Viernes 07 de Agosto, 2020

Algunos apuntes alrededor del significado de los cambios en los gabinetes de gobierno

04 de junio, 2020

Sergio Araya Alvarado / Politólogo

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A propósito de los últimos cambios ocurridos en el Gabinete del presidente Alvarado Quesada, huelga compartir algunas reflexiones de carácter general.
En primera instancia debe advertirse que tales movimientos al interior de un equipo de gobierno son usuales. Sin distingo de la naturaleza del régimen político del que se trate, es excepcional la permanencia prolongada en los altos cargos de dirección política pública. Esto tampoco suele darse en otras instancias directivas y gerenciales de diversa índole.

En una empresa normalmente estos ajustes causan noticia y eventualmente reacciones variopintas que van desde el aplauso hasta la preocupación y el rechazo; pero circunscrito al ámbito de interés de los actores directamente vinculados a la dinámica de aquella o a lo sumo la “réplica sísmica” alcanza a sectores reproductores de alguna relación, continua o casual, con la empresa afectada por los cambios en su cuadro conductor.

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La dimensión pública de un órgano colegiado de poder político como un gabinete ministerial dirigido por el titular de un Poder Ejecutivo da mayor notoriedad por la magnitud y alcance de los impactos generados tanto por el proceso de cambio propiamente dicho, como por los resultados concretos de aquel derivados.

Zozobra, duda, escepticismo e incluso conmoción y oposición rotunda forman parte del menú de reacciones negativas que acompañan este tipo de dinámica; en contraposición, desde una perspectiva positiva, pueden producir ilusión, esperanza, motivación, reconocimiento y aceptación plena.

Será el contexto socio-histórico específico, así como la correlación de fuerzas políticas vigente al momento de ocurrencia de los ajustes en la constitución del equipo gubernamental e incluso su abordaje comunicacional factores que definirán el o los tipos de reacciones efectivamente posicionadas en el imaginario colectivo, así como su peso relativo.

Asimismo, como suele suceder en la fenomenología social, brillan por su ausencia las causalidades únicas y repetitivas en todos sus extremos. Tampoco las formas estandarizadas de gestión de las decisiones de relevo adoptadas, cual protocolos sanitarios, a propósito de su pertinencia en tiempos de pandemia como los actuales.

Es, por así decirlo, cada variante ocurrida en la conducción directiva, portadora de sus propias características, causas y efectos, así como del contenido de las lecturas de ella emanada.

Planteado lo anterior, empero, pueden apreciarse combinaciones de factores recurrentes en una amplia gama de situaciones similares relacionadas con la lógica subyacente de las dinámicas reproducidas en la praxis cotidiana de los órganos decisores que, sin pretender comportar una aprehensión absoluta y excluyente, sí es capaz de ofrecer algunos elementos válidos para poder identificar escenarios con algún grado de previsibilidad en términos de mayor o menor grado de estabilidad en la conformación de equipos de gobierno.

La cohesión colectiva, expresada en una unidad de conducción y de comunicación, proviene de una unidad de concepción y esto a su vez deviene en un pilar de la solidez y sostenibilidad de un equipo.

La máxima antes indicada opera en sentido inverso, si la configuración del equipo es la resultante de la concatenación de variables dispersas y acaecidas en un entorno líquido, fragmentado y de cambio constante.

A mayor coincidencia en la lectura y comprensión de la realidad; de comunidad de enfoques, fines, objetivos y metas; así como de afinidad y compenetración en concepto de estrategias y estilos de conducción, se dispondrá de un equipo coherente y más armonioso.
Mas, alcanzar ese estadio de interacción no es fruto de actos aislados, casuales o circunstanciales.

Demanda una sumatoria de variables, entre las que sobresale la presencia de un liderazgo con una efectiva capacidad de articulación. La fuente de esta última, a su vez es la resultante de la coexistencia de determinantes que le son intrínsecas: claridad ideológica-doctrinaria y rigurosa aprehensión de la realidad socio-histórica específica.

Este liderazgo deviene en el vector impulsor de un ejercicio colectivo de creación de una prístina y precisa plataforma política-programática capaz de suscitar adherencia emocional y cognitiva, inicialmente más fuerte entre quienes la produjeron y sus círculos más cercanos y luego, entre colectividades más amplias y diversas, a partir de una eficiente, eficaz y oportuna estrategia de comunicación política y social.

A lo largo de la historia reciente de la humanidad, la figura del partido político devino en el espacio idóneo de cristalización de dicha conjunción de variables en la dimensión política, a manera de antesala de su implementación tangible desde el poder político formal.

Fue el partido político por excelencia, la comunidad de principios, valores e intereses aplicados a la concreción de un proyecto de incidencia política real, sustantiva y de alcance estructural, mediante el cual se forjaron plataformas programáticas y se identificaron y prepararon operadores políticos que, en gran medida se convertían en la fuente primigenia de gabinetes y equipos directivos de alto nivel político.

Por la naturaleza esencialmente política de este tipo de institución, las dinámicas reproducidas en su interior distan mucho de recrear escenarios ayunos de conflictos y luchas por el control de poder. Por el contrario, aún los partidos políticos más sólidos y con estructuras rígidas y férreas observaban disonancias y confrontación de ideas y planteamientos; no obstante, la presencia de liderazgos sólidos con autoridad legitimada indistintamente de su fuente, más una visión conceptual afincada en el marco doctrinario-ideológico de referencia, posibilitaba la condensación de acuerdos traducidos en líneas estratégicas de conducción y en la escogencia de intérpretes claramente compenetrados con la partitura liderada por quien, en su representación, ejercía la función superior de conducción gubernamental.

Hoy el entorno ha variado de forma abismal. Los sistemas de partidos lucen frágiles, con partidos políticos carentes de institucionalización y con marcos conceptuales precarios, factores configuradores de los llamados sistemas políticos líquidos que hoy propenden en diferentes regiones del globo terráqueo, con afán hegemónico.

Esto repercute indefectiblemente en la construcción de proyectos político-programáticos coherentes, de amplia participación en su base y en la existencia del talento humano requerido para llevarlo a la práctica desde la instancia del poder político-formal, produciendo más inestabilidad y menor perdurabilidad de los cuadros directivos.

Volver al pasado reciente no parece viable. El desafío consiste en propiciar una síntesis capaz de mantener aspectos propios del modelo de partidos anterior combinándolos con las características dinámicas del entorno contemporáneo, donde el elemento cohesionador una vez más, es atribución directa del liderazgo condensado en la respectiva autoridad política superior, que en el caso del régimen político democrático representativo costarricense lo encarna la Presidencia de la República.

*Politólogo



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