Lunes 06 de Julio, 2020

Persona joven en lo social: la necesaria actualización del sistema político

25 de junio, 2020

Sergio Araya / Politólogo

[email protected]

En un contexto de alta volatilidad política y escasa adherencia partidaria, como el existente en la Costa Rica contemporánea, la población joven es fiel exponente de ambas variables. Suma a estas, su baja participación electoral y la poca atención de importantes segmentos de ese conglomerado a asuntos de orden político en general.

A pesar de lo anterior, la institucionalidad político-pública y la comunitaria costarricense ofrecen una gama amplia de espacios de participación e incidencia política para la población joven.

Algunos son de amplia base social, en tanto otras instancias fueron diseñadas exclusivamente para articular la presencia juvenil en los ámbitos de construcción y gestión de los asuntos públicos de su especial interés.

Lea: Invertir en educación, la clave para el desarrollo de un país

A saber: en el plano local y en la dimensión pública se sitúan: concejos de distrito; concejos municipales de distrito; consejos cantonales de deportes; mientras como organizaciones comunales potencialmente receptoras de la acción de la persona joven se citan: los comités comunales de deporte y recreación, asociaciones de desarrollo comunal, integrales o específicas y las juntas de educación o de salud, entre otras.

En la dimensión cantonal como espacio público enfocado a la juventud destacan el comité cantonal de la persona joven y los gobiernos estudiantiles en entidades de enseñanza formal de primaria y secundaria.

A escala nacional y sectorial existen instancias como las asociaciones estudiantiles universitarias y organizaciones no gubernamentales como
fundaciones.

En el ámbito político también figuran los partidos políticos. Y dentro de estos, las unidades orgánicas diseñadas para canalizar la praxis partidista de aquellos jóvenes dispuestos a involucrarse en esa arista del quehacer político.

Los llamados frentes y comités procuran integrar las agendas particulares de la juventud, a la vez que coadyuvan a identificar y capacitar a los liderazgos de relevo al interior de dichas estructuras partidarias.

La participación joven encara distintos desafíos. Algunos inherentes a la población propiamente dicha y otros generados desde escenarios externos. Dentro de estos últimos sobresale la denominada cultura adultocéntrica, entendida en forma general como: “el fenómeno desde el plano sociopolítico consistente en la limitación o restricción de acceso a la presencia activa de los jóvenes en los ámbitos de toma de decisiones, participación política y diseño y ejecución de políticas públicas” (Achoy Sánchez, José Mario, 2018). Tal y como lo indica la cita referida, la indisposición de grupos etarios mayores a la presencia protagónica de las juventudes en los ámbitos decisorios deviene en un obstáculo para su efectiva incorporación, a la vez que produce una suerte de desestímulo acrecentador de la desafección política de amplios sectores de las y los jóvenes.

No obstante esa resistencia adultocéntrica al relevo natural o incluso a la cocreación con otros grupos etarios menores, la realidad histórica muestra que oposición resulta a lo sumo retardataria y quizá, inhibidora de una más amplia participación de las generaciones posteriores, mas no puede del todo contener del todo y para siempre la concreción de ese relevo o de esa interacción.

Esto es particularmente más evidente en la época actual vivida por la humanidad, atravesada por una dinámica de transformaciones vertiginosas, especialmente en el ámbito tecnológico, las que de forma casi natural potencian con vigor la entrada en escena de savia nueva y fresca en el quehacer social global.

Esto marca un punto de inflexión y determina la perdurabilidad o no de las distintas organizaciones sociales y políticas, entre ellas las antes referidas, con atención especial en los ya de por sí débiles y vetustos partidos políticos.

En torno a esto, con claridad el politólogo costarricense Juan Carlos Chavarría Herrera indica: “los cambios generacionales, las dinámicas sociales, culturales y políticas actuales, más vertiginosas que en cualquier época histórica anterior, obligan a los partidos políticos a procesos permanentes de innovación y reinvención, haciendo de la participación efectiva de los jóvenes en la toma de las grandes decisiones, la ruta al crecimiento y hasta la sobrevivencia” (Chavarría Herrera, Juan Carlos, 2018).

En este somero repaso no puede omitirse la razón fundamental motivadora del actuar de la persona joven en espacios colectivos. Similares al del resto de la sociedad de la que forman parte, pero inyectada de dosis de innovación e idealismo, los fines de su involucramiento aportan elementos renovadores de la dinámica política a la que se insertan, contribuyendo a configurar agendas, métodos y prácticas cualitativamente distintos a los preexistentes.

En tiempos de apatía y desinterés, la vitalización del sistema político demanda y requiere de esa inyección de talento emergente.
Es menester de los tomadores de decisiones facilitar acciones tendientes a incentivar un involucramiento cada vez mayor y sostenido de las generaciones de relevo en el accionar social, sea público o comunitario, a efecto de renovar al sistema y dotarle de perspectivas conceptuales novedosas, que le permita sostenibilidad perenne.

Y es desafío de las poblaciones jóvenes asumir posiciones activas, no esperando graciosas concesiones unilaterales; antes bien enarbolando distintas formas de acceso, desde las que impliquen superación de obstáculos, hasta las que se sustenten en esquemas de cooperación y asociativismo estratégico con los demás grupos etarios integradores del conglomerado social.

* Politólogo



Noticias relacionadas

VEA MÁS



Comentarios

COMENTAR