Jueves 13 de Agosto, 2020

Ejercicio, hábitos y memoria

06 de julio, 2020

Delia E. Villalobos Álvarez M.S.c.

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La novela continúa, es una historia que retarda ese final que pocas veces ha sido tan añorado para ubicarnos en otros escenarios, en otras películas que se puedan escoger, que dejen disfrutar, que entretengan, que permitan observar realidades agradables, personajes amenos, obras maravillosas para cambiar la enorme pesadilla.

Es necesario tomar el control, levantarse cada día, respirar energía y esperanza que despierten creatividad, gozo, alegría, encanto por la vida.

La Organización Mundial de la Salud denota en su agenda: la salud mental porque “el aislamiento deriva síntomas de angustia y molestia, ante los cambios en las rutinas, las relaciones y las actividades practicadas para mantener la salud”.

El Grupo de Trabajo del Comité Permanente entre Organismos, sobre Salud Mental y Apoyo Psicosocial en Situaciones de Emergencia (IASC) “explica como normal que las personas se sientan estresadas y preocupadas durante una pandemia. Esta organización y el Servicio Administrativo de Abuso de Sustancias y Salud Mental de EE.UU. plantearon respuestas comunes ante situaciones de crisis:

Lea: Sociedades inactivas deben declarar

Miedo a estar enfermo o a la muerte, a ser atendido en centros de salud por temor a contagiarse, a ser excluido, a no poder ayudar a sus seres queridos, a tener desesperanza, aburrimiento, soledad y depresión”.

En opinión de Torrente, director del Instituto de Neurociencias y Políticas Públicas de Fundación INECO, hay días en que los mayores, pueden sentirse más irritables, molestos o fastidiados, sin motivo aparente “la salud mental se ha convertido en una variable fundamental de este escenario impensado. El temor a la enfermedad y sus consecuencias, y las medidas de aislamiento impactan en nuestra salud emocional de manera creciente. Al mismo tiempo, la salud emocional es clave para sostener nuestros cuidados generales, tomar decisiones adecuadas y llevar adelante nuestras vidas en un contexto adverso prolongado” de aislamiento social”.

Es más de lo acostumbrado, sobrepasa la capacidad para resolver y enfrentar, es un desvarío que agrega más capítulos para desestabilizar, para robar la salud, la paz y la tranquilidad.

Los investigadores recomiendan sentarse con las emociones y con los síntomas que se pueden presentar: esa sensación de entumecimiento, ansiedad, miedo e incredulidad, cambios en la energía y el apetito, dificultad para concentrarse, para dormir, tener pesadillas, dolores de cabeza y cuerpo, problemas estomacales y sarpullido; identificarlos, reconocerlos, conversar con familiares y amigos, explica El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de los EE.UU.

Se requiere que quienes conviven con las personas adultas mayores ofrezcan tiempo para compartir, son espacios de terapia para cambiar los estados de ánimo, construir estados emocionales, curar el alma, invitar al bienestar que hace la gran diferencia entre sufrir soledad y desesperación o devolver sosiego, sentir que estamos cerca, en familia, prodigamos afecto, apoyo y protección.

Es fundamental (como se ha mencionado) tener una rutina que ponga control a cada día, que incluya: tiempo para la higiene, el cuidado personal, sentarse con el sol, dejar batas y pijamas para que el cerebro entre en modo de activación y aprendizaje, vestirse, arreglarse, poner el cuerpo en movimiento y por supuesto, disfrutar y ocupar espacio con actividades escogidas como leer, escuchar música, hacer manualidades, ocuparse de las plantas, ver películas, aprender a gestionar emociones saludables: anotar tanto que se tiene para vivir feliz, conversar de lo que cambia el estado de ánimo, usar la figura humana y anotar donde se sienten esas emociones maravillosas que cambian la vida y desconectan de lo que inquieta y asusta.

Es importante, además, no despegarse de los hábitos de vida saludable: alimentación sana, sueño reparador, sin el fumado, el licor y otras drogas, hidratarse, ejercitar el cuerpo y por supuesto dejar espacio para la estimulación cognitiva.

Los hábitos de higiene serán parte determinante de este nuevo estilo de vida y como lo menciona Murillo, “Nunca deberíamos perder la disposición para asombrarnos de lo que nos rodea: este es otro hábito excelente. Aunque ya sabemos con cuánta facilidad sucumbimos a lo cotidiano”…

El movimiento es fundamental, debe ocupar un espacio de preferencia para todos los que acatan las recomendaciones de las autoridades de salud, no solo para mantener la salud física también la salud emocional y mental.

Caminar y hacer estiramientos a lo largo del día por la casa genera múltiples beneficios entre ellos mejorar la memoria y otras capacidades cognitivas.

Mover el cuerpo, es activar la mente, sacudir y tirar tantos pensamientos que en estos días intentan deslucir el brillante sol, la claridad del amanecer, el inmenso cielo, la fe que guía el sendero.

Ejercitar cada parte del cuerpo atrae energía, infunde ánimo, alegría, alivia dolores musculares, distrae, mejora el sistema inmunológico, disminuye el estrés, calma la depresión.

Los especialistas recomiendan ejercicios aeróbicos para activarse: yoga, taichí, bailar, caminar, hacer bicicleta estacionaria, ejercicios con ligas.

 No olvide su memoria y para recordarla que mejor que poner en marcha algunas herramientas, Abbona Santín, directora de Rejuvenate, Programa de Entrenamiento Cognitivo que se implementa en Montevideo, propone que el “Entrenamiento Cognitivo sea una especie de recreo, que entretenga, reduzca la ansiedad y eleve el bienestar”. Agrega que ejercitar la mente es válido para cualquier momento, cada persona escoja las actividades según su preferencia, habilidades naturales, fortalezas y objetivos.

Es necesario recordar que las capacidades cognitivas atención, percepción, concentración, memoria y otras, son las que guardan, recuperan, reconocen, comprenden, organizan y utilizan los estímulos que captan la vista, el oído, el tacto, el olfato, el gusto.

Según Abbona “Mediante estas capacidades las personas alcanzan y gestionan la autonomía cognitiva; esa capacidad de vernos a nosotros mismos, vincularnos con otras personas e interpretar el mundo como seres independientes”.

Son muchas las opciones para mantener los hábitos, movernos y estimular las capacidades cognitivas, para vivir más y desafiar con sabiduría esta pandemia.

*Catedrática jubilada UNA



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