Miércoles 12 de Diciembre, 2018

José Joaquín Fernández: La solidaridad cristiana vs. la solidaridad del Gobierno

25 de diciembre, 2015

José Joaquín Fernández. Miembro de la Mont Pelerin Society, [email protected]

[email protected]

La solidaridad es uno de los valores fundamentales del ser humano. Sin ella, la existencia en sociedad carece de sentido.

Como miembro, desde 1983, de la Orden Franciscana Seglar, siempre me he preguntado cómo entiende la solidaridad el cristiano y deseo compartir algunas reflexiones personales. Para ello me remito a la parábola del joven rico que encontramos en tres de los evangelios del Nuevo Testamento (Mt 19: 16-22; Mc 10: 17-22; y Lc 18: 18-23).

En ella, Jesús le dice a un joven rico que si desea ser perfecto que venda sus posesiones y que distribuya el producto de la venta entre los pobres. Dice la parábola que el joven rico se marchó triste porque no quería deshacerse de sus bienes.

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Esta parábola nos enseña que para Jesús la solidaridad debe ser voluntaria, nunca coercitiva. Jesús no se fue detrás del joven rico a exigirle que fuera solidario, que vendiera sus bienes y que distribuyera entre los pobres el producto de la venta.

Todo lo contrario, Jesús dejó al joven rico irse libremente. Dios hizo al ser humano libre y, en esta parábola, Jesús respeta el libre albedrío del joven rico. La solidaridad no puede, ni debe imponerse. Solo cuando alguien hace algo por los pobres por voluntad propia es que se considera un acto cristiano y moralmente válido.

Jesús y sus discípulos pudieron amenazar con una daga al joven rico y obligarlo a despojarse de sus bienes pero eso no sería moral, ni ético, ni cristiano. Si Jesús hubiera usado la fuerza para despojar al joven rico de sus bienes, eso sería robo.

El robo existe aún si el delincuente tuviera la buena intención de ser solidario con los más necesitados con la totalidad de los bienes sustraídos de manera violenta. Es decir, no importa el uso que el antisocial haga con los bienes, la apropiación de los bienes ajenos por medio de la coerción es inmoral. No hay discusión acerca de que, para el cristiano, el uso de la fuerza es inaceptable para obligar a terceros a practicar la solidaridad.

La parábola del joven rico nos enseña que la solidaridad es despojarnos voluntariamente, sin coerción, de nuestros bienes para compartirlos con los más necesitados. Sin embargo, todo programa social del Gobierno se financia con impuestos y estos son obtenidos por medio de la coerción y el uso de la fuerza. Dado que todo impuesto es obtenido por medio de la violencia, no es solidario el actuar del político que financia programas y ministerios con recursos que no son obtenidos de manera honesta. La coerción no es buena y tampoco es virtud cristiana.

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Si el gasto social y “solidario” es anticristiano porque se financia con impuestos, ¿significa eso que los pobres quedarán desamparados? ¿Es posible lograr justicia social sin programas sociales financiados con impuestos? Resulta ser que la libertad económica es la expresión material del libre albedrío y, según el informe, “Libertad económica: reporte mundial”, -elaborado por el Fraser Institute de Canadá-, el 10 % de la población más pobre que vive en los países donde se vive mayor libertad económica, casi duplica el nivel de ingreso promedio que tienen los países que menos respetan la libertad económica en el mundo.

Cuando la Madre Teresa inició su misión, llevaba consigo sólo tres monedas, las cuales entregó al primer indigente que se encontró. La Madre Teresa entregó sus bienes, no los del prójimo ni obligó nunca a nadie a ser caritativo. Las Hermanas de la Caridad atienen más personas que la Caja Costarricense de Seguro Social.

El caso de Muhammad Yunus, Premio Nobel de la Paz en el 2006, y su concepto de empresa social es otro ejemplo de solidaridad que respeta el libre albedrío y la libertad individual. Años atrás, Yunus observa en Bangladesh, su país natal, que la tasa de interés que cobran algunos empresarios son excesivamente altas y no permiten al pobre ni ahorrar ni a salir de su condición de miseria.

Sin embargo, Yunus no propone una banca estatal sino que crea el Grameen Bank, un banco privado que ofrece crédito a los pobres bajo condiciones favorables y en alianza con ellos. A la fecha, Yunus ha creado más de 20 empresas en todos los sectores incluyendo alimentos y telecomunicaciones.

Él funda algunas de sus empresas en los barrios marginados para darles trabajo a los más pobres y realiza alianzas estratégicas con empresas transnacionales para crear productos accesibles a los pobres sin disminuir la calidad de estos.

No es incorrecto que un político desee que los pobres tengan acceso al crédito bajo condiciones favorables. Lo que es inmoral es que nos obligue por la fuerza de la ley a financiar bancos públicos que operan en mercados cautivos. Si tan solo una fracción de los impuestos se destinara directamente a los más necesitados, no habría pobres.

La falsa solidaridad vía impuestos es un subterfugio del político y del sindicalista, que viven a costa del sudor del pueblo. ¿Por qué el político, en vez de recaudar cientos de millones para financiar una campaña electoral, no lo hace para fundar un programa privado tal y como lo hizo la Madre Teresa o para crear una empresa social como lo hace Yunus?

En resumen, la solidaridad cristiana impone el respeto al libre albedrio. Solo bajo libertad económica se evita el uso de la coerción y resulta que aquellos países que respetan la libertad económica tienen menos pobreza que aquellos que la violan.

El principio de libre albedrío y libertad económica son consistentes. Para ser solidarios y reducir la pobreza, necesitamos impulsar políticas de libertad económica y complementarlo, no con socialismo, sino siguiendo el ejemplo de la madre Teresa y Muhammad Yunus.



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