Miércoles 12 de Diciembre, 2018

Marlene Ramírez: Celebremos la vida

08 de mayo, 2015

Marlene Ramírez B Periodista, [email protected]

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Las mujeres por lo general, debemos hacerles frente a grandes batallas como a la discriminación, embarazo, maternidad, desigualdad de género, violencia, acoso, pobreza, etc. Muchas de nosotras  además de jugarnos la suerte diaria, debemos enfrentar enfermedades, algunas veces pasajeras, otras veces crónicas y en gran cantidad de casos… mortales.
 
Teresita Aguilar Mirambell es una de las pocas mujeres que se han enfrentado a la muerte y la han vencido, ella, es “Un testimonio de vida después de oír la frase ¡Tenés cáncer!”. Además de sumarse a los pocos casos de sobrevivientes de cáncer de ovario en el país, según nos cuenta Teresita en esta entrevista.

“Un   periodista me entrevistó como la   mujer de mayor sobrevivencia de cáncer de ovario en Costa Rica, pero no es cierto, según médicos oncólogos amigos, lo que sí es cierto, es que soy una de las  pocas mujeres que  sobrevivimos   más de diez años, en el país y en el mundo a este mal.

Cuando este cáncer se descubre se muere el 83% de las mujeres y en los 5 años siguientes  un alto porcentaje fallece. Por lo que soy un milagro de la vida”.
“¡Si seré privilegiada!”.
Teresita Aguilar Mirambell nació en Atenas y es madre de cinco hijos, abuela de trece y bisabuela de dos niños.

Odontóloga y profesora de Ciencias y Biología, fue profesora en el Liceo Anastasio, Vicedecana de la Facultad de Odontología, Presidenta de la Asociación de Funcionarios Universitarios Pensionados, Presidenta y Directora de la Junta de Pensionados, Diputada y Secretaria del Partido Acción Ciudadana.

 Actualmente es consultora internacional de programas para las personas adultas mayores. Editora de la Editorial Mirambell. Coordinadora del Festival Internacional Grito de Mujer en Costa Rica desde el año 2013.

Ella es activista inquebrantable en la lucha contra el cáncer. Participa en charlas de prevención, seminarios y otras actividades  en grupos de mujeres y con asociaciones contra el cáncer.

Como escritora: ha publicado  7 libros de poesía  y este de narrativa “Celebremos la vida”.

 La señora, hoy luce radiante a sus ochenta y dos  años, sus consejos son claros, “¡Hay que celebrar la vida!”. Si usted la viera, estimado lector, no se imaginaría lo que vivió, ya que su sonrisa está presente en el presente, levanta la voz para levantar el ánimo, camina con paso firme hacia adelante, trabaja. Se viste elegante todos los días, como si tuviera un estricto horario de trabajo. Le encanta su cabello largo y salir a contarles a todos que, su piel blanca es blanca, pero que todos somos iguales en lo íntimo y sensible y que tenemos derecho a la felicidad y a la salud.

3 de agosto del 2004

En esa época, Teresita jamás sospecharía que, la esperaba un cambio radical en su vida. La mañana despertó tranquila, cotidiana, adecuada para botar papeles viejos, acomodar otros y por qué no, pensar en comprarse un auto nuevo. Despreocupada se sentó en el piso de su habitación. Una vez realizada su laboriosa clasificación, Teresita intentó ponerse de pie, pero un dolor fuerte en el abdomen al lado derecho, no se lo permitió.

Dos de sus hijos la llevaron enseguida al hospital Cima, el más cercano a su casa en Santa Ana, donde en pocas horas y luego de un ultrasonido, el doctor Federico Huete le diagnosticó ¡cáncer de ovario!

Del 3 al 12 de agosto Teresita vive la peor de sus pesadillas. Un diagnóstico inesperado, una noticia mortal, una cirugía inmediata. “No pienso en nada, estoy como si continuara anestesiada: nada de miedos, nada de llantos, nada de reclamos ni de perdones”. Así lo escribe en su libro, ¡Celebremos la vida! publicado en el año 2012 y dedicado totalmente para contar su testimonio sobre la lucha contra el cáncer de ovario.
 
Por otra parte, el 8 de mayo 2013, Michel Liberman, gerente médico de la farmacéutica Roche, indicó a Prensa Latina, que más de 130 mujeres son diagnosticadas con cáncer de ovario cada año en Costa Rica. Además, expresó que los diagnósticos son tardíos, ya que no existen detecciones tempranas, por lo que las pacientes con cáncer de ovario sufren una muerte silenciosa.

Teresita Aguilar hoy forma parte de este grupo de personas que  han estado cara a cara con la muerte, esa muerte silenciosa de la que habla el doctor Liberman. Ella, describe claramente y paso a paso en su libro ¡Celebremos la vida!, cómo es realmente vivir; acostarse; levantarse; comer; desayunar; bañarse cada mañana con un intruso dentro de su cuerpo, que quiso  robarle hasta el último aliento.

“El libro, lejos de pretender ser una obra científica, es la obra humana de una paciente con cáncer que quiere aconsejar a quienes les dicen  ¡Tenés cáncer!, seguir adelante con optimismo, con valentía, no detenerse ante nada, seguir al pie de la letra las recomendaciones médicas, no faltar a ninguna cita, las que deben estar de primero siempre, antes que ninguna otra cosa”.

“Pretendo también hacer un llamado a familiares y amigos para que nunca abandonen a sus seres queridos y, por el contrario les den toda la solidaridad y cariño del mundo, y recordar la frase “hoy por ti, mañana por mí”, porque el cáncer no discrimina a nadie: niño, joven, viejo, género, color de piel, edad, nacionalidad, condiciones económicas y sociales”.

7 de agosto, de regreso a la casa

“Sé que llegó mi fin”…
“Estoy tranquila, estoy bien. No he llorado ni siquiera una lágrima, No tengo miedo a la muerte. Hago un balance de mi vida y, a pesar de muchas cosas que habría querido fueran de otra manera, debo reconocer que he vivido mi vida de verdad, como muchas mujeres no lo han hecho”.

8 de agosto al 25 de diciembre.



Teresita siempre con la fe firme en su Virgen de Guadalupe, en Dios y con la mente positiva, enfrenta las buenas y no tan buenas noticias que le dan los doctores: Joao Baptista. oncólogo. Andreas Rauff. ginecólogo. Ricardo Slon, Federico Huete y  Francisco Mirambell.
La quimioterapia da inicio en el hospital San Juan de Dios.

Seis sesiones de quimioterapia; una cada tres semanas, debe hacerse los exámenes que el doctor Baptista le indique, y…, vivir con esto el resto de su vida.
El espejo del cuarto se fue llevando poco a poco su cabello, cejas; fuerzas; pestañas; uñas. Vio cómo cambiaban sus risas irónicas de sí misma, por suspiros de ánimo y sueños de sobrevivir.

Teresita fue encontrando en el camino de dolor, temor y angustia, esos otros rostros de nuevos amigos con el mismo sufrimiento; con la misma quimioterapia; con el mismo medicamento; con la misma incomodidad en la sala del hospital, donde el espacio es limitado, donde están; entran; salen; respiran; lloran; ríen; suspiran, miran sus ojos como espejos, ricos  y pobres tratando de salvarse.

En la sala del hospital; en las camillas, las sillas, los rincones, en la pintura de las paredes, en los cuerpos de mujeres y hombres van desapareciendo las células cancerosas y también… las buenas.

Para Teresita, la quimioterapia vino después de extirparle un tumor en etapa IC, no en todos los casos ocurren los mismos procedimientos. Algunos pacientes reciben quimioterapia antes de la operación.

“De acuerdo con algunos reportes médicos, comenta el doctor Liberman, en Prensa Latina, anualmente fallecen en Costa Rica cerca de 70 féminas a causa de esta dolencia que; no presenta síntomas y se desarrolla en cualquier parte de ese órgano, particularmente en el de las mujeres mayores de 40 años de edad, proclives a padecimientos propios de la etapa post-menopáusica”.

Para Teresita los efectos secundarios fueron: Náuseas, para lo que consumía  carboplatino. Una debilidad constante. Caída del cabello. Dolor excesivo de huesos. Desgano. Sudoración fría. Yemas de los dedos sensibles. Problemas con el esmalte de los dientes.

Otros efectos: como los hijos que la acompañaron siempre. Nietos tratando de proteger a la abuela en su quebranto; mientras se ponían sus pelucas y lanzaban al viento los pañuelos, igual que a los fantasmas. Amigos nuevos apoyándola. Amigos antiguos que permanecieron, como son los verdaderos amigos.

Pensar en pensar lo qué pensaba y pensar en hacerlo mejor cada día. Pensar en ayudar y ayudar. Pensar en los demás, conocidos y desconocidos con las mismas células queriendo robarles el último aliento.




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