Lunes 06 de Julio, 2020

Mentalmente saludable

29 de junio, 2020

Delia E. Villalobos Álvarez M.S.c.

[email protected]

Así quiero estar siempre, y más aún en medio de esta pandemia que saca todas las armas que embute para despojarnos de la salud, la estabilidad emocional, los contactos sociales y tanto que ocupaba nuestros días.

Es una promesa que llega en cada amanecer que envían desde el cielo, refunde ilusiones, colores, sonidos, imágenes, esperanza, mucha fe para retomar el control que esta situación remolca.

Son muchos escenarios, algunos difíciles de asimilar, provocan intranquilidad, aflicción, otros son dolorosos, desgarran el alma, arrastran vaguedad, miedo con caras distintas.

Recordemos que la salud mental, según la Organización Mundial de la Salud, es el estado de bienestar en el que la persona realiza sus capacidades y hace frente al estrés normal de la vida, de trabajar de forma productiva y de contribuir a su comunidad.

Lea: Martillo y baile a la Defensora

En estos tiempos de pandemia son muchos los cambios que alteran tanto que se tenía escogido, organizado y disfrutado; muchos afanes nuevos y hábitos que se deben incorporar, sin tiempo para acomodarse, es aquí y ahora, la salud y la vida.

Aparecen las emociones, somos propensos a conectarnos, como dice Bisquerra, con emociones no saludables: tristeza, ira, ansiedad, soberbia, pereza, pesimismo, incertidumbre; pueden afectar la salud mental.

Estar atentos, experimentar emociones saludables que permitan sentirse muy bien, mantener la salud, conservar buen estado afectivo. Los especialistas insisten en prevenir, examinar lo que sentimos, lo que trata de robar la calma.

Díaz recomienda “identificar qué está causando preocupación o sentimientos de ira, para buscar alguna actividad que ayude a exteriorizarlas y dar calma a la mente”.

Ante este desafío puede “presentarse ansiedad, estrés y depresión, desajuste del bienestar emocional” explica Schultz “la ansiedad es un sentimiento intenso de preocupación y miedo acerca de algo que está afectando a su vida… que influirá en su vida...

La ansiedad, el estrés y la depresión pueden provocar: dolor de cabeza, llanto, disminución de la actividad, desesperanza, problemas para dormir y otros”.

Entre más tiempo convivamos con el aislamiento, más se debe prevenir, Rojas-Marcos explica que la ‘personalidad resistente’ es una herramienta que facilita la capacidad de adaptación, la fuerza interior para recuperarse de las adversidades…”.

Este receso planetario estancó cuanto estaba en movimiento, produjo múltiples aprendizajes que tendrán un lugar especial en la memoria individual y colectiva. Cómo olvidar que sin importar la disparidad social, educativa, emocional, laboral y de tanto que insistimos en ostentar, como por arte de magia mostró la igualdad, la fragilidad, la impotencia que dibuja a los seres humanos.

“Estamos aprendiendo a gestionar la espera, la (falta de) inmediatez y la tolerancia a la frustración, la paciencia y la comunicación. A gestionar la incertidumbre, cómo rellenamos el tiempo, si somos más o menos productivos.

Tenemos menos prisa, y eso es algo a lo que no estamos acostumbrados”, anotó Rojas-Marcos.

Los que saben afirman que permanecer en aislamiento social por periodos largos provoca dos tipos de síndromes: el “síndrome de la cabaña” y la “fiebre de la cabina”.

El primero se traduce en miedo y ansiedad a salir a la calle, no querer exponerse a  cambiar de ambiente, esto los vuelve vulnerable, se sienten protegidos y en refugio en su casa y el hecho de enfrentarse al “medio ambiente contaminado” los altera y experimentan peligro,  evitan salir a la calle y regresar a la normalidad; el segundo, es una respuesta emocional con sentimientos de angustia que surge cuando se pasa mucho tiempo encerrado en algún lugar, comenta la especialista.

Este síndrome aparece en el siglo XX en Estados Unidos dibuja un estado mental en personas luego de meses de aislamiento, soledad y aburrimiento durante largos inviernos.

Los colonizadores de los desolados territorios de EE.UU. y Canadá lo conocían como “locura de pradera” o “locura de montaña”.

Los síntomas que implican estos síndromes no son similares en todas las personas, pero describen irritabilidad, inquietud, letargo, tristeza, depresión, dificultad para concentrarse, preferencia por algunos alimentos, falta de motivación, siestas frecuentes y desesperación.

Estar mentalmente saludable es una responsabilidad, los conocedores recomiendan reinventarse, aprovechar el tiempo para crecimiento personal, reflexión, tomar decisiones.

Cates de salud conductual de Nebraska Medicine prescribe aumentar el ánimo: “estar al aire libre, al sol, donde se admiren plantas, patio, lo que se tenga disponible.

Reserve cada día un “momento de preocupación”, escriba lo que le preocupa. Haga una lista de todo lo que te dice el cerebro. Intenta reconocer que has controlado todo lo que puedes controlar. Cuando el cerebro comienza a hablarte por la noche, recuérdale que ya lo escuchaste y que volverás a escuchar la noche siguiente”.

La alimentación es fundamental en situaciones como la que afrontamos, puede mejorar el estado de ánimo y aumentar la calma, Scott de Tufts University, recomienda arándanos, fresas, frambuesas y moras.

Jugo de naranja, la vitamina C mejora la salud cardiovascular y actúa como antiestrés; bananos, el potasio regula la frecuencia cardíaca y los niveles de serotonina en el cerebro, encargado del buen ánimo.

Recomiendan incluir nueces ayuda a pensar mejor en situaciones de mucho estrés físico y emocional, también almendras, ricas en grasas saludables y vitaminas B2 que calma los nervios.

Incluya aguacate que disminuye la presión arterial, mejora la función de los receptores en el cerebro y el estado de ánimo.

Otros alimentos invitados son los espárragos que estabilizan el ánimo; pescado que reduce la presión arterial y tiene vitaminas del complejo B que calmarán los nervios; carnes rojas que reducen el estrés y mejoran estado de ánimo; leche para dormir mejor, disminuir ansiedad, relajar músculos y regular presión arterial y chocolate negro para mantener el corazón saludable, conservar el buen humor y aumentar la sensación general de bienestar.

Otras propuestas indican incluir actividades que distraigan y ayuden a compartir en familia. Incluyendo el entrenamiento mental, mantenerse en contacto con amigos y familiares, advirtió Córdoba.

Los ejercicios de relajación también son beneficiosos: meditación, respiración profunda o imágenes guiadas que ayudan a relajarse y reducir el estrés. Escuchar música, tocar instrumentos musicales, participar en un proyecto de arte o trabajar en el jardín también pueden tener efectos terapéuticos maravillosos, sentenció Martínez.

Para estar mentalmente saludable, vivir más y vivir mejor.

*Catedrática jubilada UNA



Noticias relacionadas

VEA MÁS



Comentarios

COMENTAR