Sábado 08 de Agosto, 2020

Pandemia del Covid -19: Parteaguas entre lo que fue, lo que es y lo que será la normalidad de la humanidad

28 de mayo, 2020

Sergio Araya / Politólogo

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En el marco de la pandemia enfrentada por la humanidad en el momento presente, cuyo culmen aún no se avizora, distintos sectores comienzan a coincidir, en torno a los cambios irreversibles provocados por aquella. Acuñan a manera de reafirmación de tal conclusión, la expresión: “nueva normalidad”.

Nueva normalidad en el tipo, naturaleza y alcance de las dinámicas socio-culturales y político-económicas desarrolladas durante la actual coyuntura, pero también nueva normalidad resultante de los efectos permanentes observables en el corto y mediano plazo.
En otras palabras, una nueva normalidad compuesta por dos dimensiones: la coyuntural y la estructural.

Con respecto a la primera de sus aristas, es evidente en los modelos de interacción social, praxis productiva, patrones de consumo y lógicas de movilización, los cambios abruptos acaecidos tras la expansión del SARS-CoV-2 por todo el globo terráqueo.

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Acostumbrados a la continua vinculación física con distintos grupos, en función de los roles ejercidos, los seres humanos se vieron obligados a reducir tales contactos a un número limitado de personas pertenecientes, a lo sumo, a dos o tres círculos de procedencia. A saber: su núcleo familiar inmediato de manera permanente;  ocasionalmente y en una cantidad mínima, a compañeros  y compañeras de trabajo y, de manera esporádica y puntual,  con actores prestatarios de servicios  requeridos para la subsistencia diaria.

El denominado “distanciamiento social” devino en una suerte de confinamiento, voluntario o impuesto, según el país del que se trate, que trajo consigo la sustitución de la tradicional interacción presencial, por la conexión virtual masiva, salvo en los casos aún posibles de relacionamiento físico.

Así, sesiones de trabajo, actividades educativas e incluso espacios de convivencia recreativa y de esparcimiento, migraron a la dimensión virtual, apoyado en uso de las tecnologías de la información y comunicación digitalizadas. Algunas de estas herramientas, concebidas inicialmente para fines de corto alcance, súbitamente han visto un crecimiento exponencial en la cantidad de usuarios ávidos por su utilización, que les ha obligado a adaptarse a tales circunstancias, diversificando su oferta de servicios.

La matriz productiva también experimenta cambios. Tal como ocurre en periodos prolongados de guerra, algunas actividades económicas tradicionales han cedido espacio a la atención de requerimientos propios de la época de pandemia o bien han redefinido prioridades dentro de su gama de bienes y servicios producidos.

Parque industrial centrado en emplear sus capacidades instaladas y recursos técnicos, logísticos, así como su talento humano en la producción de medicamentos y accesorios ligados al combate del Covid-19; líneas de investigación abiertas de manera exclusiva o reorientadas a la búsqueda de métodos de salud y vacunas capaces de neutralizar el impacto del virus; producción de bienes primarios para autoconsumo y en menor medida para la comercialización de carácter global.

El uso de tecnología en el desarrollo de actividades cotidianas, como las mencionadas en párrafos precedentes; el incremento en el uso de servicios como electricidad de tipo residencial paralelo a una reducción del consumo de combustible, como resultado del confinamiento casero y la supremacía de la compra de abastos en detrimento del acceso a restaurantes, son tan sólo algunos ejemplos del cambio observado en el patrón de consumo de una amplia mayoría de segmentos de la sociedad.

La disminución del congestionamiento vehicular, la ausencia casi total de tráfico aéreo y marítimo o el uso controlado de transporte público de tipo terrestre, expresan los cambios en la lógica de movilización acaecidos durante buena parte del primer semestre de este atípico año.
La nueva normalidad coyuntural produjo efectos inmediatos en el entorno socio-ambiental; en la psique humana y en el orden económico.

Disminución vertiginosa de considerables magnitudes de la huella de carbono; reaparición en ámbitos dominados por la especie humana, de fauna y flora ajenos a tales entornos e incluso detección de animales y plantas consideradas previamente extintas marcan signos sobresalientes de la nueva normalidad coyuntural.

Mayores espacios de convivencia con los componentes del círculo familiar inmediato apuntan también a esa dimensión positiva del efecto de la pandemia.

Mas esta cara coincide con su contraparte negativa.
Afectaciones de tipo psicológico, tales como crisis de ansiedad, desánimo, frustración o ira, repercuten en propagación de escenarios de creciente desasosiego, tensión y violencia, que si bien no encuentran su origen exclusivo en la crisis sanitaria global, sí se insufla de su presencia concreta.
Desempleo y subempleo incrementados de forma elevada, con los consiguientes  impactos traumáticos en las brechas de desigualdad, pobreza y miseria, socavan la cohesión social, precaria de por sí en muchas naciones antes de la pandemia.

Lo anterior, sumado a la existencia de algunos actores ganadores, pocos en número, pero significantes por la magnitud y trascendencia de su éxito, enrarece la adherencia a los regímenes políticos imperantes, siendo esto particularmente sensible y alarmante en sociedades cimentadas en fundamentos y valores de corte democrático.

La desafección en estos últimos, abre paso a propuestas populistas de corte autoritario, sumando factores de potencial desestabilización a la ya explosiva situación en desarrollo.

Sobre la nueva normalidad estructural aún es prematuro adelantar visualizaciones precisas. A lo sumo, por proyecciones en distintos campos del quehacer humano, puede advertirse una acelerada migración global a la denominada “Cuarta Revolución”, en la cual ya daban sus primeros pasos algunas regiones aventajadas en lo digital y a la cual países de renta media como Costa Rica, comenzaba a explorar sus características y los cambios por ella promovidos.

Hábitos más rigurosos en materia de higiene posiblemente llegaron para quedarse. De ahora en adelante será parte de la nueva normalidad estructural incluir como valor agregado a toda actividad humana, los exigentes protocolos sanitarios aplicados en el vigente periodo de pandemia.
Empero, la forma en que las economías y los regímenes políticos superarán los estragos más profundos de la crisis sanitaria o las transformaciones permanentes en los rasgos propios de la dimensiones: social, cultural e incluso mental de las poblaciones afectadas por la nueva normalidad coyuntural, requerirán más tiempo para ser aprehendidas en su justa magnitud, tanto por las aristas esenciales afectadas como por su directa interrelación con la duración de esta última, cuyo desenlace aún es incierto.

En medio de tales interrogantes y expectativas, lo único certero aparentemente es que la pandemia vivida por la humanidad en 2020 deviene en un parteaguas o punto de inflexión irreversible. Nada volverá a ser como fue, aunque lo nuevo coyuntural tampoco puede concebirse como riguroso y fiel reflejo de lo que será la nueva normalidad del día después.

Aún es una incógnita cómo será la nueva normalidad estructural.



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