Miércoles 12 de Agosto, 2020

Paradoja de la vejez, emociones y pandemia

08 de junio, 2020

Delia E. Villalobos Álvarez M.S.c.

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Cientos de artículos y de especialistas de diversas partes del planeta apostan su atención en los estilos de afrontamiento que sacan a relucir las personas adultas mayores para prevenir la enfermedad y hasta el riesgo de perder la vida ante un acontecimiento que los metió a todos en la casa.

Un hecho que con producción simultánea detuvo el mundo, neutralizó hasta los más reconocidos, los más probados en seguridad, economía, educación y otras áreas del desarrollo humano.

Nunca antes había experimentado la población del globo una ruptura abrupta como esta, que interrumpió proyectos de vida, rutinas y cuanto contenía personas, servicios, programas y mucho más.

Se ha visto de todo, crueldad, trabajo desgarrador, miseria, desempleo, dolor, carencia de alimentos, de medicinas, de equipo sanitario, de especialistas y la huella de la muerte arrebatando vidas, pero también episodios muy positivos.

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Lo sorprendente es que, entre relatos de miedo, noticias lastimosas y mucha soledad por iglesias sin cultos, escuelas y colegios sin bullicio y comercios sin trajín; los estudios evidencian el talante ecuánime, maduro y sereno con que las personas adultas mayores desafían una pandemia que entorpece el estilo de vida por ellos construido.

El gerontólogo Schwarcz describe que “el impacto de esta pandemia global sobre nuestras vidas es sin duda inmenso y nos cuesta aún dimensionarlo en todas sus implicancias actuales y futuras. La profundidad de esta crisis ha trastocado nuestra ‘normalidad’ cotidiana y nos interpela a repensar las bases mismas de nuestro sistema de vida.”

El citado autor afirma que este acontecimiento insiste en llevar “a los medios de comunicación y a los especialistas a enfocarse en los riegos y la vulnerabilidad de las personas adultas mayores, lo que podría hacernos caer en la tentación de generalizar por razones de edad a personas que son muy diferentes…”.

Desde los inicios de esta pandemia, las personas adultas mayores decidieron autocuidarse, mantener la salud, disfrutar de todo lo que los está esperando y los hace experimentar emociones saludables que las hacen fluir, compartir, gozar de tanto alcanzado. Son personas que aprovechan las oportunidades que llegan de programas, servicios, familias, amigos, mantienen a raya las enfermedades no trasmisibles, asumen con seguridad y alegría vivir plenamente cada día.

Los conocedores explican la conducta asertiva con la que las personas adultas mayores responden ante la pandemia. Iacub expone que “Hay dos teorías que buscan descifrar por qué los adultos mayores responden mejor que otros grupos etarios a este escenario… La experiencia adquirida a lo largo de la vida, que permite lidiar mejor con que lo que se desea, y engancharse menos con eso que no se tiene y disfrutar más de lo que hay disponible. La otra teoría tiene que ver con tener más encima la sensación de que la vida no es tan larga y que hay que disfrutar de lo que se tiene”.

Concuerdan en que las personas adultas mayores desafían los cambios físicos, sociales, emocionales y otros, pero de manera pasmosa, desarrollan habilidades para gestionar emociones, priorizar pensamientos optimistas, dicha, felicidad, tranquilidad, paz, armonía que las lleva a disfrutar sin límite.

Señalaron Fernández y Pastor “…Si me falla la salud, puedo intentar compensarla con una actitud mental alegre o con unas relaciones sociales complacientes. Si me encuentro algo triste o preocupado, puedo intentar hacer ejercicio y pasar buenos ratos con los amigos o la familia... Si me encuentro solo, porque mis amigos se han ido reduciendo o la familia no se encuentra cerca, buscaré lugares de encuentro con otras personas en mi situación y trataré de buscar el placer de realizar actividades: leer, escuchar música, pasear, pintar o coser… quedarnos con el lado bueno de la vida y exprimirlo al máximo”.

Conforme pasan los años las personas adultas mayores “se sienten más cómodas en su propia piel, más seguras de sí mismas y … más tranquilas y felices… Una salud mental de hierro, mejor que en cualquier otra etapa de la vida…son más propensos a adoptar actitudes positivas mentalmente”, anotó Martínez-Conde.

Christopher Bergland definió 7 elementos de sabiduría que hacen que las personas adultas mayores disfruten de salud mental. “El deportista refiere que perdonarse y perdonar es fundamental, despojarse del rencor, aceptarse tal como somos, reconocer y conversar de los defectos que se tienen, reconocer y gestionar las emociones, manejar con ecuanimidad las situaciones que nos retan, pedir disculpas cuando los errores lo ameritan, sacar del camino las emociones no saludables, levantarse y continuar caminando”.

Esta pandemia sitúa sobre la mesa aspectos relevantes que llevan las personas adultas mayores en su sendero, no puede faltar el tema de las emociones, Sancho lo describe “en el cerebro tenemos una especie de alarma que nos avisa cuando estamos en peligro, saturados, cuando nos sentimos vulnerables, tenemos que enfrentar alguna situación que no podemos controlar o sentimos incertidumbre”.

Afirma el autor que cuando esta alarma se activa puede aparecer: “insomnio, preocupaciones, pensamientos obsesivos y negativos, sensación de desbordamiento, opresión en el pecho, claustrofobia, tristeza, desasosiego, miedo” … entre otras.

Las emociones no saludables surgen cuando desafiamos amenazas, preparan para reaccionar “El miedo es una señal de defensa ante un peligro, la tristeza es una respuesta adaptativa ante una pérdida, y el enojo surge cuando alguien nos ataca o invade”, agregó Tovar.

Pero podemos sentirnos mejor, ahuyentar las emociones y síntomas identificando personas, situaciones y actividades que deparan emociones saludables, esas que generan armonía, tranquilidad, paz, disfrute, que nos desconectan de la ansiedad, la angustia, miedo y otras.

Invitar pensamientos de serenidad es una competencia: “Esto es temporal”, “Hoy mi familia y yo estamos bien”, “Esto pasará”, “Hoy puedo controlar lo que hago”, “Estoy seguro en mi casa”, “Todo va a estar bien,” “Estoy haciendo lo correcto. Quedándome en casa puedo ayudar a muchas personas y a mí mismo”, sugiere Sancho.

Tovar arguyó que las emociones saludables: alegría, placer, serenidad, esperanza, tranquilidad y otras, también “cumplen un propósito evolutivo, Se ha encontrado que amplían nuestros recursos intelectuales, físicos y sociales, y permiten construir reservas que nos ayudan a enfrentar amenazas”.

Los entendidos mencionan la importancia de desarrollar una reserva emocional, una especie de preparación que, con herramientas recaudadas, se instalen en una vida nunca imaginada que los tiene alejados y distanciados, con la amenaza permanente que lucha por arrasar con todo.

Juárez Batista propone desarrollar la reserva emocional en tiempos de crisis: dormir bien para enfrentar el estrés y la tensión, poner el cuerpo en movimiento, para mejorar el estado de ánimo e inmunidad, entrar en contacto con uno mismo con meditación, respiración, escoger actividades que lleven a fluir y provean energía, poner atención a las emociones, calmar la tensión y las discusiones, mantener la comunicación, el apoyo de familiares y amigos, pensar en los otros, pero también en sí mismo.

En medio de esta pandemia, las personas adultas mayores apuestan la sabiduría construida para llenarse de ánimo, aprestarse para la nueva normalidad, retomar los retos que dejaron y quieren asumir para vivir más y vivir mejor.

*Catedrática jubilada UNA



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