Miércoles 12 de Diciembre, 2018

Alfonso Chase: Llueven pájaros, poesía de Arabella Salaverry

23 de noviembre, 2015

Alfonso Chase, Premio Magón 1999, intelectual

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Este es un libro de poesía que busca trascender lo obvio para llegar hasta la esencia. Ese misterio de sostener la gravedad de las palabras sobre el ala de los pájaros, visibles o invisibles, en esa diáspora de la cordura para ubicar en los ojos la demencia sana de mirar a lo alto. No llueven desde arriba, sino que se impulsan hacia el cielo a partir de la tierra.

Ejercicio, experimento, inusitado resultado de una vibración mental sobre las aves que arrancan en la infancia y se prolonga, como propósito literario, hasta perderse de vista, en todos los horizontes.


Construido en ocho apartes, buscando la otredad y la permanencia del sujeto: es un ser humano el que describe el vuelo. No son aves, horrible palabreja que no sirve para ser testigo de nada, sino que la compacta brevedad del vuelo los convierte en ángeles: agobiados, celestes , oscuros, desmemóriales, Moribundos hasta ser aséptico signos, desdibujados hasta en las palabras.

Llueven pájaros es un experimento de alzar vuelo. Llover de arriba abajo hacia el anila, si fueran flechas sin blanco móvil. Lo extraño es que no cansa el ritmo ni la reiteración vehemente del vuelo, donde el arrullo es ala y el pico se ensaña con la luna, para saber que existe.
¿Qué busca la poeta, como nació en ella ese transmonte de alas?.

¿Y para qué? Todo se limita a mostrar algo que no fue. Un asunto que se elevó y dejó un rasgo de sombra en el horizonte, esas palabras-experimento que asumen su destino de vuelo, su incómodo testimonio de ser en el horizonte.

Llover pájaros es un acto de magia. Algo que salta hacia la mirada de los otros a partir de la soledad de la poeta, solitaria en todos los sitios, espacios y situaciones. Son múltiples ciudades y un pájaro verdadero: el imaginado, no el imaginario, sino la síntesis del ala para dar razón a la luz.

Eso es lo que interesa, confunde y llama la atención de este libro.

El carácter de génesis. La apertura del vuelo. Lo agorero del poema. La necia necesidad de crearlo y lanzarlo hacia los aires. Iracunda manera de escribir para alborota el aire y trastrocar todo orden posible.

Son hebras de luz desmadejadas para dar forma al tejido del universo. Es mas acucioso y trabajado libro de Arabella Salaverry y también el mas imaginativo y mas libre.

Atónito y adormecido, rabioso y cerebral. Llueven pájaros es un signo de que la poesía está viva, activa y tornasolado aún en las tardes lluviosas.

Esas que marcan los índices de soledad en las historias y dan vida a esos animalitos cuando se precitan en el ejercicio vital del vuelo, para darle forma a esa poesía que nos rescata del tedio y fija destinos húmedos en plazas y horizontes.
 
Llueven pájaros es, también, un ejercicio de estilo.

 Una manera de ejercitar la gestación de poemas que son rigurosos, algunos admirables, en hipnótica manera de ejercer la capacidad de crear sobrepasando límites y esperas. Son trazos, caligrafías vitales, esbozos de letras girando en la atmósfera, en ocho tiempos diferentes, en el espacio psicológico del pájaro solo hasta el grito infernal de un ave perdida especie de Metratón que sustituye al Maligno con su alanido agorero.

Todo el libro está sostenido en esa orfandad que constituye la esencia de la poesía de índole espiritual de Arabella Salaverry. Una desintegración real del pájaro solo hasta convertirse en ala, rastro de vuelo, desintegrándose en las palabras.

Esfuerzo, intensidad, premonitorio signo que va del adentro hacia el afuera, convertido en pedernal gracias a la magia de las transformaciones. Hominización, de humano, de un proyecto de vuelo que se estrella en la imposibilidad de convertirse en estallido.

Rara manera de sostener todo un libro con la certeza de lograr un punto de equilibrio, en donde lo humano sea la respuesta a un escorzo de luz en los horizontes. Manejo de un lenguaje rico en detalles. Despojado de adornos, certero.

Como si partiera de una ballesta para oradar un punto sin fin.

Algo extraño en nuestra poesía actual. Madurez y espera. Cumplido elogio de ella, pero sin rozar, siquiera, su yo absoluto, convertido, en escape, vuelo, trazo.




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