Martes 04 de Agosto, 2020

Como caída del cielo

13 de julio, 2020

Delia E. Villalobos Álvarez M.S.c.

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En estos meses de pandemia, son múltiples las publicaciones que tratan de desterrar ese enorme enemigo que intenta aniquilar la salud física y mental de las personas: la convivencia, los modos y hábitos construidos, los proyectos de vida, los abrazos, besos y saludos y tanto que contenía el disfrute de cada día.

La preocupación por las personas adultas mayores es evidente, los riesgos que develó el enemigo, la vida tan activa que tenían escogida, la participación social que aprovechaban hasta más no poder y el enganche en las oportunidades, los dibuja como generación diferente. Activos, decididos, alegres, paseadores, amigos de compartir, de ejercitarse y mantener el control de la vida.

La pandemia de la salud mental, así reconocida por organismos internacionales, tiene a todos atentos. Las preguntas resuenan con insistencia: ¿se podrá resistir el aislamiento y los destemples que arrastra, se podrá desafiar tanto que quiere llevarse?

Ante tanto reto recomiendan prevenir el desgaste de la salud mental, destacan la espiritualidad, una de las dimensiones de calidad de vida y bienestar que conecta con el sentido de vida. Las investigaciones demostraron efectos protectores ante las enfermedades y pérdida de seres queridos.

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La psiquiatra Maribel Rodríguez, directora de la Cátedra Edith Stein del Centro Internacional Teresiano Sanjuanista (CITeS) de Ávila, refiere la espiritualidad “como la dimensión más esencial del ser humano,…que se relaciona con aspectos inmateriales de la existencia, como nuestra capacidad de amar o de tener compasión o de sacar fuerzas de lo más profundo de nosotros mismos… se asocia con la trascendencia, con la esperanza, con la inspiración, con el propósito y con el sentido de la vida y con el sentido último de todas las cosas…se ha relacionado la espiritualidad con la capacidad de conectar armónicamente con lo más profundo de uno mismo, con los demás, con la naturaleza, con Dios o con una realidad superior…se ha entendido como lo que inspira y alimenta el amor, la ética, la creatividad, la consciencia o la percepción de lo sagrado”.

La espiritualidad llega: como caída del cielo, en tiempos de desafío, noticias cargadas de incertidumbre y angustia, cambios drásticos en estilos de vida, interludio de programas y posibilidades para envejecer activamente, de encontrarse con uno mismo, de reflexionar tanto que pasa en el planeta, de convivir con situaciones nunca antes retadas.

En esa búsqueda interior y en esa minuciosa relación con sí mismo se descubre el significado de la existencia, se encuentra relación con el entorno, se experimentan otros valores, la visión de vida cambia, los milagros son tan cercanos, confirman gerotrascendencia.

Lars Tornstam, profesor de la Universidad de Upsala, detalla “la trascendencia… una transición de una visión material y racional de la vida hacia una más filosófica y espiritual, que denomina cósmica, y que acompaña al proceso de envejecimiento”.

Su ponencia hilvana que los valores centrados en la productividad y el crecimiento que llenan a los más jóvenes, son cambiados por las personas adultas mayores por la calma, la recreación, la creatividad y la sabiduría. “Lo que les permite asumir ciertas pérdidas y crecer personalmente, ya que podrá dar lugar a la verdadera noción de experiencia o sabiduría de la vida”.

El citado autor afirma que lo absurdo de estos cambios es que con frecuencia fueron entendidos como patológicos por personas cercanas, aun cuando el disfrute de los mayores era evidente.

El autor describe tres dimensiones: la cósmica refiere a cambios existenciales, de sentimiento de unidad con el mundo, la dimensión de sí mismo, cómo se ve la persona en el hoy y desde lo pasado y la dimensión de relaciones sociales y personales, la vida pierde cierta dimensión individual y se concatena con los antepasados y con quienes nos continuarán.

La gerotrascendencia “aporta mayor conexión con la naturaleza; disfrute por la vida interna; menor miedo a la muerte e incrementar aquellos elementos que permiten ver a la vida con un sentido y un fin”.

La espiritualidad es una competencia que invita al deseo de cambiar la vida, a valorar lo esencial, a desistir de lo que no es trascendente, a salir de tanto superficial que arrebata serenidad y energía, a armonizar tanto que se desacomoda en el camino, a experimentar la ambicionada reconciliación y la paz.

Urgimos la espiritualidad, reinventar el sentido de vida, caminar, crecer y aumentar valores, empatía escuchar y entender lo que las personas abrigan y apremian, sintonizar emociones, lo que duele y mortifica, lo que tranquiliza y regala felicidad.

Reconocer y encantarse de tener un modo diferente de compartir, de reconocer lo que los otros entregan: afectos, apoyos, fidelidad y mucho que la ofuscación, el temor y la desilusión impiden descubrir y deleitar.

La espiritualidad llega como caída del cielo, nos conecta con la vida, con el significado que le otorgamos, con las creencias que tenemos, afina esa sensación de vida interior que aloja en un mundo en que no solo tienen valor los aspectos físicos y materiales, también los que penetran. La espiritualidad evidencia que cada persona es única, que entiende y expresa desde donde se percibe el universo, el mundo, la realidad, lo que somos.

Almanza, Pérez, Vargas y otros plantean que “la resignificación del sentido de vida del adulto mayor se gesta en la necesidad de encontrar significados a cada una de las experiencias vividas ante cualquier circunstancia o situación ya sean estas positivas o negativas. Es decir, la persona mayor requiere de razones y motivaciones que le permitan seguir autodescubriéndose y encontrar todas las posibilidades para ser felices, sintiendo satisfacción ante la vida, de acuerdo con su voluntad, circunstancias personales, posibilidades, objetivos, metas, entre otras”.

Como caída del cielo, la espiritualidad es una habilidad que vale la pena invitar a cada día en tiempo de pandemia, a encontrar significado a lo que estamos viviendo, creer en prodigios, revestirnos de ilusiones, esperanza, pensamientos positivos, de muchos podemos, de nada nos roba tanto acumulado, a creer y cultivar la gerotrascendencia. A vivir más y vivir mejor.

*Catedrática jubilada UNA



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Comentarios

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Ly The Dung (15/07/2020)

Thanks for taking the time to discuss this, I feel strongly about it and love learning more on this topic.

Luis Chacon jimenez (13/07/2020)

En cualquier tiempo, pero principalmente en estos momentos es irrenunciable volver la vista a la persona del Señor Jesucristo y al perdón de los pecados, por la fe en su sacrificio vicario, solamente Jesús y la Santa Palabra de Dios es viva y eficaz y penetra el alma y los tuétanos, sólo en sus promesas hallaremos :paz, consuelo, guianza perfecta, que protección perfecta, que al médico y proveedor por excelencia, al Padre y amigo, al Príncipe de Paz, gozo busque al Señor Jesucristo por medio de la lectura con fe de su Santa Palabra y hallará las respuestas para una existencia con sentido y la vida eterna.