Sábado 11 de Julio, 2020

Más trabajo para mujeres, más desarrollo país

22 de setiembre, 2016

Alejandra Mora Mora

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Justamente en esta semana, en el marco del 71 período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, se estará presentando en Nueva York el primer informe global conocido al día de hoy, sobre Empoderamiento Económico de las Mujeres.
 
La conducción, investigación y elaboración de este informe estuvo a cargo de un Panel de Alto Nivel, convocado por la Organización de las Naciones Unidas, y copresidido por el señor presidente de la República de Costa Rica, don Luis Guillermo Solís Rivera, y la señora Simona Scarpaleggia, directora ejecutiva de la corporación IKEA Suiza. Desde marzo de 2016, este Panel se dio a la tarea de abordar y visibilizar la importancia del Empoderamiento Económico de las mujeres para el cumplimiento de la Agenda global con miras al 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
 
En efecto, una de las máximas de la Agenda de Desarrollo hacia el año 2030 es la de “No Dejar a Nadie Atrás”. Siguiendo esta lógica, cobra vital importancia la igualdad de género, porque son fundamentalmente las mujeres quienes más rezagadas están en el acceso y disfrute de derechos y oportunidades.

La importancia del empoderamiento económico a las mujeres no es solo para satisfacer una deuda histórica que tiene la sociedad con nosotras, quienes hemos hecho milenariamente actividades en el ámbito privado a las que nunca se le llamó trabajo y por cuyo esfuerzo no se ha recibido ningún tipo de remuneración. Se debe también a que este empoderamiento repercute en mayor poder de decisión en nuestras vidas, cuerpos y entornos.

Asimismo, porque la exclusión de las mujeres de los sectores productivos, debido a la prevalencia de la informalidad, los sesgos explícitos e implícitos, la segmentación sexual del trabajo, las brechas digitales y financieras, limita su talento como motor para el crecimiento económico y el desarrollo de los países del mundo.

En otras palabras, una de cada dos mujeres no participa en el mercado laboral contra uno de cada cuatro hombres; mientras una de cada tres mujeres mayores de 15 años no posee ingresos propios, nueve de diez hombres sí los posee; por hacer el mismo trabajo, las mujeres podemos aspirar a ganar apenas un 86,9 % de los salarios que devengan los hombres; y a pesar de realizar trabajo no remunerado tres veces más que los hombres, mayormente en actividades domésticas y de cuido, 700 millones de mujeres menos que hombres ocupan trabajos remunerados. Según datos del Instituto Global McKinsey, de continuar así las economías dejarían de percibir más de 28 billones de dólares para 2025.

Nuestro país tampoco es la excepción y a pesar de los esfuerzos gubernamentales en la Política Social -por ejemplo, en materia educativa, de formación humana y de transferencias-, la pobreza tiene hoy día y más que nunca rostro de mujer: en 2012, había 122 mujeres pobres por cada 100 hombres en la misma condición.

Durante el último trimestre del 2015. la tasa de desempleo entre las mujeres costarricenses superaba en casi cuatro puntos porcentuales a la de los hombres. Esto ocurre mientras en la región los hogares monoparentales con jefaturas femeninas crecen, representando en 2013 uno de cada tres en América Latina y el Caribe (32,3 %) y un 36 % de las jefaturas de hogar en Costa Rica en 2014.

Es claro entonces que la inclusión del esfuerzo, el trabajo y el talento de las mujeres en el mundo productivo repercute en el desarrollo. Solo basándonos en datos del Banco Mundial, comprobamos que el incremento en la participación de la fuerza laboral femenina entre el año 2000 y 2010 significó 30 % de la reducción de pobreza y desigualdad en el ingreso en América Latina. Si permitiéramos hoy a las mujeres comenzar negocios propios, orientados al crecimiento económico, a la misma velocidad que los hombres, estaríamos generando en el plazo de dos años más de 2 millones de empleos en Chile, más de 15 en Estados Unidos, y más de 74 millones de trabajos en China.

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Si el crecimiento económico está condicionado a que avancemos en la reducción de las brechas de género, por lo tanto, a la inclusión efectiva de las mujeres en el mercado laboral, entonces esta pasa de ser únicamente una reivindicación femenina, para convertirse en una meta país; en una fórmula ganar-ganar de todos los individuos, hombres y mujeres, que desean alcanzar un mayor desarrollo económico y social. En este contexto, esta Administración Solís Rivera viene colocando la autonomía económica de las mujeres en el centro de las políticas públicas.

Desde el Inamu, particularmente, hemos venido trabajando en acciones que permitan el cambio cultural de los estereotipos vigentes, que asignaron a las mujeres al trabajo privado y de cuido y liberaron a los hombres de esa responsabilidad, penalizando a todas las mujeres que deseamos participar de forma efectiva y plena en el mercado de trabajo; y migrar a la idea de la corresponsabilidad social del cuido.

Mucho falta por hacer en el marco de alianzas público privadas, y serán los resultados y recomendaciones de este panel internacional un motor que redoble nuestros compromisos y los del mundo para un adelanto de las mujeres y del desarrollo inclusivo.

* Alejandra Mora Mora, Ministra de la Condición de la Mujer Presidenta Ejecutiva del Inamu.



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