Miércoles 15 de Julio, 2020

Sexo y licor / II parte

Mauro Fernández, sexólogo27 de mayo, 2020 | 06:06 AM

Citamos la semana anterior que la nuestra es una sociedad alcoholizada. El licor es parte de muchas tradiciones, festividades y acontecimientos importantes, y se ha visto un aumento en el consumo en esta cuarentena.

Adicionalmente en materia emocional se utiliza como una forma de desenvolverse mejor con las mujeres, se dice que el licor quita el miedo a las mujeres, para funcionar mejor en la cama y para mitigar los traumas de amor.

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Sexualmente sabemos que el licor en poco ayuda al control de la eyaculación precoz, aun cuando atrasa unos cuantos segundos la salida del semen, no genera el deseado control eyaculatorio ni el buen desempeño sexual. Por el contrario, es común que el licor dañe los mecanismos de la erección, propiciando episodios de impotencia, y tiende a disminuir el deseo sexual y la intensidad del orgasmo masculino.

Aunque tiende a olvidarse, es importante destacar que el alcohol no solo daña sexualmente al que lo toma, sino también a la pareja que convive con el alcohólico. Así son muchas las mujeres que sienten aversión por el aliento etílico y por las conductas de la pareja alcoholizada, produciendo a nivel afectivo y sexual rechazos y distanciamientos hacia el compañero.

Además es común que las mujeres experimentan temor, angustia y miedo cuando su compañero “está tomado”, por el riesgo de que ocurra un episodio de violencia, sensaciones que son inhibidoras clásicas de la respuesta sexual. Recordemos que los estudios señalan que el licor suele ser el común denominador de muchas escenas de violencia doméstica, que nos hace más proclive a los celos, al pobre control de impulsos y a las respuestas agresivas.

Mencionamos la semana anterior el efecto de la vida sexual sobre el licor, muchos recurren al licor como una forma de apaciguar sus problemas sexuales y conyugales, por eso es imperativo en el abordaje del alcoholismo indagar sobre la vida sexual y la vida de pareja. Sobre todo porque una o mil borracheras no resuelven las problemáticas que se viven y por lo general más bien las agravan.

Por eso en el abordaje del alcoholismo siempre debemos evaluar las situaciones cotidianas que generan esa frustración que desencadena la búsqueda del licor, con el fin de darle las herramientas necesarias para que, en vez de huir, enfrente y resuelva esos conflictos.



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