Martes 04 de Agosto, 2020

La figura de la Primera Dama: lo que es, lo que no es y lo que podría ser

30 de julio, 2020

Sergio Araya / Politólogo

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En los últimos días la polémica alrededor de las competencias y roles asumidos por la actual Primera Dama de la República, que van más allá del papel tradicional usualmente ligado a la pareja del titular del Poder Ejecutivo, potencia el espacio propicio para reflexionar en torno a una figura señera, no formalmente consignada, pero sí ligada al cargo de la jefatura de Estado y de Gobierno en regímenes presidencialistas, desde prácticamente sus orígenes e incluso más atrás en la historia política de la humanidad.

El término Primera Dama designa a la mujer o cónyuge del presidente de una república o, en su defecto, a quien -madre, hija o hermana- cumple con sus funciones protocolares en viajes y ceremonias oficiales. Por tanto, se trata de un cargo meramente protocolar.

Las primeras damas no son votadas ni elegidas pero asumen un rol protocolario e institucional importante y determinante en las sociedades actuales. Desde el punto de vista institucional, su actividad no está regulada, pero su importancia es decisiva en la imagen de la institución.

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Su mención como parte simbólica inherente al ejercicio del poder político, se remonta a la antigua Roma, destacando la esposa del Emperador Augusto, de nombre Livia Drusila y de quien los historiadores de la época la sitúan como una figura política con peso propio, de gran influencia en su cónyuge, en lo concerniente a la conducción política del Imperio.

La autoría de la denominación “Primera Dama” o “First Lady” (en inglés) se atribuye a la periodista, escritora y poeta  originaria de Estados Unidos de América, Mary Clemmer Ames, quien en 1877 empleó ese título para referirse a la esposa del entonces 19º presidente de los Estados Unidos Rutherford B. Hayes, quien lideró la nación norteamericana en el periodo comprendido entre 1877 y 1881.

Empero la figura era visible y referenciada como tal desde el surgimiento mismo de la república federal estadounidense.

Incluso el título no fue exclusivo de la cónyuge del Jefe de Estado de turno. A manera de ejemplo se cita el caso de Harriet Lane, sobrina del 15º Presidente norteamericano, James Buchanan (1857-1861), quien ejerció como tal, siendo considerada por la sociedad y prensa de la época, como un referente por la agudeza y tacto político mostrado en el cumplimiento de su papel como anfitriona de actividades de carácter protocolario de orden oficial, llegando a ser conocida como “la Reina Democrática” durante la Administración de su tío.

En el siglo XX destacaron por su activismo, liderazgo y empatía, Eleanor Roosevelt, esposa del cuatro veces presidente Franklin Delano Roosevelt, a quien en el marco de la II Guerra Mundial se le comenzó a conocer como “Primera Dama del Mundo”; Jackeline Kennedy, esposa del carismático Presidente John F. Kennedy y más recientemente Hillary Rodham Clinton, quien incluso asumió una carrera política propia, tras el culmen de los dos mandatos de su esposo Bill Clinton, llegando a ser Candidata a la Presidencia por el Partido Demócrata en la elección celebrada en 2016 y Michelle Obama, cónyuge del primer presidente afrodescendiente de la nación de las barras y las estrellas.

La fuerte influencia del régimen republicano de corte presidencialista propio de los Estados Unidos de América en la configuración del modelo político adoptado por muchos de los países nacidos de los procesos de independencia en distintas partes del orbe se observó también en la incorporación de la  figura de la Primera Dama. No obstante tal integración no fue de derecho, es decir, no se consignó un cargo jurídico específico en el marco institucional del régimen político construido; antes bien, se asumió como una costumbre  transmitida de un mandato presidencial a otro, de forma sucesiva.

Costa Rica, al igual que muchas otras repúblicas del continente americano, encontró en la organización política del régimen estadounidense fuente de muchas de sus instituciones políticas, incluida la consignación de hecho de la figura de la Primera Dama.

La historia del país destaca la participación activa de “Primeras Damas” en asuntos que van más allá de los asuntos de índole protocolar usualmente inherentes a su rol.

Así la tradición menciona a Pacífica Fernández Oreamuno, quien pasó a la historia no solo por ser la primera mujer en ser designada y conocida de manera pública como “Primera Dama” en su calidad de esposa del Presidente José María Castro Madriz, sino que, bajo la ostentación de dicho título, asumió un rol activo en la definición y distribución de los colores de uno de los símbolos más relevantes de un Estado-Nación, como lo es su bandera. Su creación, inspirada en la bandera de la República de Francia fue adoptada formalmente como símbolo nacional por el Congreso de la República el 29 de setiembre de 1848.

Desde la figura de doña Pacífica, muchas mujeres han asumido ese papel, siendo la diversidad de formas de ser y de actuar, lo usual. Así en tanto algunas han pasado a la historia por su bajo perfil, otras por el contrario han manejado agendas propias y han comportado mayor nivel de popularidad que sus parejas.

A manera de mención se citan, entre otras a: Ivonne Clays Spoelders, aristócrata belga y quien, en su condición de esposa del Presidente Rafael Ángel Calderón Guardia (1940-1944), se reconoce su esfuerzo por crear la Orquesta Sinfónica Nacional; Marjorie Elliot, esposa del Presidente Daniel Oduber Quirós (1974-1978) y promotora de expandir el acceso al conocimiento a través de la instauración de bibliotecas públicas en áreas rurales del país; Margarita Penón quien en la Administración de su esposo Óscar Arias Sánchez (1986-1990), lideró la construcción de legislación orientada a procurar la igualdad  jurídica entre hombres y mujeres y Gloria Bejarano Almada, esposa del Presidente Rafael Ángel Calderón Fournier (1990-1994), responsable de la conversión de la Antigua Penitenciaría en el Museo de los Niños, hoy convertido en el único museo interactivo existente en el país, un referente actual del país en esta materia.

Huelga indicar que, emulando el actuar de otras primeras damas a escala internacional, al menos tres de quienes han ejercido ese papel en el Poder Ejecutivo costarricense han seguido una carrera política propia, traducida en curules legislativas: Karen Olsen Beck (cónyuge de José Figueres Ferrer durante su último mandato en el periodo comprendido entre 1970 y 1974); Margarita Penón y Gloria Bejarano Almada. E incluso la señora Penón fue precandidata presidencial por el Partido Liberación Nacional de cara a la elección de 1994.

Con el devenir de los tiempos, donde la participación de la mujer en la actividad política ha ido ganando terreno, en número y en profundidad, incluido en el caso costarricense, la consecución de la Jefatura de Estado por Laura Chinchilla Miranda en el periodo 2010-2014, el alcance del rol de la mujer que, circunstancialmente, asume el papel de Primera Dama, también sufre el impacto de esta dinámica de cambios cualitativos.

La Primera Dama del periodo 2014-2018 asumió un papel protagónico en la conducción de una de las políticas públicas más estratégicas de dicha Administración: la estrategia para la reducción de la pobreza extrema denominada “Puente al Desarrollo”. Aunado a ello, por su experiencia previa como promotora de procesos de descentralización y fortalecimiento del régimen municipal, fungió como interlocutora política del más alto nivel en representación del Ejecutivo con los operadores de este.

En la actualidad la señora Claudia Dobles, arquitecta de profesión, asumió en nombre del Ejecutivo la coordinación de temas vinculados a: movilidad urbana, vivienda, infraestructura, impulso para el desarrollo de la región Chorotega y reapertura de la isla San Lucas, según referencias de su Jefe de Despacho, citado por medios de comunicación.

Es evidente que si bien la participación activa de la Primera Dama de turno no es algo nuevo, sí evidencia, especialmente en los últimos tiempos un rol proactivo en términos del significado y alcance de su accionar, en la concreción efectiva de objetivos estratégicos de la agenda política impulsada por la Administración de la que forma parte, de hecho, aunque no de derecho.

En otras palabras, se está ante el ejercicio de tareas sensibles que implican movilización de recursos técnicos, humanos y financieros de naturaleza pública, pero sin el debido blindaje proporcionado por la ostentación de un cargo formalmente inserto en la estructura de la Administración Pública.

No alcanza siquiera el estatus de “rector político aunque no administrativo” propio de la figura conocida como “Ministro (a) sin Cartera”, cuya validez constitucional es objeto de polémica entre juristas, pero que en la actualidad sigue permeando en la conformación de los Gabinetes de los Ejecutivos costarricenses.

Por lo anterior, en la práctica es totalmente pertinente plantearse como interrogante válida un modelo de gestión de lo público, carente de las responsabilidades jurídicas y administrativas que deberían serle inherentes.

Ante ello, se abre una ventana de oportunidad para propiciar un debate sobre el rol contemporáneo de quien es pareja del titular del Poder Ejecutivo, si finalmente su afán es ir más allá del cumplimiento de funciones de carácter protocolar.

A manera introductoria a ese propósito de precisar un potencial papel beligerante de quien ostenta el título de Primera Dama o Primer Caballero, cabe la posibilidad de designarle como Ministro o Ministra sin cartera, a efecto de asumir el liderazgo político en la conducción de una o varias temáticas del respectivo Gobierno o bien, otorgarle un cargo que implique la administración de una cartera propiamente dicha, afín al perfil técnico personal.

Huelga indicar que la Ley N° 9523 “Ley contra el Nepotismo en la Asamblea Legislativa”, aprobada en 2018, tal y como lo indica su nombre, solo abarca al Poder Legislativo.

Por tanto podría ser disruptivo, ciertamente no exento de polémica y criterios encontrados, otorgar un espacio de acción orgánico a quien, en la práctica, asume papeles activos en la conducción política de un Poder Ejecutivo.

Más allá de la discusión en medios y redes digitales alrededor del caso puntual de la actual Primera Dama, el tema abre el espacio para una reflexión más profunda , abarcadora de elementos de cambios acaecidos en la estructura política y socio-cultural sobre los que descansa el modelo de régimen político imperante y que permiten plantear propuestas como la antes señalada.

El debate en definitiva está sobre la mesa.

* Politólogo



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betta fish (30/07/2020)

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