Jueves 23 de Noviembre, 2017

¿Los animales necesitan ayuda psicológica?

Omar Segura / EFE09 de octubre, 2017 | 04:05 AM

Desde hace tiempo, los especialistas en comportamiento animal conocen y estudian los casos de loros que hablan, cuervos que construyen herramientas, paquidermos que se saludan y monos que practican el sexo cara a cara con fines sociales además de reproducirse.  
 
Ahora se descubrió que muchos otros animales -tanto las mascotas y el ganado, como aquellos que viven en estado salvaje, ajenos al contacto con el homo sappiens- también sienten y padecen, se alegran y sufren, y experimentan emociones y conflictos psicológicos dignos de ser tratados por un psiquiatra.  
 
Según el doctor Marc Bekoff, biólogo de la Universidad de Colorado, EE.UU., y una de las mayores autoridades mundiales en conducta de los mismos, "los perros han evolucionado de los lobos y ven a su guardián como parte de su manada, y creen que tienen que colaborar y hacer las cosas en común como harían los lobos".  

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Incluso pueden tener depresiones, porque ellos lo dan todo y tienen expectativas: "si se los abandona, se les hunde el mundo, se rompen sus códigos, se sienten confusos y deprimidos. Ese comportamiento se ha estudiado en perros, en gatos y en chimpancés. Todos ellos pueden llegar a morir de pena".  
 
Según el etólogo, ellos "tienen una vida sentimental muy profunda. Son mucho más de lo que se piensa, y no deberían estar encerrados en los zoos ni se debería experimentar con ellos. Cuanto más se mete uno en sus mentes, más compasión siente hacia ellos, porque ve los sentimientos en estado puro: no tienen dobleces".
 
Para Bekoff, que lleva 40 años estudiando el comportamiento social de los protagonistas y se interesa cada vez más por sus sentimientos, los animales tienen un sentimiento moral y en ciertas situaciones saben lo que deberían hacer y lo que no.  

Son los mejores amigos del hombre.

Cuando juegan, sean perros, gatos, osos, lobos o rapaces, se comunican que van a jugar y pueden simular que se atacan, matan o reproducen, pero lo hacen como juego. Nunca traicionan el juego, no atacan a un congénere cuando han pactado que están jugando”, señala.  
 
El equipo de Bekoff grabó distintos grupos durante largos periodos y también  determinó comportamientos de compasión, perdón, capacidad de disculparse, empatía, muy semejantes a los de los humanos.  
 
Se efectuaron estudios neurológicos en los que se observa que a los perros se les activa la misma zona cerebral que a los humanos cuando ríen: lo expresan con un jadeo y su risa es tan contagiosa como la humana: cuando un perro jadea, los de alrededor también lo hacen.  
 
Los animales también se enamoran, como demuestran los estudios en zorros, en los que se observa cómo una pareja duerme entrelazada, viajan juntos, comen juntos y se tratan con mucho mimo. También echan de menos al que se va o se muere. Se estudiaron en perros, en elefantes y en ratas. Cuando huelen que un miembro de su grupo familiar ha muerto, muestran comportamientos de duelo.
 
La leyenda dice que los elefantes van a visitar a sus difuntos al cementerio, y los estudios confirman que hay algo especial en la relación que los paquidermos mantienen con sus muertos. Son capaces de reconocer los restos de sus semejantes, según un estudio efectuado en el parque nacional de Amboseli, en Kenia, por investigadores de la universidad de Sussex, en Gran Bretaña.  
 
También muestran un fuerte interés por los esqueletos de otros elefantes muertos, en especial por el marfil, e interactúan con ellos años después de que hayan fallecido. Una serie de comportamientos que hasta ahora solo se había observado en los seres humanos.
 
De acuerdo con el investigador británico, Jonathan Balcombe, que integra el Comité de Médicos para la Medicina Responsable, animales de las más diversas especies no solo son capaces de enamorarse, sino también de tener sexo solo por placer, emprender enérgicas persecuciones solo por diversión, y hasta drogarse, para pasarla bien".  

El doctor Balcombe ha dirigido un estudio, que alerta sobre la forma en que los experimentos con animales les provocan una severa reacción de estrés: se aterrorizan cuando les sacan sangre, los alimentan a través de una sonda o les ponen vías hasta el estómago”. Incluso en situaciones en las que no se realizan intervenciones dentro de su cuerpo, sufren al ser manipulados en el laboratorio.
 



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