Lunes 13 de Julio, 2020

Es su responsabilidad y la mía

25 de mayo, 2020

Delia E. Villalobos Álvarez M.S.c.

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¿Será que no logramos entender la magnitud de esta pandemia, que tenemos un escudo protector que nos cubre y protege de manera extraordinaria, que creemos que la situación que arremete contra el planeta y el país no puede afectarnos?

Es el momento de reaccionar, de comprender que esta situación está colmada de seriedad, es una amenaza a la salud y también a la vida propia, la de las familias, amigos, vecinos, la de todos.  Nadie puede ignorar los continuos llamados a la responsabilidad, la solidaridad, la prevención, al aporte de todos los que conformamos esta sociedad.

Es difícil asimilar que un diminuto virus cambiara el estilo de vida del planeta, sin ningún aviso ni preparación, que impactara la convivencia y la participación social, la forma de ocupar el tiempo libre, la expresión del afecto, que hurtara de nuestros entornos: abrazos, besos y esa maravillosa cercanía de compartir tan arraigada en nuestra cotidianeidad.

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Es sorprendente que la medicina más efectiva resulte el aislamiento, el distanciamiento social y extremar las medidas higiénicas, es inquietante la afectación a la economía, los servicios, el comercio, el transporte aéreo, de productos entre países centroamericanos, del turismo nacional e internacional, de los centros de entretenimiento, el trabajo, la educación y mucho más.

Todo se hace diferente: las compras que en ocasiones eran tediosas y de repente se extrañan, seleccionar los productos que se ocupan, encontrarse con personas que nos agradan o se dejaban de ver y de repente hacer receso para un cafecito ponía el toque agradable a muchos días.

El aislamiento social reemplazó la manera de comprar, las cosas están más cerca, las empresas y comercios ofrecen el servicio a la casa, se pide y llega lo ordenado, es más fácil, a lo mejor más cómodo, se gasta menos, pero no hay contacto social ni ese contexto agradable con muchos saludos y sonrisas.

Noticias CNN relató que “Vivir una pandemia es extraño. A la mayoría de nosotros nunca se nos ha pedido hacer sacrificios como este antes: quedarse en casa y limitar el contacto con los demás. Toda esa interrupción puede hacer que las personas se sientan ansiosas. Y para algunos, eso incluye ignorar por completo el nuevo coronavirus y continuar como si todo siguiera como siempre”.

Pero es real, una amenaza que roba la salud y arrebata la vida, tiene desvelados a los entes rectores de la salud de todo el orbe; muchas personas siguen recomendaciones al pie de la letra, mientras que muchas más, las ignoran, quieren vivir en modo vacaciones, en entornos que frecuentaban, ejercitarse al aire libre, en compañía de otros, salir cuando lo desean, reunirse para festejar, salir a comer, a comprar, a lo que tenían acostumbrado.

Estamos viviendo diferente, no se puede ignorar el escenario que acecha, es pesado enterarse por los medios de comunicación y las redes sociales de los reclamos por no tener disposición a cumplir restricciones sanitarias que constituyen medidas de protección.

No pueden ser de recibo las faltas por desacato a la autoridad por conducir en horas restringidas, no guardar el distanciamiento social en lugares concurridos, no acatar las órdenes sanitarias, no practicar medidas higiénicas y de protección que, con excesiva insistencia, las autoridades pertinentes describen.

Los especialistas tratan de explicar por qué las personas asumen esos comportamientos, Asmundson, de la Universidad de Regina en Saskatchewan, Canadá, señala que “los factores psicológicos impactan la propagación y la respuesta al Covid-19”. Afirma que hay tres grupos de personas según la manera de responder a la pandemia:
 
“Los que responden en exceso son los compradores de pánico que han acumulado suministros por meses. Están asustados y se apoyan en lo que compran… los empodera y alivia ese miedo.

Las personas en el medio están haciendo lo que se les pide que hagan sin entrar en pánico o actuar demasiado laxas (relajadas).

Los que no responden son aquellos que desobedecen la guía de salud pública, los que se consideran invulnerables, no siguen el distanciamiento social porque creen que no se enfermarán, aunque podría evitar que las personas más vulnerables se infecten”.

Otros estudios de tan actual fenómeno explican que “desafiar las medidas que se prescriben permite a algunas personas desmeritar y observar al virus, más pequeño”, relató el director de Investigación Clínica y Calidad de la Asociación Americana de Psicología Bailey Wright.
Desde otra perspectiva Taylor describió que se está creando una “infodemia”. “Pues lo personas consumen de los medios de comunicación, las redes sociales y las conversaciones con sus seres queridos… lo referido a Covid-19, y esto puede hacerlos insensibles a su gravedad”.

Los investigadores puntualizan que esta situación sin precedentes no solo cambió el estilo de vida, también la salud emocional, social y mental, estamos acostumbrados y nos encanta convivir, compartir e intercambiar de muchas maneras y el aislamiento social es una barrera enorme que lo impide.

Grupos de personas refieren miedo, soledad, angustia, estrés, inquietud, zozobra, tristeza y hasta depresión, por eso es fundamental acatar las medidas sanitarias y gestionar emociones optimistas pues son el camino seguro para vencer esta pandemia, recuperar los entornos frecuentados y el estilo de vida que planeamos.

Si acatamos lo indicado, avivamos la sensibilidad, la solidaridad, nos protegemos y escudamos a quienes desafían más riesgos, seremos parte de quienes asumen este controversial tiempo con seguridad y calma, para que juntos lo logremos.

No se sabe cuánto tiempo más continuará la conspiración de esta pandemia. Lo cierto es que el planeta está centrado en ganarle la batalla; en Costa Rica los esfuerzos y avances llaman la atención de muchos, es impresionante que un país tan pequeño sea capaz de una respuesta gigante como la lograda.

Los equipos, la tecnología, las técnicas desarrolladas en laboratorios, la unión de esfuerzos entre Ministerio de Salud, Universidades Estatales, investigadores y otras organizaciones sorprende.

Pero urge aumentar el compromiso y la solidaridad de todos los que vivimos en esta nación, no son las actitudes las que minimizan los efectos dañinos del virus, es el gesto valiente de quedarse en casa, de incorporar más veces el lavado de manos, de no tocarse la cara, de incrementar la limpieza del hogar y de los lugares que ocupemos, es por ustedes, por las personas que ama, por Costa Rica.

Para vivir más y vivir mejor.

*Catedrática jubilada UNA



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