quienes les representan en los órganos de poder público; preeminencia de la función electoral en su actuar cotidiano, al punto de ser considerada para muchos, incluidos exponentes de su membresía, la única razón de su ser; fragilidad institucional y  carencia de financiación permanente e independiente, que lo convierte en caja de resonancia de intereses y agendas de sectores de poder no formales, nuevamente observable con más énfasis en su actuar público.

No extraña por lo antes indicado la posibilidad de su supresión, tesis enarbolada desde voces de diversa procedencia y abordada aún de forma incipiente en la incorporación hecha por varias sociedades de la figura de la candidatura independiente en sus respectivos regímenes políticos, recreando una suerte de modelo mixto donde, por ahora, coexisten ambas formas de acceso al poder público.

En la actual situación de crisis generada por la presencia del Covid-19, tal brecha vuelve a manifestarse.

En periodo de profunda incertidumbre en los campos económico, social y político, como resultantes de la pandemia, los partidos políticos de las democracias representativas de Occidente, con pocas excepciones, mantienen un  bajo perfil. En tanto parlamentos, poderes ejecutivos, gobiernos subnacionales, cortes supremas de justicia desde lo público-formal plantean políticas, estrategias y acciones, a la vez que sectores sociales organizados buscan incidir en aquellas con sus enfoques, criterios y propuestas, los partidos políticos como actores con identidad propia brillan por su silencio.

Esporádicamente emiten comunicados generales de carácter enunciativo, con contenidos reactivos y acotados a aristas focalizadas de la crisis.

En su calidad de actores sociales homologan su clamor al de los restantes sectores, pidiendo autorización para la ejecución de actividades inherentes a su dimensión organizativa-electoral, como son sus asambleas internas y los procesos de renovación de sus cuadros de dirección y de selección de sus candidaturas a los cargos de elección popular.

En síntesis, aún en tiempos de excepcionalidad como los vividos, los partidos políticos no modifican sus procederes, reafirmando la magnitud y profundidad de la brecha mencionada.

*Politólogo



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